Hablan los hechos

Durante la 72° Asamblea General de las Naciones Unidas, la cual ha tenido lugar entre los días 19 al 25 de este presente mes, se vio como de costumbre el desfile de mandatarios que aprovechan la solemne ocasión para hacer oportunos llamados a la sana convivencia y la necesidad de mayores compromisos internacionales, en aras de garantizar el progreso, desarrollo y paz mundial. A su vez, este espacio también ha servido para la formulación de denuncias puntuales, que sin importar su dimensión, tienden a ajustarse a un esquema protocolar de lenguaje y tono diplomático de vasta tradición en estos menesteres.

No obstante, el actual período de sesiones de la ONU anticipaba la entrada en escena de un nuevo actor fundamental que estuvo generando grandes expectativas, por tratarse de un eslabón en torno a cuyas directrices internacionales gira gran parte de la agenda global. Nos referimos a la primera participación de Donald Trump en la Asamblea de las Naciones Unidas, en su calidad de comandante en jefe de la primera potencia del mundo, Estados Unidos.

En esencia, los detalles sobre los temas que el mandatario estadounidense abordaría en su discurso y la dirección (constructiva o beligerante) que le daría al mismo, resultó ser un asunto de amplio debate previo a su disertación. Para sorpresa de muchos, el discurso de Trump terminó desbordando las expectativas iniciales, al desvelar lo que podría tildarse de una reedición del tristemente recordado “Eje del mal”.

La palabra exacta usada por el actual presidente estadounidense sería “regímenes parias”, y con ella hizo alusión a los gobiernos de Corea del Norte, Irán, salpicando en el proceso al ejecutivo de Venezuela, del cual hizo mención en más de 8 ocasiones.

Dada la trilogía y el tono beligerante que encasilla instintivamente a las citadas naciones, numerosos analistas buscaron establecer algún tipo de paralelismo con el término acuñado por George W. Bush en el 2002.

De hecho, hay quienes toman como ejemplo un extracto del discurso de Trump, en el cual indica “Si los muchos justos no confrontan a los pocos malvados, entonces triunfará el mal”, dando la impresión de ser una especie de sugestión moral, para ganar adeptos en una cruzada contra un enemigo variado. Pero vayámosnos un poco más atrás e indaguemos sobre las razones que dieron origen al “Eje del mal”, con el que se compara actualmente el término “regímenes parias”.

Teniendo como punto de partida y fundamento los ataques terroristas de 11 de septiembre del 2001, el entonces presidente de Estados Unidos y número «43» de su historia, George W. Bush, aprovechó su primer discurso del Estado de la Unión para anunciar la ruta de acción de cero tolerancia y lucha frontal contra el terrorismo. En adhesión, el mandatario buscó oportunamente la manera de vincular a Irak, Irán y Corea del Norte, dentro de un mismo recuadro que representaba lo opuesto al orden internacional instaurado tras el fin de la Guerra Fría, capitaneado desde Washington.

Es en ese contexto que sale a relucir el término “Eje del mal”, atribuido al entonces redactor de discursos de la administración Bush, David Frum, y que tras su uso en el discurso del Estado de la Unión, generó gran tensión dentro y fuera de Estados Unidos, incluyendo resistencia al mismo, como según el propio Frum dijo que sucedió con el entonces Secretario de Estado, Colin Powell.

Cuenta Frum, que inicialmente la intención era articular dentro de una misma frase la idea de que existía una relación entre Irak y Al Qaeda, lo que podría ser potenciado mediáticamente dada la coyuntura tras los atentados a las Torres Gemelas, por lo cual pensó en la palabra “eje”, que a su vez evocaba a las potencias enemigas de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial (Alemania, Italia, Japón). De hecho, la formulación original elaborada por el término era “Eje del odio”, englobando circunstancialmente a Irán dentro del mismo, decisión que Frum atribuye a la entonces asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, a lo que posteriormente terminó por unirse Corea del Norte, formándose así la trilogía.

Como se podrá recordar, aquel discurso de George Bush y las consecuencias de tan temeraria declaración, le siguieron toda una cadena de episodios los cuales, a la par con el 11 de septiembre, terminarían por cambiar para siempre el mundo tal y como lo conocíamos. A su vez, los Estados miembros consignados bajo este término irían en aumento en los años subsiguientes, algunos para quedarse y otros temporalmente, donde en el 2005 se incluyó a Myanmar, Zimbabue, Cuba y Bielorrusia, y posteriormente a Birmania, Siria y Libia.

Dado el modo peculiar en que el presidente Donald Trump suele hilvanar estos conceptos, el término “regímenes parias” pudiera también evocar el usado por Ronald Reagan para referirse en su momento a la Unión Soviética, tildándola como “Imperio del mal”. De ser así, iría en la misma línea de otros préstamos oratorios tomados de pasadas administraciones, como fue el caso de “Ley y Orden”, acuñado en su momento por Richard Nixon.

Puede que al final las actuales comparaciones no pasen de un ejercicio analítico transitorio, lo cual vendría bien al panorama internacional actual, que ve con especial preocupación la escalada de las tensiones y el nefasto recuerdo de las acciones que siguieron a aquellas declaraciones sobre el “Eje del mal” 15 años atrás. A pesar de ello, constituye un riesgo para la reputación de Estados Unidos que su principal autoridad se pasee por toda clase de escenario, profiriendo amenazas, burlas y agravios a gobiernos extranjeros, ignorando que el rol fundamental de toda potencia es servir de estandarte y guía del orden global.

Mientras tanto, el mundo queda a la expectativa de lo que pueda suceder en la Península coreana, lo concerniente al retroceso en las relaciones con Irán y la crisis en Venezuela. Estos frentes abiertos constituyen un gran reto para tres regiones que aspiran a la estabilidad y que cuentan con actores geopolíticos de peso, por lo que la pregunta es la siguiente: estará Estados Unidos y su mandatario a la altura de seguir liderando bajo este nuevo contexto internacional?

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