Opinión

¿Por qué en la literatura económica internacional ya no se escribe tanto sobre las bondades del fenómeno de la globalización económica? ¿Qué ha pasado después del estallido de la crisis económica mundial conocida como la Gran Recesión (2008-2009) que los países desarrollados ya no se entusiasman mucho con el uso del término globalización?

Cuando la economía mundial disminuye en término relativo su ritmo de crecimiento suele decirse que la interdependencia entre los países podría penetrar a una fase de achicamiento del proceso de globalización.

Dos años antes de estallar la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos que marcó el inicio de la Gran Recesión durante la primera década del presente milenio ya se reflexionaba acerca de un proceso de involución (o marcha hacia atrás) de la interconexión entre las economías del mundo.

En efecto, el investigador filipino Walden Bello sostenía en su libro “Desglozalización: ideas para nueva economía mundial” (2005) una tesis donde explicaba que el objetivo de ese proceso no consistía en retirarse de la economía mundial, sino desencadenar un proceso de reestructuración del sistema económico y político mundial que fortalezca la capacidad de las economías locales y nacionales en lugar de degradarlas.

Leyendo ese enfoque del investigador Bello da la impresión de que tanto el proceso de globalización depende del accionar programado del ser humano mediante la adopción de políticas públicas o de reacciones sociales adversas al fenómeno analizado.

Pero de ser cierto lo expuesto en el párrafo precedente rodaría por el suelo toda la visión científica del fenómeno de la globalización económica que la concibe como un resultado de la dinámica de las relaciones económicas internacionales contemporáneas caracterizada por una expansión de las conexiones financieras.

Porque si la profundización del proceso de interdependencia de las economías del mundo depende del accionar en cuarto frío de las grandes economías del mundo o de los movimientos de protestas que se generan en el mundo contra este fenómeno entonces habrá que echar en el baúl de la historia el enfoque metodológico del materialismo histórico, el cual observa el movimiento de la evolución histórico-social de la humanidad en forma ascendente.

Hasta aquí todo lo expuesto tiene un perfume teórico que quizá no goce de la comprensión y aceptación de muchos lectores, pero lo que hemos querido plantear es que el fenómeno de la globalización no forma parte del pasado, sino que se encuentra presente en pleno año 2018.

Lo que ha estado ocurriendo desde hace una década es que el ritmo de expansión de la economía mundial se encuentra presionado por el fracaso -incluso en los países desarrollados- de políticas públicas que continúan agravando la calidad de vida de millones de ciudadanos que habitan tanto en el mundo rico como en el secular círculo de los países subdesarrollados.

Porque el mundo está viviendo una fase de transición y recomposición de la economía mundial donde países emergentes ganan espacio dentro de la globalización, generándose nuevas ideas para interpretar tan complejo fenómeno.

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