Opinión

La economía dominicana, durante el primer semestre 2017, fue impactada por un escenario mundial favorable. La economía de los EE.UU, continua su proceso de recuperación, observando un crecimiento de 1.9 por ciento, aunque por debajo de lo estimado, una tasa de desempleo de 4.4 por ciento y un nivel de inflación menor en 0.8 por ciento a la estimada (2%). En ese contexto, la UE siguió mostrando signo de recuperación, lo que también propendió a un mayor flujo de inversiones, turismo y remesas.

Si bien, el proceso de recuperación de los EE.UU y la UE, revistió un escenario internacional favorable, no menos cierto que el comportamiento de los precios de los bienes primarios o de los commodity, el petróleo y sus derivados, así como el oro níquel y ferroníquel tuvo un efecto negativo, de doble vía. Primero, los precios del oro, tras los aumentos realizado por tesoro de los EE.UU, produjo una reevaluación del dólar y, a su vez, una baja en los precios del mismo, por encima de lo previsto. Y segundo, los precios del barril de petrolero mostraron una recuperación por encima de lo estimado. Teniendo en ambos casos, un efecto negativo en la cuenta corriente, la demanda de divisas y una baja significativas en los ingresos tributarios.

El precio promedio por barril fue superior fue en US$1.54 al estimado, dado que durante el semestre el promedio fue de US$50.04, lo que incrementa el valor de la factura, afecta déficit de cuenta corriente y reduce el recaudo tributario; y en consecuencia presiona el tipo de cambio y restringe los recursos que, provienen por este concepto, y que se destinan a la política social. El precio del oro en los mercados mundiales quedo por debajo de las expectativas planteadas, estimada en US$I,350, dado de que el promedio durante semestre fue inferior en US$111.52 por cada onza troy; rubro transable que representa, aproximadamente, 29 y 16%, de las exportaciones nacionales y totales, respetivamente. Sin embargo, tales perturbaciones pudieron ser mitigadas por los demás bienes transables y los flujos de divisas por concepto de turismo, remesas e inversiones extranjera directa, incluyendo donaciones.

La economía dominicana durante el primer semestre de 2017 creció 4.0 por ciento, lo que equivale a un descenso de 2.2% con relación a promedio de 6.2 por ciento durante 2013-2016 y de solo 1.10 por ciento, tomando como referencia el promedio el primer semestre que corresponde a los últimos 26 años, que va desde 1992 hasta 2016. De modo tal, que un tasa de 4%, aproximadamente, refiere la trayectoria natural de crecimiento que ha seguido la economía dominicana, siendo así, no se entiende la preocupación que han mostrado economistas y sectores empresariales, incluyendo algunas autoridades del propio gobierno, sin ponderar que durante el citado el balance global de las cuentas públicas, amplifico su proceso de fortalecimiento que, en suma, constituye la sostenibilidad, lo más importante de toda economía, al margen de que las recaudaciones crecieran 1.2% con relación a lo estimado.

El primer semestre de 2017, estuvo marcado por un comportamiento negativo del sector construcción de 19.5 por ciento, y el de minas y canteras, cuyo crecimiento también fue negativo (21.6 por ciento), teniendo también igual tendencia pero en menor media los sectores, energía y comercio, entre otros. En ese contexto, el comportamiento del producto pudiera estar influencia por diversos factores, a saber: a) cambio sustancial en la composición del gasto público; b) el doble efecto fiscal y cambiario que produjo la trayectoria negativa de los precios de los bienes primarios o commodity, entre otros aspectos.

La política de gastos, en el marco de la clasificación económica, observa una recomposición sustancial con relación al gasto de capital, asociada a que gran parte de los recursos hubo que disponer de mayor fuentes de recursos para honrar compromisos con una proporción importantes de servidores públicos orientados a la seguridad ciudadana, lo que produjo que el gasto corriente se incrementara en 37%, lo que produjo una desproporción con relación al gasto de capital, cuyo crecimiento fue negativo de 5.1 por ciento durante el periodo.

