Opinión

En la migración haitiana hay elementos tan claros, como es absurdo que se pretenda obviar por qué algunos organismos quieren que sea nuestro país el que asuma por si sólo, una responsabilidad que corresponde a toda la comunidad internacional, como bien explicara en su momento el profesor Juan Bosch.

Ellos son: el descontrol de la cantidad de haitianos en República Dominicana, y el hecho de que la inmensa mayoría está en flagrante violación a nuestras leyes migratorias.

Pero es tanta la presión sicológica, internacional y de otra índole para que esta nación sea el “burrito de carga” de esa sociedad, que a veces dan lugar a suspicacias determinadas actitudes de naciones, de diplomáticos o instituciones llamadas a ser equilibradas y respetuosas de la soberanía de los pueblos.

Por esa razón entendemos que no es exagerado advertir a nuestra población sobre la necesidad de mantener extrema prudencia en el manejo de esta problemática, porque cualquier situación podría ser utilizada como pretexto por quienes nos han hostigado en ese sentido, para cumplir designios en gran medida perjudiciales para el país.

La inquietud viene a colación, por el caso registrado en la ciudad fronteriza de Pedernales, en donde tres haitianos asesinaron a una pareja de esposos dominicanos en su propia residencia, para robarle, y huyeron a su país, donde uno está detenido, pero no se ha podido conseguir que las autoridades haitianas lo entreguen para que sea juzgado donde cometieron los hechos.

Hubo protestas de los lugareños, y hasta pidieron la salida de allí de los haitianos que negocian y residen en Pedernales, además de que no se ha permitido operar un mercado binacional que se monta periódicamente.

El tema permanece en la palestra, y en Washington, la señora que ha sido anunciada para venir como embajadora de los Estados Unidos aquí, hace una declaración que provoca disgusto en diversos sectores de nuestra población, incluyendo el Congreso donde debe ser aceptada su designación.

Se podría tejer un rosario con los hechos que evidencian la parcialidad de ciertas instituciones internacionales, cuando se trata de temas entre Haití y República Dominicana. Siempre se inclinan a favorecer la parte oeste de la isla, aunque nosotros desde aquí mantenemos en alto la política del buen vecino.

Pero con el problema de la migración, aquellos que propician la unificación en una sola nación tienen muchos años manipulando situaciones y circunstancias que puedan favorecer sus propósitos, y por eso el desaforado esfuerzo porque se permitan aquí todos los haitianos posibles, sin importar que violen nuestras leyes. Mientras están de este lado de la isla, para sus anhelos, los auspiciadores tienen ganancia de causa.

Como nuestro país no ha alcanzado a plenitud la independencia que soñó el Padre de la Patria, debemos manejarnos con mucho cuidado. Ya ni siquiera se oculta el chantaje, cuando con frecuencia se alega que nuestra población les recibe ayudas con alegría, pero argumentamos intromisión en nuestros asuntos internos cuando ellos se pasan de la raya.

Sin embargo, abrirles a los haitianos un puente como ocurrió con los cubanos en el famoso caso de “los marielitos”, no es algo que les complazca para nada, sino todo lo contrario

El pueblo dominicano tiene que permanecer firme en su convicción de que como nación, no resistimos cargar con los malestares del pueblo haitiano más allá de lo que siempre le hemos brindado.

La comunidad internacional tiene que buscar otra salida, si realmente procura ayudar al vecino país a salir hacia adelante.

Pero si no tenemos cuidado en manejar la situación, más temprano que tarde se habrá montado una trampa, en la que nos podríamos ver atrapados, para tratar de justificar lo que quieren hacer.

Es mi consideración, aunque quisiera estar equivocado.

Recibimos a los haitianos en nuestro territorio sin odio, sin rencor, con el mejor deseo de mantener la reciprocidad que nos debemos, pero en el marco de las leyes vigentes en el país, las que también tenemos que cumplir todos los ciudadanos que aquí estamos, dominicanos o no.

No apoyamos ninguna migración descontrolada, como no la soporta Estados Unidos, Inglaterra ni ninguna otra nación del mundo. Nadie acepta que vengan de fuera a imponer el desorden en su casa.

Y quienes desean que aceptemos una migración ilegal y descontrolada, no están de acuerdo con que suceda lo mismo en sus propios países.

¿Y entonces…?.

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