Opinión

La transformación pronunciada, que en las últimas tres décadas ha registrado el sector financiero, explicada en una alta proporción por la desregulación, innovación y diversificación de productos financieros, ha provocado que el mercado financiero sea objeto de atención por los estudiosos de la dinámica y el impacto que éste tiene en la economía. Pero resulta que en la última década, en el sector financiero se han producido cambios profundos que se manifiestan en una transformación en su modus operandis.

Una muestra palpable de las transformaciones del sector financiero es el encogimiento geoeconómico expresado, tanto en lo comercial como en lo financiero, y que encuentra su soporte en la globalización por la que se orienta la economía. Esto ha traído consigo que se utilicen herramientas que cuantifiquen e identifiquen los efectos que esas transformaciones tienen en el mercado financiero y en la economía, el cual se cuantifica con el riesgo financiero, herramienta ésta que se ha convertido en la identificación de la potencial incertidumbre que pueda acontecer.

Aunque el interés por el manejo del riesgo financiero está asociado a lo que han sido los avances de las matemáticas y las probabilidades estadísticas, sin embargo, fue el premio Nobel de economía Harry Markowitz que desarrolló la teoría de portafolios y el análisis de la cartera de emisión.

Sin embargo, es cuando se incorporan nuevos activos, que a partir de entonces el análisis del riesgo financiero trasciende como instrumento fundamental de la economía financiera para cuantificar y predecir los riesgos que se asumen en el mercado financiero.

El riesgo financiero es tan importante en la dinámica financiera que en la actualidad se habla en todos los mercados financieros de gestión de riesgo, y múltiples medición de riesgos, que en el pasado reciente eran desconocidos e inaplicados. Esto así ya que sólo se consideraba el riesgo crediticio dentro de las entidades bancarias para medir la pérdida potencial a que estas instituciones estaban expuestas cuando al otorgar un crédito, los deudores incumplían con el compromiso asumido.

Pero es que la globalización de los mercados financieros es tan profunda y desafiante que es obligación monitorear la evolución de estos y las innovaciones sistemáticas de sus productos que invaden y se expanden por los espacios de dichos mercados. Es obvio pues que esta realidad haga de estos una vulnerabidad inimaginable llena de incertidumbre.

Desde mediados de la década de 1980, hasta la actualidad, los mercados financieros han registrado una metamorfosis que se observa con la concentración de los sistemas financieros en las economías desarrolladas auspiciadas por las fusiones y adquisiones de grandes instituciones financieras privadas.

Por igual, la generalización en la aparición de intermediarios financieros no bancarios, como los fondos de pensiones y mutuos, y el acelerado crecimiento de los activos financieros en poder de inversionistas institucionales, han multiplicado la demanda de instrumentos de diversificación de riesgos.

La ausencia de una explicación contundente acerca de la frecuencia de las crisis es una de las tareas pendientes de la teoría económica, esto así ya que las crisis tienen su origen en la dinámica del mercado y donde el precio es el catalizador activo que promueve y prolonga este fenómeno. Tal situación es fruto de que lo primero que se manifiesta en una crisis es el alza o baja de los precios de los activos que conducen inexorablemente al surgimiento de la especulación, provocando un desequilibrio entre la oferta y la demanda bajo la premisa de alzas en los precios futuros.

Aunque la historia económica y financiera mundial está llena de acontecimientos de crisis que van desde 1907, pasando por la gran depresión de los años treinta y donde en todas las décadas se ha repetido un evento de crisis, básicamente en los mercados financieros, no es hasta la década de los noventa cuando las crisis encuentran una propagación más rápida que en otros períodos. Este fenómeno está explicado en una alta proporción por el uso intensivo de la tecnología como la variable que mayor soporte ha dado a la expansión del fenómeno de la crisis y el contagio de la misma.

Como prueba irrefutable del efecto contagio en los mercados financieros es el auge inmobiliario en USA que degeneró en una burbuja en donde surgió la especulación en el precio de los activos convirtiéndose en el detonante de la explosión de la crisis financiera del 2008 en USA. Aunque ha transcurrido una década de este acontecimiento, existe la potencialidad intrínseca de los riesgos sistémicos y que arrastran los mercados financieros, haciendo que cada vez estos sean más vulnerables ante eventos de crisis, y esa es la tendencia predominante en los mercados financieros internacionales.

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