El gasto púbico, representa el tamaño del estado en la economía, por cuanto su peso específico tiene un impacto trascendente en cualquier economía, grande o pequeña, sin importar su característica. Si bien, el gasto corriente crea demanda no tiene la connotación ni el efecto multiplicador que genera la inversión pública o el gasto de capital en toda economía. En consecuencia, la caída producida en el gasto capital, en gran dimensión, explica la caída del sector construcción durante el primer semestre 2017.

La reducción sustancial del gasto de capital y la construcción en su conjunto, así como el bajo peso específico de los salarios dentro de la composición del gasto total de las empresas, pudiera estar explicando la reducción de las ventas reales, en razón de que presenta una pendiente negativa desde 20015.

Es obvio, que una reducción el tamaño del estado, medida por el gasto de capital, reduce los procesos de encadenamientos productivos, las ventas o la demanda final, lo que al final tiene doble efecto adverso. Pues genera un impacto negativo en los ingresos tributarios, dado que los contribuyentes profundizan los mecanismos de elusión y evasión, complicando el cuadro fiscal, situación que se verifica en las recaudaciones del ITBIS y el ISR, cuya evasión, según fuentes oficiales, ronda 45% y 60%, respectivamente, lo que requiere de un mayor esfuerzo de la gestión tributaria, al margen de la necesidad inminente de una reforma fiscal.

Pese, la situación un poco adversa de los commodity, cabe significar que las condiciones del sector externo fue favorable para la economía dominicana, en razón de que la economía de los EE.UU, exhibió un entorno ligeramente creciente y estable, con aumento del nivel empleo, lo que se tradujo en un mayor flujo de turistas, de inversión extranjera y remesas. Al igual, que el leve crecimiento de la UE, también favoreció la posición del sector externo.

Ante las medidas de política monetaria asumida por FED, tras la asunción del señor Trump, al gobierno de los EE.UU, relativa al aumento de las tasas de interés y la señales de recuperación, aunque lenta, de los efectos de la crisis financiera de 2007, indujo a que los inversionistas institucionales, pasaran de posiciones fijas a instrumentos de renta variables en el mercado bursátil, asumiendo transacciones financieras de mayor riesgo. Ante esa situación, en mi artículo “Fluctuaciones externas y su impacto en la economía dominicana, 2017”, publicado en enero, postule que dentro de los riesgos de la economía dominicana estaba la probabilidad de un descenso en los precios de los principales commodity, específicamente, el oro, níquel y ferroníquel.

Sin embargo, al margen de lo acontecido con los precios del oro y el petróleo, las autoridades monetarias en coordinación con la política fiscal lograron mantener la estabilidad del tipo de cambio y considerable niveles de reservas netas internacionales, que permitió al banco central la recompra anticipada, durante el mes de agosto, de los Bonos Brady, por un valor de US$324.1 millones, y asegurando un ahorro de US$79.9 millones, por descuento y pagos de intereses. Operación, que redujo el nivel de pasivo en moneda extranjera, y a la vez, disminuye la deuda externa del sector público consolidado en 0.5% del PIB. Además, el crecimiento de 4% se gesta en un entorno de estabilidad cambiaria y de tipos de interés, por cuanto el nivel de inflación se mantuvo dentro del rango 4 ±1.0%, estimado en el programa monetario, en tanto la inflación subyacente, medida a septiembre fue de solo 2.3 por ciento.

Por cuanto, si bien la economía dominicana durante 2010-216, observo un crecimiento promedio de 5.7 por ciento, asumiendo el comportamiento del primer semestre de cada año, un crecimiento de 4% durante enero-junio de 2017, se considera moderado, más aun, en el contexto de fortalecimiento muy favorable del balance financiero del Banco Central, Y el hecho de que la deuda del sector público no financiero solo representa el 30.2% del PIB, evidencia el objetivo de las autoridades en continuar fortaleciendo las cuentas públicas.

Sin embargo, el comportamiento en los niveles de ventas pone en evidencia la necesidad de una gestión tributaria más efectiva y de que el sector privado se aboque a una reestructuración del nivel de salario, de forma tal que se convierta en el elemento fundamental de la plantilla global de gastos, así como la concertación de una reforma tributaria.

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