Opinión

El premio Nobel de la Paz se entrega el 10 de noviembre de todos los años en conmemoración de la muerte de Alfred Nobel, el inventor e industrial sueco que lego su fortuna a los premios que llevan su nombre y que también reconoce logros en diversas áreas del conocimiento.

En algunos casos, las decisiones del comité que otorga los premios Nobel de la Paz han sido muy controversiales. Tales son los casos de Henry Kissinger, exsecretario de Estado de Richard Nixon o el más reciente caso de Barack Obama. Lo controversial obedece a que las personas mencionadas no realizaron ningún esfuerzo significativo por promover la paz en el mundo.

Es cierto que ha habido nominaciones al Nobel de la Paz muy merecidas, como la elección de Rigoberta Menchu dirigente de los indígenas de Guatemala por su trabajo en pro de los pueblos originarios y de la reconciliación étnico cultural basado en el derecho a los derechos humanos.

O el caso de Adolfo Pérez Esquivel, activista de los Derechos Humanos de nacionalidad argentina por su compromiso con la defensa de la Democracia y los Derechos Humanos por medios no-violentos frente a las dictaduras militares en América Latina. Dos casos donde la selección no pudo ser más apropiada. En los casos de Kissinger y Obama, la permanente vocación de guerra y pentagonista de los gobiernos norteamericanos los descalifica de entrada.

¿Es la selección de Lenin como candidato a Nobel de la Paz una aberración, un desatino, o sencillamente una expresión del más alto nivel de fanatismo? Examinemos, en primer lugar, lo que establecen las bases para otorgar el Premio Nobel de la Paz. El premio debe ser entregado a “la persona que haya hecho el mejor o mayor trabajo a favor de la fraternidad entre las naciones, la supresión o reducción de los ejércitos o en la participación y promoción de los de congresos de derechos humanos en el año inmediatamente anterior.”

Este requisito se cumple en el caso de Vladimir Ilich Lenin, el fundador de la Unión Soviética. Desde luego, es necesario ilustrar con datos históricos las razones por las cuales consideramos a Lenin como candidato al Nobel de la Paz.

En la Rusia zarista, en los albores de la Primera Guerra Mundial, las condiciones para una nueva revolución estaban dadas. Estas condiciones hubieran permitido a la facción del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso conocida como el ala mayoritaria o bolchevique, palabra que viene del ruso bolchetsvo que significa mayoría asumir el poder político. Sin embargo, la posibilidad de una victoria revolucionaria fue alterada por el inicio de las hostilidades de la Primer Guerra Mundial, acontecimiento que sorprendió a Lenin en Suiza.

La traición de la Segunda Internacional socialista en 1914, al apoyar los créditos que hicieron posible el inicio de la guerra en los países más avanzados de Europa como Inglaterra, Alemania y Francia, permitió que se intensificaran los esfuerzos bélicos de dichas potencias imperialistas.

En el exilio, Lenin hizo contacto con una docena de militantes políticos del ala izquierda de la Segunda Internacional. En 1915, en la conferencia de los socialistas internacionalistas de la Zimmerwald, Lenin se burlaba diciendo que todos los internacionalistas del mundo cabían en dos carruajes.

Durante la reunión con los jóvenes socialistas suizos en enero de 1917, Lenin profetizo de que probablemente no vería la revolución socialista. En apenas algunas semanas, todo cambio. El zar fue derrocado e instaurada la republica burguesa de Alexander Kerensky y, en el curso de ese mismo año, triunfaba la Revolución de Octubre, que inauguraba en Europa, el ciclo de las revoluciones socialistas del siglo XX.

La primera guerra mundial comenzó en 1914 y, a pesar de que el pretexto esgrimido fue el asesinato del Príncipe de Sarajevo, lo cierto es que este fenómeno bélico fue resultado de las contradicciones entre Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania en su interés de repartirse nuevas zonas de influencia que le permitieran expandir los mercados para sus productos.

