Hablan los hechos

La República Dominicana articula un Plan de Prevención, Respuesta y Mitigación de Desastres, que en sus aspectos símicos comienza por identificar y caracterizar las zonas de roca, para diferenciarlas de las de suelo, donde el riesgo de daños importantes es mucho mayor.

Bajo esa premisa, se coordinan acciones entre distintos estamentos para crear nuevas normativas de ordenamiento municipal, de modo que las regulaciones y supervisión sean mucho más estrictas para las construcciones que se levante en zonas de selo, es decir, de características de tierra o arcilla, con relación a las que se aplicarían en áreas rocosas.

Consultado en torno a esta necesidad, el geólogo Osiris de León explica que las evaluaciones técnicas y registros históricos demuestran que en las áreas de suelo los movimientos sísmicos se amplifican, y por tanto las edificaciones sufren mayores daños siempre que no hayan sido construidas con criterios de sismoresistencia.

Por ello, las estructuras levantadas en sectores como la Ciudad Colonial, Ciudad Nueva, Gascue, Naco, La Julia, Zona Universitaria, Serrallés, Piantini, Evaristo Morales, soportarían muy bien terremotos incluso de gran magnitud, porque están sobre rocas de buena calidad.

Incluso, edificaciones que no estén hechas con mucha fortaleza, pero ubicadas en zonas de roca, resistirían bien un sismo de cierta intensidad, a diferencia de las que estén en terrenos flexible.

Para levantar información en torno a la cuál sería la respuesta eventual de las edificaciones de las distintas ciudades ante un terremoto, el Servicio Geológico Nacional y el Ministerio de Obras Públicas han iniciado un proceso de zonificar esas urbes mediante perforaciones para ensayos de penetración estándar y medir así la velocidad de propagación de las ondas sísmicas de corte.

Lo que sigue es que esa dependencia del estado, que dirige el geólogo Santiago Muñoz, ampliará ese programa de estudios a todo el territorio nacional, a fin de que cada suelo esté especificado en función de la velocidad de expansión de la onda sísmica de corte para que se establezca si es suelo A, B, C, D o F, en función de su nivel de riesgo, de acuerdo al Reglamento R-024 y al Reglamento R-001.

Cuando se complete esa labor, en conjunto con los gobiernos municipales o alcaldías, se podrán clasificar todos los suelos de país y fijar su uso para construcción de escuelas, viviendas, hospitales, etcétera.

Esta información será vital en lo adelante, ya que normará el tipo de construcción y especificaciones que podrían emprenderse, en terrenos de arcilla flexible, arena saturada de agua o roca fuerte, que tienen necesariamente respuestas distintas frente a igual intensidad de onda sísmica.

Osiris de León apunta que ciertamente, el nivel de riesgo sísmico en la República Dominicana es considerablemente alto, y resalta que desde 1502 a la fecha, la isla de Santo domingo ha sufrido alrededor de ocho terremotos devastadores.

El primero de esos temblores destruyó las ciudades de Santiago y La Vega, en 1562, y esas mismas ciudades fueron destruidas nueva vez por el sismo de 1842.

Mientras que en 1751, la zona de Azua, en el Sur, fue devastada por otro de esos grandes terremotos con un tsunami. En 1946, le tocó a Matanzas, Nagua y el sismo del 12 de enero de 1910 destruyó la mitad de Puerto Príncipe, capital de Haití.

Ese terremoto en el lado Oeste de la isla mató a 316 mil personas, hirió a otras 350 mil, destruyó 400 mil edificios y dejó a millón y medio de personas sin hogar, por lo que constituye la catástrofe sísmica más grande que ha tenido el planeta para un sismo de magnitud 7 en la escala de Richter.

Por sus terribles consecuencias, numerosos organismos mundiales de prevención han investigado el terremoto de Haití y concluyen que su gravedad se originó fundamentalmente en la mala calidad de los terrenos donde se levantaban la mayoría de edificaciones colapsadas en la ciudad de Puerto Príncipe.

En Sentido general, el Distrito Nacional y Santo Domingo Este cuentan con terrenos urbanizados muy seguros, por ser compuestos mayormente de roca caliza coralina rígida, que no amplifica el espectro sísmico.

Sin embargo, la excepción se da en los sectores de Los Prados, San Gerónimo y La Castellana, que aunque pertenecen al Distrito Nacional, están sobre una arcilla carcarea flexible, que sí amplifica el espectro sísmico, y por tanto, el riesgo de daños de consideración ante un eventual terremoto es grande para esas áreas.

En cambio, toda la región Este: Boca Chica, San Pedro de Macorís, Higuey, La Romana, Macao, y sus polos turísticos, se benefician del mismo subsuelo rocoso que caracteriza a la Capital, y por tanto están resguardados.

No pasa igual con el Cibao; Santo Domingo Norte, en particular Villa Mella y La victoria, donde la característica es el suelo arcilloso, y por ello existe alto riesgo de daños por sismos.

Por lo tanto, es necesario insistir en que lo importante es zonificar todo el territorio nacional para que todos los sectores se pongan de acuerdo en torno al tipo de construcciones que pueden levantarse en cada área.

Con relación a las plazas comerciales, que cada vez crecen y se multiplican más en los grandes centros urbanos, es recomendable establecer y señalizar rutas de evasión ante eventos de alto riesgo de cualquier naturaleza.

Igualmente, es importante que cada centro comercial o de espectáculos masivos disponga de un personal altamente especializado en capacidad de reaccionar y orientar en forma debida ante la necesidad de evacuación y protección del público en casos de emergencias.

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