Opinión

Hace 53 (cincuenta y tres) años un organismo creado 27 (veinte y siete) años antes en Bogotá, Colombia, la OEA, la denominada Organización de Estados Americanos, pretendió justificar en aquel año 1965 una intervención, un atropello a la libertad, la democracia y la soberanía del Pueblo Dominicano que luchaba por restablecer su Constitución y el respeto a los derechos humanos.

Setenta años cumplió la OEA en abril del 2018.

Un País Ocupado

La República Dominicana en el mes de mayo de 1965 era un país ocupado por fuerzas militares de los Estados Unidos desde el 28 de abril anterior.

El Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó presidía un gobierno constitucional que era fruto de la legítima legalidad originada en la las elecciones del 20 de diciembre de 1962 que dieron el triunfo a Juan Bosch y seleccionaron un Parlamento o Congreso Nacional legítimo.

El Gobierno de Caamaño se sostenía sobre esos principios y tenía un respaldo popular evidente que eran reconocidos por el mundo. Contaba con el respaldo de la opinión pública mundial.

En la comunidad internacional se sabía lo suficiente para comprender que el Gobierno de Caamaño representaba la legitimidad dominicana y la continuidad constitucional, fruto de la elección del 20 de diciembre de 1962 del gobierno de Juan Bosch y el Congreso dominicano que designó a Caamaño Presidente Constitucional.

Sobre todo, Caamaño para el mundo era el símbolo de la defensa de un sistema democrático que la nación supuestamente más democrática de la tierra representada por su gobierno y su aparato militar trataban de impedir que ejerciera el principio de la autodeterminación consagrado en la Carta de las Naciones Unidas.

Pero la OEA se prestó a justificar la ilegal y criminal intervención militar de los Estados Unidos.

No pudo desconsiderar al Gobierno de Caamaño, atrincherado en la ciudad de Santo Domingo.

No era tan fácil aplastar al ejemplo de lo que deben hacer las Fuerzas Armadas dominicanas frente a la agresión extranjera y para la defensa del suelo patrio, como se lo señala y obliga la Constitución de la República desde que se fundó el Estado dominicano en 1844.

La OEA se comportó en 1965 como una Organización mafiosa delictiva internacional cuando envió soldados de varios países pertenecientes a este Ministerio de Colonias a invadir la República Dominicana para darle apariencia de legalidad a lo ilegítimo y a la violación de todas las normas establecidas en el derecho internacional.

El 25 de septiembre de 1965, cuando retornó de su segundo exilio a la Patria Dominicana, Juan Bosch exigió que los Estados Unidos, que se valieron de la OEA para enmascarar su atropello a la nación dominicana, debían recompensar al país con miles y miles de millones de dólares por el daño que hicieron.

Esa es una reparación pendiente que algún día tendrá que hacerse realidad.

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