Cultura

El Gagá llegó para quedarse

Cuando el culto socio-religioso Gagá llegó a la República Dominicana procedente de Haití, seguramente pocos pensaron sería para quedarse y formar parte de las tradiciones culturales de esta nación.

Pero la realidad es que echó raíces y hoy, cuando la polémica alrededor de esa manifestación cultural está en la palestra al pretender disminuir su presencia con la justificación de que alteran el orden, vale la pena revisar su trayectoria dentro del territorio dominicano.

Aquí en estas tierras se encuentra el culto, sus seguidores y todo cuanto este trae aparejado. Su tiempo de vida en esta parte de la isla le garantiza continuidad gústele a quien le guste y pésele a quien le pese.

Llegada y vida del Gagá en tierras dominicanas

El Gagá llegó a República Dominicana a través de la migración haitiana relacionada al principio con los cortes de caña por lo que se posicionó en los bateyes.

Por su propia naturaleza es dominico-haitiano, no solo porque una parte de sus integrantes son dominicanos y el batey es una comunidad integrada por pobladores de ambas nacionalidades, sino también por el hecho de que los naturales de esta tierra practicantes, adquieren los mismos compromisos de los haitianos.

Incluye una serie de ceremonias y actividades que son más conocidas y vistosas en tiempos de cuaresma y Semana Santa, también hace presencia en los carnavales dominicanos.

Mayores, reinas, músicos, presidente, padrinos y bailadores, personajes propios del rito haitiano-dominicano van ataviados con prendas coloridas.

La música, procedente de instrumentos artesanales de percusión y viento, marca la pauta en todos los rituales y recorridos donde ellos participan.

Según estudiosos del tema, todas sus ceremonias se hacen Biblia en mano, rezando oraciones como el Ave María o el Padre Nuestro y se le rinde especial devoción a la Virgen de la Altagracia, madre espiritual de los dominicanos.

En los rituales algunos de sus protagonistas llegan al trance, gracias en parte a la ingesta de ron, cuestión esta que anima a los asistentes a caminar por el fuego, o a jugar y golpearse con afilados machetes entre baile y baile.

La Semana Santa es el colofón de sus fiestas. Las celebraciones comienzan el jueves Santo a la medianoche con el bautizo de la vestimenta que usarán los mayores y las reinas, y concluye el Domingo de Resurrección.

Esto es así porque en la época de la esclavitud, solo se les permitía salir en Semana Santa a hacer sus fiestas, por lo que centraban todas sus actividades en ese momento, explicó la folclorista Xiomara Fortuna.

Diversas fuentes consultadas por Prensa Latina señalan que el Gagá es organizado por una cofradía o un Rey individual, y su esencia es básicamente dual: carnavalesca y religiosa.

Cuando los grupos salen a las calles van comandados por un jefe espiritual, el Rey o dueño y la Reyna quien baila permanentemente, razón por la cual ha de ser una jovencita y los secundan los músicos y treinta acompañantes que son miembros comunes.

La Reina debe comprometerse a participar, de tres a siete años consecutivos, pero esto es muy difícil de cumplir por la movilidad de la familia moderna, por ello, las reinas no duran más de dos o tres temporadas.

El Rey o jefe del Gagá es por lo general una personalidad y no puede bailar mucho por la edad, eso hace que el acompañante de la Reina sea un hombre joven.

El jefe espiritual marcha -escoba en manos-, limpiando los caminos y alejando los malos espíritus (no olvidemos que es una fiesta mágico-religiosa) y será él quien se encuentre con el jefe del grupo que viene en dirección contraria.

Expertos manifiestan que cuando dos grupos se encuentran, pueden suceder dos cosas, o los jefes espirituales conversan e intercambian oraciones, resguardos y maldiciones para finalmente terminar de amigos o se pelean porque no les interesa la unificación.

Pero todos coinciden en que generalmente ocurre lo primero y las peleas aunque han existido, no son frecuentes.

La unión de los grupos hace se fortalezcan y crezcan, tienen más de una reina, de jefes espirituales, más músicos y bailarines y desde luego, doble el alcohol que no falta en esas celebraciones.

Una vez juntos marcharán por el rumbo decidido entre ellos y regresarán a sus puntos de salidas donde terminarán la fiesta.

Diversas formas del culto

Desde sus primeras manifestaciones, el culto se ha desarrollado a pesar del declive de la industria azucarera y existen modalidades que no están vinculadas precisamente al azúcar, aunque como dice Fortuna, donde hay un batey hay Gagá.

Existe un rito más dramatizado y teatral que es el practicado en la fronteriza provincia de Elías Piña y otro en Polo, provincia de Barahona, el cual agrega a los rituales la Máscara del diablo y a Dambala como personaje y dios principal.

De esta forma y mediante la cultura que viene de sus ancestros, es como haitianos y dominicanos sobrevivieron de época en época compartiendo miserias en los bateyes, e intercambiando idioma, costumbres, música, valores y hasta familia.

Por eso cuando se hable de este culto no debe considerarse como algo absolutamente haitiano en esta nación, aunque si es notoria su presencia y fue la raíz nutricia, sino como una expresión cultural que con los años cobró cuerpo y forma parte de la rica cultura dominicana.

Los conflictos surgidos o las polémicas generadas por el Gagá, deben atenderse como ocurre con diversas manifestaciones pero sin obviar que se está frente a una manifestación de la cultura tan haitiana como dominicana.

*Corresponsal Jefe de Prensa Latina en la República Dominicana (Edilberto F. Méndez de PL)

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