Hablan los hechos

Para entender la dinámica de la economía dominicana desde inicio del siglo XX hay que comprender que para las tres primeras décadas del mismo, y luego de la Gran Crisis mundial, los Estados que antes pregonaban el liberalismo económico, donde sólo la oferta y la demanda, debían regular el mercado, se pasó adoptar medidas proteccionistas.

La dictadura Procuraba fortalecer económicamente al Estado y cumplir con los compromisos financieros con el exterior obligando de manera indirecta a la población a honrar esas obligaciones financieras internacionales.

Es así como Estado pasa a ser un ente regulador de la economía y donde el proteccionismo se observa en subsidios a sectores productivos nacionales con barreras arancelarias.

En ese contexto se interpreta que la depresión de 1929 trajo como consecuencias una tendencia hacia la monopolización. Pero resulta que en el caso particular de la República Dominicana, cuya economía se caracterizaba por ser esencialmente agro-exportadora, este proceso se produjo paralelamente a la formación y consolidación del aparato industrial.

Paralelamente se desarrolló una industria manufacturera cuya producción estaba destinada al mercado interno, ocupaba el 20% restante. Esta industria liviana estaba consignada al consumo domestico de alimentos, bebidas, calzados, vestidos, muebles y papel, lo que implicaba la existencia de un cierto desarrollo de la industria de materia prima como la de cemento, textiles, cuero, oro, madera y bauxita.

En tal sentido se puede interpretar que desde el inicio de la década de los 30, la economía dominicana daba señales de una transformación radical explicada por dos razones fundamentales, por un lado porque se percibía el impacto de la gran crisis de los años 30 con la gran crisis mundial, en tanto, que por el otro lado, se producía un cambio político por el ascenso en la dirección del Estado dominicano del inicio de la dictadura trujillista.

Tales acontecimientos coincidieron con el momento en que también la crisis mundial que estalló en Estados Unidos había entrado en su fase más aguda, haciendo estragos profundos en nuestro país, ya que cuya economía era absolutamente dependiente de la norteamericana. Es por tales razones que la ya instalada dictadura trujillista reorientó la economía dominicana a un modelo encaminado al control de la economía por parte del Estado, el cual desarrollaba la industria y el fomento de las exportaciones de bienes.

Bajo ese enfoque la dictadura Procuraba fortalecer económicamente al Estado y cumplir con los compromisos financieros con el exterior obligando de manera indirecta a la población a honrar esas obligaciones financieras internacionales. Pero tal situación se reforzó fruto de que el principal renglón desde donde el Estado cubría su presupuesto, los impuestos a las importaciones y exportaciones, se había desplomado.

En el plano financiero, la política de la dictadura se manifestó desde los años 30 por un deseo de autonomía respecto de los Estados Unidos.

Los finales de las décadas de los 30 y principio de los 40, afectaron la economía dominicana por el desarrollo y dimensión de la segunda guerra mundial, acontecimiento este que provocó una contracción en las exportaciones dominicana y a su vez los ingresos que percibía el país. También para conseguir más impuestos, fueron arrendados por el Gobierno, la Lotería Nacional, el Acueducto, el Ferrocarril central, fue vendido el servicio telefónico, al tiempo que el gobierno dictó varias leyes impositivas para elevar los ingresos del Estado.

Este fenómeno económico fue reforzado al lograrse, inducida por el gobierno, especializar la mano de obra en la industria a partir de política migratoria campo-ciudad, los campesinos eran incorporados al trabajo en las industrias, convirtiéndose en trabajadores asalariados. Pero resulta que esos criterios de la política migratoria no significa la desaparición de la producción agropecuaria; por el contrario, fue fortalecida por el régimen dictatorial mediante el despojo de las tierras a los campesinos y las propiedades agrarias, cuyos productos estaban destinados a la exportación, mientras que el desarrollo del mercado interno se hizo incentivando el consumo a través de medidas represivas.

El régimen de la dictadura mantuvo una política de monopolización de la industria, la banca y el comercio, pero sin afectar ni competir con los intereses de las grandes compañías de capital extranjero o nacional, convertido en sus aliados. Tales acontecimientos es lo que, según el profesor Juan Bosch, permite a la dictadura desarrollar el capitalismo, a lo que este le llamo capitalismo tardío, ya que la dinámica del capitalismo fue dilatado en relación a otros países de la región.

En el plano financiero, la política de la dictadura se manifestó desde los años 30 por un deseo de autonomía respecto de los Estados Unidos. Un elemento importante en la economía dominicana es que durante 1930 a 1947 la actividad financiera registró un dinamismo significativo, fruto de que los activos y pasivos del Citi Bank fueron convertidos en el Banco de Reservas de la República Dominicana, con el objetivo de ser depositario de los recursos del Estado y así ocultar el manejo de los mismos.

Para reunir la suma pagada para cubrir la deuda externa, el gobierno ordenó al Banco de Reservas la compra de una emisión de bonos del Estado de casi la totalidad de la suma a ser cubierta, pagaderos en 17 meses, operación que implicó la creación de nuevas cargas impositivas a los contribuyentes.

En adición, para 1947 se fundó el Banco Central de la Republica Dominicana, con función de emitir moneda nacional en billetes, hecho que tuvo gran relevancia porque ponía todo el sistema financiero, monetario y crediticio en manos del Estado. Con la creación de la moneda nacional el país logró un ahorro de recursos porque la moneda hasta entonces vigente el dólar actuaba como reserva, lo que implicaba una sobrevaluación monetaria, operación que le permitió al dictador, al hacer el cambio de moneda, realizar un magnifico negocio personal apoderándose impunemente de unos 35 millones de dólares pertenecientes al Estado.

Es en ese contexto que la tiranía impulsa el pago de la deuda externa a mediados de 1947 que ascendía en esos momentos a $9, 271,855.55 dólares, acción que le permitió la promulgación de un conjunto de leyes dirigidas a implantar el signo monetario nacional. Sin embargo, para reunir la suma pagada para cubrir la deuda externa, el gobierno ordenó al Banco de Reservas la compra de una emisión de bonos del Estado de casi la totalidad de la suma a ser cubierta, pagaderos en 17 meses, operación que implicó la creación de nuevas cargas impositivas a los contribuyentes, lo que en realidad se produjo fue un cambio de perfil de la misma, al pasar de un empréstito externo a una obligación financiera interna, el cual se convertido en un mito histórico.

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