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Luto en Ecuador, crimen organizado cobró tres vidas

Un hecho sin precedentes mantiene consternado a todo Ecuador, de luto tras el asesinato de tres compatriotas, trabajadores del diario El Comercio, secuestrados y ultimados por grupos delincuenciales que operan en la frontera con Colombia.

La agonía del país andino comenzó el 26 de marzo último, cuando el equipo formado por el periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el chofer Efraín Segarra, salieron a cumplir sus labores en la parroquia Mataje y no regresaron a sus hogares.

El Frente Oliver Sinisterra, del exguerrillero de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo alias Guacho, fue responsabilizado por la retención de los comunicadores.

A ese mismo grupo se le atribuyen los hechos violentos registrados en Esmeraldas, provincia limítrofe, desde el 27 de enero último, donde las autoridades locales reforzaron acciones de seguridad y control para frenar la delincuencia organizada y en especial el narcotráfico, que procedente del país vecino, afecta a la zona.

La captura de los tres ecuatorianos fue parte de la reacción de las organizaciones criminales con operaciones en la zona, a la cruzada nacional.

Así lo hicieron saber los Ministerios de Defensa e Interior y el presidente de la República, Lenín Moreno, quienes desde el inicio se comprometieron a no escatimar esfuerzos para lograr la liberación de los retenidos, sin bajar la guardia en la lucha contra el crimen transnacional.

Pasaron 19 días del secuestro hasta que los asesinatos fueron confirmados, el 13 de abril, por el mandatario, quien viajó el día anterior a Lima, Perú, para asistir a la VIII Cumbre de las Américas, pero debió interrumpir la visita tras la difusión de imágenes que mostraban al equipo de prensa muerto.

A su retorno al país Moreno concedió 12 horas a los captores para presentar pruebas de vida de los ecuatorianos, pero cumplido el plazo y sin obtener respuestas confirmó, en cadena nacional, lo que muchos temían desde días anteriores.

La noticia de la muerte de los comunicadores desató sentimientos de dolor, temor e ira, no solo entre los trabajadores de los medios de comunicación, sino en la población en general, cuyas mayores reacciones fueron responsabilizar al ejecutivo de no haber hecho lo necesario para la liberación.

Pocos días antes, en rueda de prensa conjunta, cancillería y los Ministerios de Defensa e Interior revelaron que no había negociaciones con los secuestradores, sino operaciones policiales para lograr el retorno del equipo plagiado, sano y salvo.

Mientras, la Plaza Grande, frente a la sede de la presidencia de la República, y las redes sociales, se convirtieron en los bastiones escogidos por la ciudadanía para expresar solidaridad con las víctimas y sus familiares, y demandar mayor actividad por parte del gobierno a fin de lograr el rescate.

Por más de dos semanas fue en aumento la presencia de personas en la Plaza, que pedían por las vidas de los trabajadores de El Comercio.

Tras anunciar sus muertes, el gobierno nacional determinó acciones que incluyeron solicitar al Consejo de Seguridad Pública y del Estado levantar la reserva de información, para dar a conocer al pueblo detalles de las acciones implementadas a fin de intentar rescatar con vida a los compatriotas.

El plan comprendió el reinicio de operaciones militares y policiales en la franja fronteriza, que estaban suspendidas, así como el despliegue de unidades elite de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional al territorio del secuestro.

Crear una jurisdicción especializada en crimen organizado, con sede en Quito para garantizar la seguridad de fiscales y jueces, e incluir al narcoterrorista alias Guacho en la lista de más buscados de Ecuador, además de ofrecer una recompensa de 100 mil dólares por información que conduzca a su captura en cualquiera de las dos naciones, fueron otras de las determinaciones.

El ejecutivo también declaró zona de seguridad el área de frontera, para incrementar controles militares y policiales, sobre todo en las carreteras y por solicitud de Quito, el ministro de defensa y los altos mandos militares colombianos coordinaron, desde este país, el inicio de acciones conjuntas en zonas fronterizas.

Los esfuerzos se concentran ahora en el proceso de repatriación de los cuerpos, para lo cual suscribieron un documento el Ministerio del Interior y el Comité Internacional de la Cruz Roja.

“Estamos de luto, pero no nos vamos a dejar amedrentar. Hoy más que nunca pido el país la unidad por la paz”, pidió el dignatario, quien advirtió de posibles errores en las operaciones desplegadas para rescatar sanos y salvos a los secuestrados.

Mientras, en la ciudadanía las opiniones son encontradas y mientras unos estiman adecuadas las decisiones y los pasos dados por la administración nacional, otros consideran que se pudo hacer más.

Abril de 2018 quedará en la historia de Ecuador como un mes en el cual el país vivió algo inédito, la pérdida de tres de sus hijos en circunstancias nunca antes vistas en esta nación andina, cuyas autoridades insisten en describirla como un territorio de paz.

“Nos faltan tres” fue el lema con el que el pueblo intentó recuperar a sus hermanos, y hoy “Nos quitaron tres” es una de las consignas con la cual rinden tributo a las víctimas.

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