Editorial

La sociedad dominicana, así como el resto del mundo, ha vivido en una permanente lucha por la búsqueda del Estado de Derecho de su pueblo. Una batalla que no ha sido fácil, le ha costado muchas vidas valiosas, batallas ganadas y otras perdidas, frustraciones, dolor, derramamiento de sangre y en algunos casos sometimiento del pueblo dominicano a gobiernos dictatoriales por periodos tan largos como hablar de dos y tres décadas consecutivas en distintos momentos.

Hemos padecido avances y retrocesos a lo largo de nuestra historia, como todo proceso histórico, todo dependía del gobernante y su visión de gobierno y por supuesto, de los gobernados y su resistencia al régimen.

A partir del año 2010, la República Dominicana estaba destinada a consolidar la democracia con la reforma profunda a que fue sometida nuestra Carta Magna.

La responsabilidad de esa consolidación democrática, es de todos, aunque el compromiso mayor corresponde al Partido de la Liberación Dominicana, así lo asumió la dirección del PLD en ese momento y actuaron en base a la misma. Sin embargo, y para sorpresa, aun se siguen experimentando retrocesos importantes, amenazas permanentes de vulnerar lo que supone debe ser protegido por todos.

Que no nos pase a los dominicanos lo que hace ya varios siglos vivió Francia con la revolución francesa, la cual constituyó el hito que representó el triunfo del pensamiento liberal bajo el cual se apoyaría la Constitución, pues a tan solo unos años de haber logrado la conquista de aquellos principios fundamentales, apareció el Comité de Salvación Publica, a la cabeza de Maximilien Robespierre.

El pueblo dominicano supo ponerse de acuerdo y logramos una Constitución progresista, garantista de los derechos fundamentales, una Carta Magna que nos representa a todos, lo único que tenemos que hacer es respetarla, honrarla y defenderla.

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