Opinión

Fue en aquel Viejo Continente Europeo, donde Juan Pablo Duarte asimiló los más nobles y brillantes ideales, fundamentados en la libertad e independencia de su pueblo.

En su recorrido por Europa, le permitió A Duarte consolidar sus pensamientos liberal y nacionalista para defender a su patria que estaba bajo el control de la dominación haitiana.

Para esa época, Duarte era un joven de 25 años de edad, tenía una visión clara de su proyecto independentista, se convirtió en un ferviente luchador revolucionario para lograr su objetivo, confrontando al sector conservador de ese tiempo, enfrentó con coraje a todo aquel que no estaba de acuerdo con la idea nacionalista.

Duarte soñó siempre con una patria libre e independiente de toda dominación extranjera, donde la patria no fuera patrimonio de nadie. Para él, su pueblo no tenía precio, debería ser siempre libre.

Por su actitud y comportamiento, fue considerado como un gran humanista, demostró que se puede luchar por la libertad de su pueblo sin lucrarse de sus recursos, defenderlo con honestidad y transparencia.

Para Juan Pablo Duarte, “La política no es una especulación; es la ciencia más pura y la más digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles”.

El 16 de julio de 1838 Juan Pablo Duarte juramentó el primer grupo de la sociedad secreta llamado “La Trinitaria”, compuesto por jóvenes que compartían las mismas ideas, para lograr la independencia.

Esos jóvenes fueron reclutados por Duarte, gozaban de una buena reputación, sus labores de reclutamiento de personas la realizaban dentro y fuera de la ciudad, con sus propios recursos económicos.

Los mismos se dividían en grupos de tres, de ahí su nombre Trinitaria.

Estos eran sus integrantes: Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina, Félix María Ruiz, José María Serra de Castro, Felipe Alfau, Juan Nepomuceno Ravelo, Benito González, Jacinto de la Concha.

En la mente de esos jóvenes quedó claro, que ellos formarían un nuevo Estado que se llamaría Republica Dominicana, el cual tendría su pabellón tricolor, en cuartos, encarnados y azules, atravesados con una cruz blanca que simboliza la pureza.

A partir de ese momento se organizaron para lograr la acción revolucionaria el 27 de febrero de 1844, según un relato del historiador Juan Daniel Balcácer en su libro, titulado: Pensamiento y Acción de los Padres de la Patria, en la página 41, “afirma que, los revolucionarios habían acordado reunirse en la Puerta de la Misericordia, que estaba completamente tapiada, actualmente ubicada en la intersección de las calles Pina y Arzobispo Portes, del sector de Ciudad Nueva, para dirigirse de inmediato hacia la Puerta del Conde, que había sido el lugar escogido para romper oficialmente los vínculos de dependencia con Haití y crear el Estado dominicano”.

Juan Daniel Balcácer sostiene, “que ante tal situación, uno de los presentes en el histórico bastión, tras comprobar que no se hallaban allí todos sus compañeros de lucha, sugirió la posibilidad de que se pospusieran los planes para cuando hubiera circunstancias favorables. Esa fama de que ante tal sugerencia escuchó un no rotundo de labios de Ramón Mella quien afirmó que ya no era posible retroceder y al tiempo exclamo, Viva la Republica Dominicana, disparo al aire el trabuco que portaba, dando así la señal convenida”.

Hoy podemos sentirnos muy orgullosos de tener una nación libre, gracias a esos hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas por esta patria, gracias Juan Pablo Duarte, gracias Ramón Matías Mella, por ese coraje, por esa fiel lealtad con tu pueblo, gracias Francisco del Rosario Sánchez, mártir de El Cercado, merecen mi respeto y tributo.

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