Portada Principal

El Medio Ambiente en la Escritura de Juan Bosch

Al principio de la década del 1990, Juan Bosch acostumbraba a caminar en el Parque Ecológico Mirador Sur; mientras escuchaba los múltiples cantos de las aves y observaba la arboleda, escenario de muchas de sus obras; y saludaba afablemente a la gente que se le acercaba.

En la obra literaria y sociográfica del Profesor Juan Bosch está latente y de manera condicionante el medio ambiente, sobre todo por la mediación socioeconómica que envuelve al Hombre (género humano), la sociedad en su devenir histórico y los recursos naturales como el suelo (la tierra, medio de producción), el agua (bendita para el cultivo, las crecidas de los ríos, la lluvia, las presas), el bosque (la selva que absorbe la vida de aventureros y alzados que desafían al poder, el lugar de libertarios, fugitivos y labriegos).

Como todo etnohistoriador maneja las relaciones del hombre y sus circunstancias, las relaciones de los seres humanos con los recursos naturales y con él mismo. Siguió la dialéctica de que el medio ambiente hace al hombre y éste hace las relaciones de apropiación del medio ambiente en su lucha por la adaptación y, al mismo tiempo, por la creación de culturas.

En su escrito “Apuntes para una Interpretación de la Historia de Costa Rica”, Bosch señala que parte de la relación productiva de los primeros pobladores de esa colonia española fue con su entorno social, específicamente con el uso de los recursos del medioambientales, dándole la oportunidad de responderle para satisfacer su necesidad material (sobrevivir con alimentación y abrigo) y espiritual (la del productor libre e independiente), forjador del carácter nacional del país. Señala que el aislamiento del pequeño propietario pobre y muy pobre, que no tenía recursos económicos, ni siquiera para salir de su lugar de residencia a vender fuerza de trabajo o a comprar productos, se debía a que lo básico lo producía con la ayuda de la familia y el medioambiente, y agrega: “Es probable que a eso contribuyera en parte el clima de la meseta central, con sus largos meses de lluvia que dificultaban el trato humano,” Haciendo referencia a la dificultad de comunicación e intercambio con otros pueblos.

La relación del hombre con los recursos naturales es extremadamente notorio en la obra literaria de Juan Bosch, ya que determina sus personajes, sus actores. Esa realidad la encontramos en toda su obra sociopolítica e histórica. En su mundo de ficción y realismo social, los personajes se mantienen en una lucha perpetua con el medio, es decir, los recursos asumen junto al espacio geográfico, la construcción de lo social, de subculturas y psicologías de sus personajes. La ecología cultural marca su concepción de la vida, sin temor a equivocarme.

Sus cuentos y sus dos novelas son expresiones muy evidentes de cómo, en la concepción de Bosch, el medio ambiente condiciona y, en muchos casos, determina al individuo y a la sociedad. Los recursos naturales son la paz, siempre que se maneje de manera razonable. Solo para poner un ejemplo, en El Oro y La Paz, nos encontramos con míster Forbes, el botánico internado en la selva haciendo maravillas con las flores, el trabajo con la naturaleza como la mejor riqueza para el hombre, riqueza material también, porque el señor Forbes ganaba dinero cuando exportaba las especies cultivadas por él, Se puede vivir en paz con el cultivo de la biodiversidad, término fundador de la sostenibilidad ambiental y el desarrollo del individuo y los pueblos, basado en el estudio, el trabajo y el arte, como Míster Forbes que no estaba depredando; cultivaba flores para vender sin la necesidad de hacer daño a la naturaleza, que es lo mismo que decir a la sociedad. O Angustia, la mujer que la selva absorbió y la convirtió en un ser primitivo, incorporada a los grupos originarios, al extremo de rechazar más a los blancos civilizados que a los propios indígenas.

La obra sociopolítica del Profesor Juan Bosch constituye un tesoro etnográfico dentro de las disciplinas sociales de este país y de América.

Como etnohistoriador, la obra del humanista y político dominicano está también marcada por esa relación espacial hombre-naturaleza. Se observa claramente, en Composición Social Dominicana, que su trabajo intelectual es pionero de la etnohistoria dominicana, como ocurre también con sus cuentos, llenos de la mediación antropológica y manifestaciones epistemológica del hombre simple, en especial del campesinado; el condicionamiento físico de los accidentes geográficos y los recursos que el hombre agota o cree agotar sin darse cuenta que se extingue así mismo, como el río que se lleva todo lo que encuentra, el sol que quema y el polvo que asfixia, a lo largo del camino. Le dio fuerza a la naturaleza (lo biofísico) y su venganza perpetua, o de contracultura, que se refleja en muchas de las manifestaciones de este escritor.

