Opinión

En agosto de 1941, el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt y el primer ministro Británico, Winston Churchill, se reunieron en el barco USS Augusta, en el Atlántico Norte, y el 14 de ese mismo mes firmaron algunos principios comunes a los dos países, que se llamó la Carta del Atlántico.

Estos principios fueron incorporados posteriormente en la Declaración de las Naciones Unidas que en 1942 firmaron 26 estados aliados en contra del eje Italia, Alemania y Japón.

Aunque para agosto de 1941, Estados Unidos no había entrado todavía en la Segunda Guerra Mundial, ya se veía como una gran potencia económica y es por eso que una de sus aspiraciones era poder comercializar en todo el mundo, y eso se refleja en uno de los principios firmados en la Carta del Atlántico: “Esforzarse para que todos los estados, grandes y pequeños, victoriosos o vencidos tengan igual acceso al comercio y a las materias primas que les sean necesarios para su prosperidad económica”.

Para Estados Unidos el comercio internacional ha sido una prioridad: el avance en el sector manufacturero y de la tecnología lo ha puesto en los últimos 60 años en la vanguardia de la producción, pero la irrupción en el mercado de otros actores como: China, Japón, Alemania, Corea, etc. y el hecho de las alzas de los salarios internos, y el acceso mundial y generalizado a las tecnologías ha comenzado a preocupar a una parte de sus ciudadanos y a las autoridades actuales.

La retirada de los Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), las importantes diferencias con Canadá y México en torno al Tratado de Libre Comercio, y su participación destacada en los resultados negativos de la Undécima Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio celebrada del 10 al 13 de este mes de diciembre en Buenos Aires, Argentina, son manifestaciones de la opinión actual en los Estados Unidos.

Cecilia Malmstrˆm, de la Comisaría de Comercio Europeo dijo que los resultados “son muy tristes”, el director general de la OMC señaló que los resultados son “decepcionantes”, y la argentina Susane Malcorra, presidenta de la conferencia diría que el vaso estaba “casi vacío”.

Lo curioso es que, la falta de resultados se le está imputando a los Estados Unidos, país que había sido el que más había luchado, desde la Carta del Atlántico, por el libre comercio y la apertura comercial, mientras que países casi siempre más cerrados, fueron los más activos tratando de impulsar resultados liberadores.

El ministro de Comercio Chino, Zhong Shan, señaló que: “Debemos de avanzar con la globalización para hacer un mundo más abierto, más inclusivo”.

El debate sobre la relevancia de la globalización y la apertura de mercados es importante, no sólo para los grandes jugadores en el mercado, sino para nosotros que nos hemos visto obligados a participar en él, sin tener mucha incidencia, y con el impacto que esto causa en nuestras gentes y en nuestra economía.

Al doblar de la esquina tenemos la posibilidad de que muchos de nuestros productores: de pollo, cerdo, arroz, etc. se vayan a la quiebra con la entrada en lleno de las importaciones, con el inicio de la baja de los impuestos acordadas en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica.

Tal vez estas discusiones abran una brecha para que nuestros productores no perezcan y podamos mejorar nuestro nivel y calidad de vida. Debemos estar atentos y precavidos.

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