Editorial

Nuevamente una notable confusión se ha apoderado de la población de la que no se excluye la dirigencia y militancia del Partido de la Liberación Dominicana, fruto de la presentación de la acusación que hace el ministerio público a los imputados en los supuestos sobornos de la constructora Odebrecht.

La inclusión de dos miembros del Comité Central del PLD en la acusación ha servido de pie de amigo para el resurgir de nefastas predicciones en la organización política más exitosa en los años en democracia de Republica Dominicana.

Al igual que el pasado año cuando se dieron a conocer los nombres de los encartados en la acusación, se está hablando de que el PLD está en un callejón sin salida, de que a lo interno se librarán difíciles batallas, de que se está en el principio del fin de la organización y hasta que en las filas peledeístas ha estallado un terremoto político que lo tiene al borde del fraccionamiento.

En muchos de los casos los enfoques, análisis y crónicas periodísticas en los medios de comunicación tradicionales y los comentarios en las llamadas redes sociales son alentados por adversarios quienes delatan con su proceder sus expectativas personales.

La prudencia y sabiduría política imponen un llamado a la serenidad, a que se mantenga unida a la familia peledeísta, que se eviten las especulaciones, porque como lo enseñó el Profesor Juan Bosch, “todo compañero es un hermano en la lucha al que debemos respeto y lealtad”.

Es lamentable que sin mediar pruebas por los medios de comunicación se estén produciendo pronunciamientos detractores a dirigentes del PLD, incluso provenientes de otros dirigentes del PLD.

Transcurre una nueva fase estratégica que procura desalentar la tropa morada, no obstante conocer los adversarios que se cuenta con acciones y hechos que traducen una excelente obra de gobierno, con lo que la población se identifica y que son referentes en otras naciones de la región.

Ante la confusión se impone vigilar opositores y adversarios y mantener en alto la moral, actuando siempre con prudencia, ecuanimidad, respeto y tacto político.

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