Opinión

La vida en reversa

Los aportes de Juan Luis Guerra a la cultura dominicana a través del arte musical resultan incalculables. Rara vez aparece un artista conjugando las dotes de compositor social y romántico, cantante y actor que permee y agrade a cada uno de los segmentos del arcoíris nacional. Sus metáforas son captadas con emoción en todos los sectores sin distinción de género ni edad. Para muestra basta este botón: “Tu me prometiste una guaracha,/ para yo animar mi fiesta/ Y me prometiste una maraca, oye,/ de un iguana y fruta seca vaya usted a ver/ Donde está la fiesta, la guaracha?/ Dónde está la fruta seca?/ A dónde va el ordeño de la vaca?/ Al bidón de las promesas, tira la palanca y endereza/ Que la guagua va en reversa”…

Y es que sin saberlo, nuestro embajador cultural internacional nos regala el pié de amigo para explicar el inicio de la difícil tarea científica que por décadas venimos realizando en miles de cadáveres que hemos temporalmente resucitado para que volviendo en reversa nos narren el cómo, cuándo, dónde y por qué desistieron de vivir para convertirse en muertos.

Por medio de una autopsia el patólogo identifica el último evento morboso culpable del cese de la actividad vital de nuestro cerebro. Es así como transitamos, cual ciguapa, chequeando el cableado de línea reconociendo las consecuentes fallas, hasta arribar al punto en donde ocurrió la avería primaria que produjo el gran apagón de la vida.

Pongamos un ejemplo reciente del año 2018 de una muerte materna en la República Dominicana. Se trata de una madre de 36 años con cinco embarazos previos y cuatro partos por vía natural. En su última preñez se notó el cese de los latidos fetales a las treinta semanas de gestación. En la sala de emergencia de la maternidad se registró una elevada presión sanguínea. Se supo que la hoy occisa llevaba 10 años padeciendo de hipertensión arterial y que en uno de sus últimos chequeos prenatales los niveles tensionales eran alarmantemente altos. A los pocos minutos de su arribo al hospital la paciente convulsionó estableciéndose el diagnostico de eclampsia. Se procedió a desembarazar a la mujer induciendo la labor de parto con medicamentos. La dama entró en coma profundo llegando a un paro cardiaco lo cual ameritó su ingreso en la unidad de cuidados intensivos. Luego de extraer un feto masculino macerado la madre fue declarada oficialmente fallecida al tercer día de ingreso. La necropsia reveló un cadáver obeso con una cardiopatía hipertensiva severa, así como evidencia de falla cardiaca crónica.

Pongamos el autobús en reversa y estacionémoslo en el punto donde se inició el camino hacia el precipicio letal. Tenemos que a los 26 años a esta mujer se le diagnosticó una enfermedad hipertensiva. Agreguemos que tenía cuatro hijos, era obesa y cardiópata. ¿Era o no prudente aconsejar a esta señora evitar un nuevo embarazo? ¿Acaso se le explicó detalladamente el riesgo al que se exponía recargando su enfermo corazón si volvía a salir encinta y progresaba a una labor de parto?

¿Asistía esta multípara a un Centro de Atención Primaria ubicado en la cercanía de su morada? ¿Existía una buena comunicación entre la ahora fallecida y el equipo de salud que la atendía? El cadáver no valida una respuesta positiva a estas interrogantes.

Estimado Juan Luis: Tira la palanca y endereza…

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