Opinión

Eran casi las cuatro de la mañana del viernes 25 de agosto en Santo Domingo cuando Bad Bunny se apareció en el “templo de la música”. Decenas de jóvenes, muchos de ellos menores usando identidad falsa, habían estado esperando desde la noche del jueves 24. Ese día era laborable, pero no importaba, ni a los jóvenes ni a la sociedad. Llegaron a las siete de la mañana a la casa. La mayoría no fue fueron a sus escuelas, ni a sus trabajos, y lo que fueron, fue a dormir.

Estaban oyendo a ese ídolo que canta un subgénero musical llamado trap que en la jerga norteamericana refiere al sitio donde se vende droga, y cuya lírica haría sonrojar a los contertulios de un prostíbulo.

A las 7:00 de la mañana, pero de Islandia, los jóvenes estaban preparándose para ir al escuela, para irse a su trabajo o para irse a sus prácticas artísticas o deportivas.

Islandia es un país pequeño, con apenas unos 335,000 habitantes. Esta isla, que según Julio Verne, es donde está la entrada al centro de la tierra, en los últimos años ha estado en los medios de comunicación del mundo por dos cosas: El fútbol, y ligado a este, a la forma en que trata a los adolescentes.

En cuanto al fútbol, después de superar la fase de grupo de la Copa Euro donde vencieron a Turquía, la República Checa y a los Países Bajos dos veces, alcanzaron octavos de finales y lo más impresionante es que derrotaron, para llegar a cuarto de finales, al conjunto más antiguo y que ha sido campeón del mundo, Inglaterra.

El resultado de este país Vikingo no parece ser una casualidad. El lunes 9 de este mes de octubre le acaba de ganar a Kosovo y con ello se clasificó directamente a la copa mundial Rusia 2018. Torneo para el cual quedaron fuera entre otros: Holanda, Chile y Estados Unidos.

Los jóvenes islandeses están haciendo muchas actividades extracurriculares, entre las cuales el fútbol es muy importante; pero no siempre ha sido así. En una encuesta del año 1990 se verificó que más del 40% de los adolescentes de 15 y 16 años habían bebido alcohol el mes anterior, el 17% habían usado mariguana y el 25% fumaba. Las noches en las ciudades islandesas eran infernales: adolescentes ebrios, drogados y dispuestos a pelear y a causar destrozos, era lo cotidiano.

Este problema fue enfrentado en tres frentes muy concretos: 1) La familia, los padres no sólo debían dedicarle tiempo de calidad, sino mucho tiempo a compartir con sus hijos, hacer actividades juntos y saber quiénes son sus amigos. 2) Actividades extracurriculares: deportes, música y danza. Y 3) Toque de queda, se prohibió terminantemente que los jóvenes entre 13 y 16 años anden en la calle sin supervisión de un adulto, hasta las diez de la noche en invierno, y hasta las doce en verano, y se sanciona la venta de alcohol a menores de 18 años. Se formaron comités casa-escuela y se coordinó con las organizaciones comunitarias para supervisar la aplicación de estas medidas.

En el 2016 sólo un 5% de los adolescentes decía haber bebido el mes anterior, un 3% que había fumado y un 7% que había usado mariguana.

No creo que esto pueda aplicarse en el corto plazo a todo un país, pero si en municipios pequeños y medianos. Kaunas en Lituania y Bucarest en Rumania lo están aplicando con excelentes resultados. Tal vez algún municipio del país se anima y probamos la receta de Islandia.

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