Opinión

Como preámbulo a este importante tema, quiero referirme a las naciones occidentales, para exponer algunas ideas sobre la importancia de los partidos políticos en la existencia del orden democrático desarrollado en esta parte geográfica, a partir la incidencia del modelo norteamericano a nivel global.

La noción de naciones occidentales comúnmente se utiliza al referirse a un sistema de países que comparten un sistema social, cultural y económico con similitudes estructurales casi idénticas. Es bueno aclarar, que el concepto al que nos referimos, es entendido en oposición al conjunto de naciones ubicadas en la parte oriental, las que poseen tradiciones, ideas y costumbres muy diferentes a las de occidente. A pesar de que existen delimitaciones geográficas precisas –denominadas fronteras nacionales- y además de las diferencias culturales que convierten al mundo occidental en una realidad multicultural, se ha convenido denominar a Europa, América, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, como el conjunto de naciones occidentales. Es bueno precisar, que naciones como Israel y Rusia se ubican tanto en oriente como en occidente, dependiendo del contexto político en que se desenvuelven los acontecimientos.

Puede asegurarse que la cultura occidental posee normativas de separación entre religión y Estado en forma preponderante, que enfatiza el monoteísmo y se orienta sobre el régimen capitalista, como cultura económica. En ese orden, es preciso decir, que existen naciones orientales que cumplen con algunos de estos preceptos, aunque poseen culturas, es decir, tradiciones y costumbres diferentes.

El mundo occidental se ha colocado hegemónicamente sobre el mundo oriental y lo ha hecho con mayor énfasis, a partir del descubrimiento de América. Occidente, encabezado por los Estados Unidos de américa y después de la segunda guerra mundial, ha procurado cambiar la cultura de occidente y lo ha hecho con la fuerza, en forma paulatina a través del avance del tiempo. Lo que ha pasado en Irak, para solo poner un ejemplo, bastaría para afirmar que se ha desarrollado un plan de occidentalización de naciones claves del “otro lado” como una forma de dominio económico.

Ya entrando en la materia del tema, debo decir, que es de gran significación para la sociedad occidental el continuo desarrollo que ha obtenido básicamente después de la primera mitad del Siglo pasado. Este avance cualitativo ha sido logrado sobre un crecimiento económico muy desigual, pero sostenido a través del tiempo. El norte de américa progresó en lo económico en forma exponencial, rezagando por muchos decenios al resto de naciones del conjunto europeo y ni hablar de las otras regiones geográficas, en donde el desarrollo no ha avanzado lo necesario, como para convertirse en consumidores estables de los productos que exportan las naciones de mayor desarrollo y ni hablar de los déficit en las variables comerciales e industriales.

Ese crecimiento -esencialmente en América Latina- ha traído consigo múltiples y funestas consecuencias para la sustentación de la igualdad de derechos y para lograr equidad entre los diferentes sectores de las disimiles sociedades que componen el conglomerado de naciones occidentales. Sobre esta problemática de supervivencia democrática es que quiero trabajar el tema de la importancia de la formación política, como instrumento de cambio fundamental en la praxis de los partidos políticos, como fundamento a la sostenibilidad de la democracia, como régimen y doctrina política en el Siglo XXI.

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