“En realidad-afirmaba Lenin- cualquiera que sea el resultado de la guerra, esta burguesía (la alemana, L.S) junto a los Junkers, ejercerá un gran esfuerzo para apoyar la monarquía zarista contra la revolución en Rusia. Las otras naciones beligerantes están encabezadas por la burguesía británica y francesa, la cual engaña a la clase trabajadora y sus masas trabajadoras afirmando que está librando una guerra por la defensa de su tierra nativa, la libertad y la civilización contra el militarismo y despotismo germano”.

En el fondo del enfrentamiento entre estas naciones imperialistas, estaba el interés de la burguesía británica y francesa de capturar las colonias alemanas y arruinar a Alemania, nación que mostraba un creciente protagonismo económico en la Europa de 1914. Y en la búsqueda de este objetivo, satirizaba Lenin: “las avanzadas naciones democráticas están ayudando a salvaje régimen zarista a estrangular Polonia y Ucrania y destruir la revolución en Rusia de una manera más completa”.

La Rusia zarista, era, en sí misma, una nación imperialista con un ejército poderoso. Sin embargo, sin llegar a ser un país de capitalismo tardío como la sociedad dominicana de la época, era un país capitalista atrasado en comparación a las demás potencias beligerantes. Se expresaba en ese país lo que se ha llamado la ley del desarrollo desigual y combinado: grandes centros industriales en Moscú, San Petersburgo, los Urales, entre otros, producto de la inversión de capitales ingleses, franceses y alemanes y una inmensa cantidad de campesinos sumidos en una atrasada sociedad feudal.

La burguesía rusa estaba conectada a través de múltiples vasos comunicantes con sus colegas de Francia, Inglaterra, Alemania y los Estados Unidos. Como era de esperarse, esta burguesía se integró a la Primera Guerra Mundial con la esperanza de salir fortalecida con nuevos territorios y convertirse en un poder relevante del escenario mundial.

Pero los efectos económicos, sociales y políticos que se produjeron en Rusia con la llamada Revolución de Febrero que llevaron al derrocamiento del zar Nicolás II y condujeron al gobierno burgués liberal a Alexander Kerensky, crearon las condiciones objetivas para el derrocamiento del sistema capitalista ruso y el advenimiento del socialismo con la creación del primer Estado de obreros y campesinos del

Por otro lado, Alexander Kerensky, fue un destacado dirigente del socialismo moderado ruso. A la caída de la monarquía zarista fue ministro de justicia y de guerra del gobierno provisional dirigido por el príncipe Lvov. Fue nombrado jefe del gobierno provisional, una coalición de partidos de la burguesía liberal, monárquicos y socialistas moderados, a cuya cabeza se mantuvo hasta el triunfo de la revolución bolchevique.

Bajo su jefatura, Kerensky continuo el esfuerzo bélico ruso en el teatro de la Primera Guerra Mundial que mantuvo el Zar Nicolás II. Como jefe político de un frente único de las clases dominantes en Rusia, fue partidario de continuar este esfuerzo, a pesar de las continuas derrotas rusas en el frente.

En mayo de 1917, tras una serie de manifestaciones populares contra las medidas bélicas que provocaron la caída de varios ministros, Kerensky fue nombrado ministro de guerra y de marina. Desde esa posición, hizo esfuerzos por frenar el avance del ejército alemán invasor. Inicio una gran ofensiva y recorrió el frente, arengando a las desmoralizadas tropas rusas para que defendieran “la patria” y “la revolución”.

La postura antiguerrerista del ala radical del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso condujo a una abierta represión contra los bolcheviques que condujo a la cárcel a León Trotski y José Stalin y forzó a Lenin a refugiarse en Finlandia para evitar ser apresado.

Lenin fue acusado de agente alemán por Kerensky. Es cierto que, forzado por las circunstancias del estallido de la revolución rusa mientras se encontraba en Suiza, Lenin tuvo que pactar tácticamente con el imperialismo alemán para poder evadir los frentes de guerra y llegar a Petrogrado en abril de 1917 en un tren sellado. Pero los historiadores burgueses ocultan deliberadamente que también lo hicieron Martov y muchos otros líderes del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso del ala moderada o menchevique y otros exilados. A ninguno de ellos es mencionado por estos como agentes del Kaiser alemán.