En sus escritos están presentes cientos de ejemplos del conocimiento tradicional del campesino cibaeño y su relación con los recursos naturales. En su cuento Guaraguo, Bosch nos pone en contacto con ideas y creencias que el pueblo tiene sobre la biodiversidad dominicana: “¿Usté los está aguaitando? Bueno… Esos son querebebés. Atrás de los querebebés vienen las golondrinas, atrás de las golondrinas viene el agua, y atrás del agua[H1] … ¡Cristiano! Dios sabe lo que viene atrás del agua. El presagio y la predicción de los fenómenos atmosféricos están en sus cuentos. El monte era un espacio donde nace el rio. A diez pasos corría el río; inmediatamente después se alzaba el monte tupido: capá, quiebrahacha, amacey, algarrobo, amapolo, palma. ¡Monte! ¡Monte”.

El cuento El Algarrobo, que relata un día de trabajo de un hombre de campo, es similar a un estudio de caso, metodológicamente hablando: “El hombre que estaba allá adentro, en el corazón del monte, oía sólo dos cantos: el suyo y el del hacha. De mañana empezó a tumbar la yaya y a los primeros golpes aletearon los pajaritos. Piaron y se fueron. El hombre, duro, oscuro y desnudo de cintura arriba, los siguió con la vista”.

En su función como político y estadista, mostró comportamientos sorprendentes, aprovechando cualquier ocasión para enseñar al pueblo sobre la importancia de los recursos naturales. Siendo presidente electo y líder regional en América, regresaba de un viaje a New York, tuvo en el avión un encuentro con un joven agrónomo, la conversación que sostuvieron le maravilló y fue motivo para explicarle al país sobre la importancia de los agrónomos; dijo que ese joven era una mina, e hizo referencia a la necesidad que tenía República Dominicana de profesionales de su área y de veterinarios, y de contratar expertos en la materia fuera de la nación.

Y siguiendo con la importancia que Bosch daba a los recursos naturales, el líder político dijo en una alocución, a propósito de un viaje realizado por las provincias Espaillat en noviembre del 1962, que la nueva constitución tenía que garantizar que los latifundios que eran bosques no se tocarían por la reforma agraria durante 25 años.

Este fue un discurso promisorio para la reforestación, porque además mandó a plantar árboles en las montañas, y que no se utilizarán los terrenos en la parte alta de las cordilleras para el uso de la ganadería y que los potreros fueran hechos en la parte media y baja de las mismas; además dijo que en los cafetales tenía que plantarse árboles como sombra, sobre todo la guana para mejorar los suelos; nos estaba hablando de sistemas agroforestales en esa época; de los árboles combinados con pasto, nos estaba hablando de sistemas silvopastoriles, ambos conceptos tan vigentes 56 años después.

En otro discurso pronunciado durante la inauguración del Instituto Superior de Agricultura (ISA) en Santiago, a pocos días del golpe de estado septembrino, exhortaba a los campesinos a aprender de las ciencias agrícolas. También señaló que el país había perdido millones de pesos en los últimos 30 años por la destrucción de los árboles, por el empobrecimiento de los suelos. Este planteamiento lo hizo frente a sectores de poder emergentes en Santiago y el embajador norteamericano John Bartloun Martin. Manifestó de la necesidad de que existan ese tipo de instituto en todo el país.

El Profesor Juan Bosch habló durante décadas de la necesidad de las presas para generar electricidad, irrigar y para el uso doméstico de la población.

Por esa razón, Juan Bosch “caminó” la Sierra de Bahoruco, a decir de los campesinos de Puesto Escondido. En 2009, decían “esos pinares eran de Juan Bosch”, porque lo vieron en la zona; la visitaba porque estaba empeñado de que se hiciera la presa de Las Damas, en el río del mismo nombre.

Todavía en el Toro, a 2,230 metros aproximados sobre el nivel del mar, se conserva el lugar y la casa que Bosch ocupaba cuando visitaba la cordillera, dicen que en ella llegó a dormir allí en su tránsito desde Puesto Escondido, provincia Independencia, a Pedernales, zona ambientalmente transfronteriza de vital importancia para República Dominicana y Haití, ya que en ella se encuentran los Parques Nacionales Sierra de Bahoruco y “Foresta de Pino” en Haití y donde habitan el mayor porcentaje de especies endémicas, es decir, especies que solo existen de manera natural en la isla La Hispaniola.

Como podemos apreciar, al Profesor Juan Bosch no solo le importaba el destino de su pueblo en términos político y sociocultural, si no que también se preocupó por el medioambiente y su sostenibilidad, garantía de un futuro promisorio para las nuevas generaciones.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas