Hablan los hechos

La compleja migración mundial y el caso haitiano

Las sugerencias y soluciones planteadas por los países más poderosos del mundo, respecto a la problemática migratoria no han arrojado buenos resultados a lo largo de la historia. De hecho, muchos analistas entienden que la acogida de un número determinado de emigrantes de los países más pobres planeta hacia los más ricos se da en varios contextos, en un mundo convulso, tal es el caso de Medio Oriente donde sus ciudadanos salen despavoridos huyendo a los ataques implacables de las naciones más poderosas, en una lucha voraz por el poder. Y en el que se le han calificado de hipócritas a los países como Europa cuando deciden acoger a un número determinado de emigrantes, los cuales en ese caso más que un problema para esas naciones, representa una solución, por la falta de mano de obra, ante una población que es cada vez más envejecida.

En este caso, quienes huyen, lo hacen por la necesidad de buscar amparo, un lugar que les garantice ese el anhelo de paz y seguridad.

A pesar de la acogida de miles y hasta millones de emigrantes, los países de donde proceden siguen sumidos en la pobreza y por tanto miles de millones de personas viven con menos de dos dólares diarios, una cifra que supera los dos billones de la población mundial según las Naciones Unidas.

República Dominicana viene padeciendo una situación migratoria que de no enfrentarse con determinación pudiera tornarse inmanejable.

Una de las personalidades de la vida política dominicana que más atención le ha prestado al tema migratorio haitiano es Pelegrín Castillo, quien advierte que la migración haitiana hacia territorio dominicano no sólo es masiva, ilegal y descontrolada, sino que constituye un problema grave y complejo de carácter geopolítico internacional, que además pretende proteger presuntos derechos de personas en detrimento de los ciudadanos dominicanos.

El abogado y dirigente político, quien ha manejado el tema en foros internacionales, fija su posición al respecto, durante una entrevista concertada por el periodista Roberto Claudio, de VANGUARDIA DEL PUEBLO Digital, que se transcribe a continuación:

RC.- Hay tratadistas de las migraciones que se han registrado a nivel mundial, que estiman que recibiendo emigrantes de las naciones pobres, no se resuelven los problemas de tales países, aunque emigren 200 mil allí, 500 mil aquí, un millón a otra parte… ¿Qué estima usted?

PC.- Las migraciones legales, controladas y graduales, en función de las necesidades e intereses de las Naciones han sido muy importantes para su desarrollo. Como he dicho muchas veces ese ha sido el caso de RD. Sin embargo, en el contexto de la situación de la isla, debo advertir que los procesos migratorios se están manipulando en contra de la nación dominicana y sus posibilidades.

Hace más de 20 años denunciábamos que se estaba imponiendo un esquema económico perverso, enraizado en una visión rentista de los negocios, que basa la competitividad en la sobreexplotación de mano de obra barata: (recordemos que los salarios reales de los dominicanos están anclados en los principios de los 90s) Por tanto, ese modelo tiende a expulsar a los dominicanos al exterior y a atraer a los haitianos depauperados. El balance es negativo para los dominicanos aunque minorías privilegiadas han sido las grandes ganadoras.

Aprovechando ese esquema, desde centros de poder mundial se estimula una especie de intercambio de migraciones: recuerdo un informe de una comisión del Parlamento Europeo en 1999 que plateaba en forma ligera y racista ese intercambio -haitianos aquí y dominicanos a España- con el pretendido propósito de evitar choques explosivos de poblaciones. Si nos fijamos en la liberalidad con que se otorgan visas de residencias a dominicanos desde USA confirmaremos esa línea. El embajador Brewster se despidió celebrando que solo Méjico recibe más visas que RD en todo el continente. ¿De qué vale hacer esfuerzos por educar a nuestro recurso humano? ¿Para que emigren con mayor calificación laboral?

RC.- ¿Cuál es su opinión sobre lo que ha de hacerse para resolver esta situación?

PC.- Es un error creer y afirmar que tenemos problemas migratorios. Eso que vemos con preocupación y alarma como grave problema migratorio es en realidad manifestación de un problema mayor, más complejo, de carácter geopolítico e internacional. Haití es un Estado Fallido, y eso tiene implicaciones muy serias en todos los órdenes. Eso es algo que todos los actores aceptan en privado, pero no actúan en consecuencia.

República Dominicana a pesar de sus notables logros, es un estado débil, vulnerable y dependiente.

Frente a ambas naciones, la comunidad internacional, en especial, las potencias más concernidas en las relaciones insulares, han asumido actitudes irresponsables, cínicas o manipuladoras, que han generado una dinámica perniciosa, que amenaza la paz y estabilidad en la región. No rescatan a Haití de su situación de colapso y postración, que es lo que procedería al través de un proceso de reconstrucción serio y sostenido; y en cambio, nos desestabilizan a nosotros.

