Opinión

En la actualidad en que la economía global transita por amenazas de crisis permanente e inestabilidad en el crecimiento del PIB, se incorpora el problema, para las economías, de lo elevado que está resultando el nivel de endeudamiento público.

En adición, está el hecho de la superación prudencial del nivel de déficit público, lo que sugiere que los gobiernos tengan que ejecutar una política de restricción del gasto público y ajuste presupuestario sistemático, lo que se traduce en un obstáculo a incentivar un adecuado crecimiento del PIB vía una expansión del gasto público.

La literatura económica recuerda que el producto interno bruto, PIB, se refiere al valor de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos por el trabajo y la propiedad de un país a lo largo de un periodo, generalmente un año. Esto es, la cifra que resume el valor monetario de la actividad económica de un país, de todo lo que su economía ha sido capaz de producir a lo largo de un año.

A la luz de la razón, esto significa que cuanto mayor sea esta cifra más grande y productiva será una economía, pues al final el PIB no deja de ser el total de ingresos totales que tiene un país. Ahora bien, aunque para muchos economistas la medida más exacta para calcular la riqueza real de los ciudadanos de un país es el PIB per cápita, en términos general, el PIB es usado como una medida del bienestar material de una sociedad y de la evolución económica de un país.

Desde la óptica del análisis macroeconómico de cualquier pais, la interpretación de este valor es fundamental para conocer el grado de desarrollo económico y sus tendencias, aunque sería un error sacar conclusiones absolutas como expresión del progreso y bienestar de la sociedad pura y simple. Por tales razones, para saber si una economía está en fase de crecimiento y este se está traduciendo en una mejora del bienestar de la población y, por lo tanto, de una mejora real de su mercado interno, será importante atender a otras variables que tengan en cuenta la distribución de la riqueza generada, la evolución de los diferentes sectores de la economía y la estabilidad financiera del pais.

Pero resulta que cuando una economía crece, significa que su capacidad para producir bienes y servicios se ha incrementado: un crecimiento económico positivo implica un aumento en la productividad de los factores de producción.

Por igual, el crecimiento económico también se puede interpretar como una medida del éxito de las políticas económicas ya que un elevado crecimiento económico sería un resultado deseado por las autoridades políticas y por la población de un país.

En sentido más general, el crecimiento económico se refiere al incremento de ciertos indicadores, como la producción de bienes y servicios, el mayor consumo de energía, el ahorro, la inversión, una Balanza comercial favorable, el aumento de consumo per cápita, etc.

En tal sentido, un progreso de éstos indicadores debería llevar teóricamente a un alza en los estándares de vida de la población, y es a esto que se le identifica como un crecimiento del PIB incluyente.

Hay que destacar que el crecimiento económico de un país se considera importante porque está relacionado con el PIB per cápita.

Pero tambien que uno de los factores correlacionados con el bienestar socioeconómico de un país es la relativa abundancia de bienes económicos materiales derivado del mismo.

Es importante poner de relieve que a escala planetaria la economía mundial ha tendido a crecer a lo largo de varias décadas, lo que significa que dicho crecimiento es el reflejo del crecimiento de las economías nacionales, lo que de una u otra manera ha estado vinculado con la mejora del bienestar material, como son los casos de la salud, educación y la seguridad alimentaria.

En parte puede afirmarse que ese crecimiento económico ha producido una riqueza enorme, lo que resulta inverosímil con la penosa realidad de que parte del mundo sigue con una situación de pobreza extrema, fruto de una mala distribución de la riqueza que se ha generado a lo largo de la historia.

Efectivamente, el reto económico más urgente del planeta es impulsar a que la población a escala global que sigue viviendo en una situación precaria de sobrevivencia se pueda beneficiar del crecimiento económico y escapar de pobreza.

Aunque asistimos a la era del crecimiento económico moderno, iniciado con la revolución industrial, tambien es la era de la desigualdad cuyo drama se expresa en que el mundo se encuentra dividido en 55 economías de ingresos altos, 103 países de ingresos medios y 36 países de ingresos bajos. Si se entiende como bienestar social al conjunto de factores que participan en la calidad de la vida de la persona y que hacen que su existencia posea todos aquellos elementos que dé lugar a la tranquilidad y satisfacción humana, entonces este desequilibrio entre naciones sugiere repensar el futuro del crecimiento económico global.

Sin embargo, la volatilidad de dicho crecimiento genera muchas dudas e incertidumbre en el devenir del crecimiento del PIB global.

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