Opinión

Para comprender el comportamiento del ciclo económico conviene recordar al filósofo chino Confucio (que vivió durante los años 551 – 479 antes del nacimiento de Jesucristo) cuando sentenció: “Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro”.

Las crisis son fenómenos que forman parte del desempeño de las relaciones productivas, comerciales y financiera, cuestión que siempre debe de tenerse en cuenta a la hora de analizar una coyuntura (momento) determinada del ciclo económico de un país, el cual hace referencia a las oscilaciones o vaivenes que éste suele experimentar durante un período determinado.

Los vaivenes cíclicos que periódicamente se manifiestan durante el desempeño de la economía mundial constituyen una verdad científica irrebatible, como cuando se afirma que “el sol sale por el este y se pone por el oeste”, aunque sobre este último caso su veracidad podría verse alterada si llegase a producirse una transformación física del sistema planetario.

Porque no existen verdades absolutas, sino relativas. No obstante, estamos con el recordado economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) cuando sentenció que los ciclos económicos “son inevitables”, pues en la historia de la economía mundial se han registrado momentos de recuperación, auge, recesión y depresión.

Las crisis económicas y financieras tienen una larga historia en el sistema capitalista, siendo una de las más graves la gran depresión de 1929, con la que se ha comparado la actual crisis, señalando algunos analistas que esta es peor por las dimensiones de la misma y por el volumen de capitales envueltos en ella.

Los ciclos económicos, es decir, los vaivenes, las altas y bajas en el comportamiento de la economía mundial parecían haber desaparecido del escenario internacional durante los llamados años dorados de la economía capitalista registrados durante el período (1945-1971), a tal punto que algunos analistas habían llegado a la conclusión de que la estabilidad y el auge de la economía global estaban llamadas a perdurar por los siglos de los siglos.

Pero las crisis son rupturas, acomodamiento de las fallas del terreno económico y dentro de la dinámica de la economía mundial capitalista resultan tan inevitables como recurrentes. Por eso resulta una mentira anunciar el adiós a los vaivenes del estado de ánimo del comercio, las finanzas y la producción internacionales, pasando, claro está, por los vaivenes cíclicos nacionales.

Aunque no debe extrañar que así como Francis Fukuyama, pensador norteamericano de origen japonés, escribiera su afamado artículo “El fin de la historia” (1989) donde sentenciaba que ya no habrían batallas ideológicas, también algunos economistas han pontificado sobre un supuesto adiós a las crisis mundiales.

En efecto, Guy Sorman, economista francés, es incisivo en sostener que “la economía moderna no está exenta de fluctuaciones, pero el tiempo de las grandes crisis parece haber pasado”, según refiere en su obra “La economía no miente” (2008).

Pero semejantes conclusiones no reposan en bases científicas, sino en ponderaciones subjetivas que perfectamente podrían ser desatacadas cuando en un futuro próximo sobrevengan nuevas y tormentosas turbulencias financieras en el marco de fases recesivas dentro de la dinámica fatalista de los ciclos económicos globales.

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