Históricamente, RD ha crecido con las migraciones, es una de sus mayores riquezas, las ha integrado en un proceso de amalgama, de mezcla étnico cultural, pero lo que viene sucediendo en la Isla -que empezó hace tiempo, pero que se ha agravado en los últimos años- puede calificarse de un grave crimen internacional: es éxodo o traslado masivo de poblaciones y ocupación, para implantar la fórmula de “la solución dominicana” a los problemas de Haití.

Si pasamos balance a lo que ha sido la acción internacional en Haití en los últimos 30 años, se puede comprobar que la misma a perseguido 3 objetivos fundamentales: que los haitianos no emigren por mar hacia Estados Unidos, los dominios ingleses, el CARICON y los territorios de ultramar de Francia; mantener un orden público mínimo con gobiernos haitianos de apariencia democrática, pero incapaces de reconstruir su país; y sobre presionar y condicionar a las clases dirigentes de República Dominicana para que esta asuma el rol de Estado Pivote y zona de amortiguamiento, de buffering, en la gestión de la crisis haitiana.

Lamentablemente, las clases dirigentes dominicanas se fueron acomodando, con posturas complacientes, a ese rol sin medir las consecuencias ni fijar límites de la cooperación en esa crisis geopolítica internacional compleja y difícil. Con el tiempo Haití y los haitianos se han convertido en “la moneda de cambio” en las negociaciones de sus intereses sectoriales o particulares con los poderes internacionales o extranjeros.

Algunos han asumido incluso la absurda pretensión de poder ejercer tutela o hegemonía sobre Haití. Mientras tanto, los dirigentes haitianos han sido coherentes siguiendo la recomendación V del informe de ONU de 1949 “de fomentar la emigración masiva de familias enteras de forma permanente hacía otras zonas del Caribe menos pobladas”, en violación al convenio de Washington de 1938 y su Modo Operandi.

Se quiere rematar esa estrategia con la imposición desde el exterior de una minoría nacional haitiana con poder político que mediatice o liquide la independencia de RD: por eso la batalla en defensa de la nacionalidad es vital, decisiva.

RC.- Sobre la actitud de la CIDH de presionar a República Dominicana por la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, y la ley 169-14. ¿Qué posición tiene usted?

PC.- Nada de lo que está pasando nos sorprende. La CIDH y la Corte son instrumentos empleados desde hace años para acosar y chantajear a RD. Ya en 1999 fui testigo de eso, en la primera audiencia del primer caso, donde presentaron un documental infame contra el país acusándola de ser “el Apartheid del Caribe”, para apoyar la Actio Populari en la que demandaban prohibirle repatriar a cualquier nacional de Haití sin importar su estatus migratorio, alegando que carecía de capacidad de ejercer controles migratorios respetando los derechos humanos.

Ahora, han producido una agresión más grave a la Soberanía que la convalidación de la OEA a intervención de USA en 1965: no respetan las decisiones de los poderes públicos de RD en materia de nacionalidad y le ordenan cambiarlas. Esas acciones legales son los pretextos que servirían para ser sancionados o aislados, o peor aún, para crear las condiciones de una nueva intervención. Es un plan criminal muy sutil, de alta inteligencia, y así lo hemos denunciado.

Hay asuntos en los que no puede haber ambigüedades, en los que no se puede transigir, en los que hay que saber decir ¡NO!.

RC.- ¿Qué le parecen las últimas medidas adoptadas por el gobierno para frenar la migración en la frontera?

PC.- Son una primera reacción a las demandas del pueblo, pero tímidas, insuficientes, limitadas, y serán contraproducentes si no son seguidas de acciones contundentes. Personalmente, creo que solo un Muro o Valla con 4 pasos fronterizos, construidos por Petición Popular sería la mejor respuesta: no solo por la infraestructura físico tecnológica, sino por el poderoso mensaje que enviaría al mundo de que no hay solución dominicana a los problemas de Haití, que los dominicanos exigimos como nación una solución internacional a los problemas de Haití en Haití, dentro de un esquema de corresponsabilidad, en el cual seríamos los mejores aliados en función de nuestros propios intereses nacionales.

La mayor prioridad es convertir la frontera en una zona de desarrollo nacional, y que quede integrada en el eje norte sur y en la dinámica de una economía dominicana redimensionada. Si su dinamismo se proyecta hacia Haití será muy positivo, pero su marcha no debe depender de acuerdos con Haití o con lo que decida hacer la Comunidad Internacional. En estos temas todos los actores políticos y no políticos tienen responsabilidades, en mayor o menor medida, pero no se trata de encontrar culpables, sino de reflexionar y rectificar para construir las fórmulas de solución por medio de políticas de Estado.