Lenin también fue acusado de recibir un pago en oro de parte del Kaiser, calumnia que ni siquiera los más osados historiadores tradicionales se han atrevido a probar. Si el Pravda y los periódicos obreros recibían parte de ese oro no se comprueba pues estos periódicos tenían escasa circulación comparado con los periódicos liberales de la Rusia postzarista que si contaban con el financiamiento de los grandes banqueros rusos.

¿En qué consistía el montaje calumnioso de Alexander Kerensky contra Lenin? La oposición tenaz de los bolcheviques a la guerra mundial de 1914 que enfrentaba a los obreros y los campesinos europeos en el frente de la guerra, fue el motivo para hacer la calumnia, “creíble”. La Alemania imperialista veía en Lenin un aliado “táctico” para desorganizar el frente ruso. Esa percepción alemana fue la que Lenin utilizo para hacer esa alianza táctica con el Kaiser.

Lenin se daba cuenta del riesgo político de viajar a través de Alemania y es por eso que exige que el tren sea sellado sin que nadie entre o salga del tren durante el viaje. ¿Cuál era la alternativa? Los poderes aliados, el imperialismo francés y británico rehusaban darle un pase libre a través de los territorios ocupados. Y lógicamente, estarían muy felices de dejar a Lenin aislado en Suiza.

Es obvio que el imperialismo alemán tenía sus propios planes al permitir el cruce de un tren lleno de bolcheviques, socialistas moderados y pacifistas. El cálculo era obvio: estos disidentes causarían una dislocación interna tan grande que debilitarían el esfuerzo ruso en la guerra. Tales maniobras son propias de la política. ¡Lo que no imaginaba el alto mando alemán era que los bolcheviques tomarían el poder en el mes de noviembre de 1917!

En la conferencia de Zimmerwald los bolcheviques y la izquierda radical europea habían trazado como estrategia utilizar la guerra imperialista para encender la guerra civil en forma de guerra de clases, esto es, guerra entre la burguesía y la clase obrera de los países desarrollados de Europa. Esa estrategia obtuvo una rotunda victoria en Rusia.

El primer decreto del Estado socialista soviético fue el Decreto de la Paz, discutido y aprobado entre el 24 y 25 de octubre. Decreta la paz sin anexiones y tal y como deseare la inmensa mayoría de la clase obrera internacional, proclama además solemnemente su voluntad de firmar inmediatamente un tratado que haga cesar esta guerra en las condiciones indicadas, igualmente equitativas para todos los pueblos sin excepción. Elimina las negociaciones secretas y decreta una tregua.

La efervescencia antibélica no se detuvo en Rusia. En la noche del 29 de octubre de 1918, un motín estalla en la flota alemana. Inspirada en la revolución rusa, el 7 de noviembre, los consejos de trabajadores se apoderaron de la mayoría de las ciudades costeras de Alemania.

El 11 de noviembre, los trabajadores alemanes, inspirados en el ejemplo de sus hermanos rusos, derrotaron el imperialismo alemán y acabaron con la primera guerra mundial por medios revolucionarios. En este sentido, podría decirse que no solo no fue Lenin un agente alemán, sino que fue el principal instigador del derrocamiento del Kaiser.

Si el Decreto de la Paz del Estado Soviético marcaba el inicio del fin de la Primera Guerra Mundial, la revolución alemana de 1918 fue la estocada mortal al esfuerzo bélico que las grandes naciones imperialistas iniciaron en 1914.

Si el Premio Nobel de la Paz (que sabemos que no se entrega post mortem) debe ser entregado a “la persona que haya hecho el mejor o mayor trabajo a favor de la fraternidad entre las naciones, la supresión o reducción de los ejércitos”, ¿podría alguien ser tan injusto en negar el rol de Lenin en favor de la paz mundial la Humanidad que lo hacen más que merecedor del famoso premio? No hay dudas que semejante aporte hace al genio político ruso merecedor (aun post mortem) del Premio Nobel de la Paz.

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