Opinión

El Consejo Dominicano de la Unidad Evangélica, CODUE, obispos de la Iglesia Católica, numerosos dirigentes políticos, y de la sociedad civil, se pronunciaron el Día de la Independencia Nacional contra la “migración ilegal de haitianos” que se incrementa cada vez más en todo el territorio nacional.

Es un tema tan recurrente, como la misma respuesta de autoridades responsables de aplicar las leyes para resolver la situación, con militares en las fronteras, la Dirección General de Migración en las calles, en fincas y lugares donde frecuentan los ilegales.

Los religiosos que se pronunciaron han leído tanto la palabra “hipocresía” en las biblias que utilizan diariamente, asumen la misma actitud que tuvo Jesucristo cuando le enrostraba el término a los que definía como “escribas y fariseos…”, que simulaban cumplir las sagradas escrituras, pero en realidad hacían todo lo contrario.

Se abre un aliento de esperanza con el anuncio del presidente Danilo Medina en su discurso ante el Congreso Nacional el Día de la Independencia, de que se van a adoptar nuevas medidas tecnológicas, se sumarán casi 10 mil soldados más a la vigilancia fronteriza, y refirió asimismo la culpa de los que contratan a los inmigrantes ilegales para escamotearles el pago de salarios justos.

“Voz del pueblo, voz de Dios”. La población sostiene que en República Dominicana, más que nuevas leyes en todos los renglones, lo que se requiere es hacer cumplir las ya existentes, y tendremos una sociedad con menos acusaciones de corrupción y de otros males endémicos.

Una gran paradoja brilló con lo que se habló sobre migración ilegal, precisamente el día en que se conmemoraba el inicio de las guerras que permitieron librarnos de la ocupación de nuestro territorio que por 22 años mantuvieron los haitianos, y el surgimiento de la nación dominicana.

Gran paradoja la de ese brillo empañado por la virtual tolerancia o incapacidad que ha tenido el país para manejar el trasiego de ilegales, en eventos muy parecidos a los narrados por Manuel Arturo Peña Batlle en su libro “Historia de la cuestión fronteriza Dominico-Haitiana, Colección Bibliófilos-Banreservas”, Volumen IX, sobre situaciones que se daban en el país en los años 1878, y siguientes.

En el capítulo XIV, página 225, la obra señala: “Ante los resultados cada vez más comprometedores, de la práctica seguida por algunos políticos dominicanos de solicitar ayuda de los Gobiernos haitianos para favorecer sus actividades revolucionarias, a cambio de ofrecimiento y tolerancia que comprometían la soberanía nacional y menoscababan la integridad de nuestro territorio, el Congreso Nacional, el 23 de junio de 1878, expidió la siguiente resolución:

Por razones de espacio no colocamos inextensa la resolución de referencia, que es una PROTESTA de la Cámara Legislativa “inspirada en los principios de Integridad del territorio de la República”, y en nombre de la Constitución de la República, contra lo que denomina Funesta práctica…”.

La misma resolución dispone que sea publicada en todos los pueblos del territorio nacional, de manera que la población toda fuese consciente del rechazo a las prácticas malsanas de algunos políticos y otras personalidades que se beneficiaban de la situación, pero generaban un grave peligro para la soberanía nacional.

Es bien conocido por nuestra historia, lo que también explica Peña Batlle, que nuestra nación perdió territorio que en esas circunstancias fueron ocupados por los haitianos, muchos años después de haberse consolidado nuestra naciente república, incluso luego de la Restauración en 1863.

Hoy, muchas autoridades responsables de aplicar las leyes existentes, hacen oídos sordos a los reclamos de la población para que se ponga coto a la penetración ilegal de inmigrantes haitianos al país, por lo que tenemos a las iglesias, a políticos y otros sectores organizados, enarbolando la bandera que ellos deben levantar.

Todos los jefes militares aseguran que han frenado la penetración ilegal de haitianos por la frontera, pero el territorio cada día está mas saturado de indocumentados que no han llegado por barco ni por avión. Los mecanismos son harto conocidos y hasta con testimonios audiovisuales sobre esa situación.

Pero los escribas y fariseos hipócritas, creen que engañan a la población, que sólo lamenta, y espera con impotencia que el Señor Todopoderoso meta su mano y no permita que esa situación provoque un día, un problema que todos tendríamos que lamentar.

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