RC.- Y sobre lo que ha decidido Brasil sobre la Migración haitiana, ¿cuál es su parecer? ¿Cree que ayudará a resolver el problema de Haití?

PC.- Todas las potencias mundiales y regionales saben perfectamente la realidad extrema, desesperada de Haití. Ya Senegal había ofrecido algo mejor. Ojalá sea una iniciativa amplia, generosa, compartida, sin embargo, solo sería un alivio, una válvula de escape. Para hablar de solución es necesario pensar en grande: Haití es una nación emblemática, con mucha proyección histórica, y merece que se hagan esfuerzos serios de reconstrucción de sus bases nacionales que estaban destruidas mucho antes del terremoto del 2010. Un país así, que perdió la guerra contra la pobreza, debe ser levantado entre todos, con los haitianos como actores preferentemente, y a veces, a pesar de muchos de sus líderes.

RC.- ¿Podría tener esta actitud brasileña alguna similitud de fondo con el puente de Cuba a EE.UU., en el caso de los llamados “marielitos”?

PC.- Tenemos que analizarla con cuidado, porque no podemos aceptar la tesis de que es en favor de los desnacionalizados. Aquí lo qué hay es un problema de indocumentación por la negativa de Haití de reconocer y asumir a sus nacionales, en una estrategia inaceptable de descargar su población y sus problemas sobre sus vecinos, en especial, sobre República Dominicana. Actúan bajo la premisa errónea de que todo se le debe y que no tienen nada que perder.

RC.- Sobre la posición de los sacerdotes en el Sermón de las Siete Palabras, en Semana Santa, donde arremetieron contra quienes reclaman el control de la migración ilegal, ¿Qué opina?

PC.- Creo que no es justa, ni prudente, ni equilibrada. Es lamentable que desde el púlpito se confunda o desoriente a una población que está viendo un éxodo masivo, que se escala en forma vertiginosa y que en muchas partes está generando tensiones peligrosas. Es necesario que no ignoren que hay actores locales e internacionales, construyendo escenarios de conflictos reales y supuestos, para facilitar sus planes de imponer la solución dominicana a los problemas de Haití.

“De buenas intenciones están empedrados los caminos del infierno”, reza una sentencia muy sabia, que nos advierte sobre los peligros del “buenísmo”, de creer que “el fin justifica los medios”; de que basta con cambiar la percepción de la realidad.

A esos sacerdotes los remito a la carta que le envié al Papa Francisco en el 2015 que tiene más vigencia que nunca antes. A ellos y a otros más les recuerdo que el mensaje universal de acoger al inmigrante debe ser adaptado a las realidades nacionales y locales, y que por tanto, pretender que la República Dominicana asuma más compromisos que los que ya ha asumido resolviendo los problemas de Haití, solo traerá muchos males en un futuro no muy lejano, de no revertir las tendencias.

Los invitamos a trabajar juntos por la verdad, la paz y la justicia como fundamentos de la convivencia de los dos pueblos emblemáticos que coexisten en esta Isla de Santo Domingo. No puede protegerse los derechos de las personas destruyendo el derecho de las naciones, sin crear problemas mayores, con efectos trágicos.

RC.- ¿Cree usted que pueden haber disposiciones superiores que generaron la posición de los sacerdotes?

PC.- Eso se sabrá cuando la Conferencia del Episcopado fije una posición sobre el tema. En la última reflexión sobre los problemas nacionales fue notorio el silencio sobre el particular. Recordemos que la Iglesia Católica dominicana está viviendo un momento de transición, después de una larga etapa donde teníamos una figura señera como el Cardenal López Rodríguez, que encarnó la tradición de una iglesia vinculada a las causas nacionales, en la línea del Arzobispo Meriño y el Padre Castellanos.

Además, la Iglesia bajo el pontificado del Papa Francisco ha acentuado el mensaje universal a la acogida al inmigrante como una bendición. Sin embargo, eso no releva a las iglesias locales del deber de contextualizarlo: creo que la CED (Conferencia del Episcopado Dominicano) haría un aporte extraordinario si trabaja junto a la mayoría de los dominicanos procurando una solución internacional justa y solidaria, a los problemas de Haití en Haití, y nunca a expensas del pueblo dominicano.

Y sobre todo si logramos que el Papa y los líderes espirituales y morales del mundo se conviertan en los defensores del pueblo dominicano y del pueblo haitiano. Hay una deuda que pagar con Haití, muchos en América y Europa tienen un cargo de conciencia, pero sería el colmo de los colmos que la salden sacrificando a los dominicanos, algo que nunca aceptaremos sin que, como dijo Duarte, “se hunda la isla”.

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