Hablan los hechos

El mundo recuerda que el 23 de junio de 2016 Reino Unido celebró el referéndum más importante de su historia reciente, con permiso del que podría haberle dado la independencia a Escocia. Popularmente a ese referéndum se le llamó Brexit, y se trata de que si ese país quería seguir permaneciendo o no en la Unión Europea, aunque los orígenes del término Brexit parecen remontarse al 2012, cuando estaba en boga lo de Grexit, término utilizado para especular sobre la salida de Grecia de la Unión Europea en los momentos más intensos de la crisis en ese país.

A la luz de la verdad, Reino Unido reconoce que debe pagar su factura con la Unión Europea por abandonar el grupo, pero las cifras de ambas partes están especialmente alejadas una de otra y los ánimos tienden a caldearse.

A pesar de que hace alrededor de dos años de ese acontecimiento, todo esto parece indicar que el mismo se quedó un poco en el olvido. Sin embargo, hasta el pasado que recientemente, cuando Theresa May presentó los términos para pactar su salida invocando el artículo 50 de los Tratado, todo transcurría sin alteraciones y hasta el momento lo que ha ocurrido es que se ha producido una incertidumbre en la zona que ha repercutido en EE.UU, Canadá y otras naciones del hemisferio por el impacto que genera en las relaciones internacionales, en particular en el comercio y en la geopolítica.

A la luz de la verdad, Reino Unido reconoce que debe pagar su factura con la Unión Europea por abandonar el grupo, pero las cifras de ambas partes están especialmente alejadas una de otra y los ánimos tienden a caldearse. De hecho, sin un pacto sobre este aspecto, las conversaciones sobre un posible acuerdo comercial serían imposibles.

Bajo un ambiente incierto, una especie de callejón sin salida, para el 29 de Marzo de 2019 la Unión Europea y Reino Unido tienen como plazo para llegar a un acuerdo entre ambas partes, y no se visualizan respuestas convincente derivadas de las negociaciones previo a la salida para seguir avanzando.

Bajo un ambiente incierto, una especie de callejón sin salida, para el 29 de Marzo de 2019 la Unión Europea y Reino Unido tienen como plazo para llegar a un acuerdo entre ambas partes, y no se visualizan respuestas convincente derivadas de las negociaciones previo a la salida para seguir avanzando. Ante tal incertidumbre, son muchas las empresas que anunciaron su cambio de sede al conocerse la decisión de optar por la salida de la Unión Europea y que a la fecha no se conocen una posición seria y de compromisos.

Con la opción del Brexit se ha producido una situación caótica con la salida de Reino Unido de múltiples entidades bancarias como JPMorgan, Goldman Sachs, HSBC, Lloyds y UBS que no tienen la certeza y protección adecuada para seguir operando en esa nación. Aunque Reino Unido ha logrado un crecimiento económico en promedio de 2,3%, en el contexto del Brexit, pero en cambio esto ha ocurrido con una libra esterlina cada vez más débil y un incremento exponencial de las insolvencias, como consecuencias financieras de tal decisión.

Aunque Reino Unido ha logrado un crecimiento económico en promedio de 2,3%, en el contexto del Brexit, pero en cambio esto ha ocurrido con una libra esterlina cada vez más débil y un incremento exponencial de las insolvencias, como consecuencias financieras de tal decisión.

La incertidumbre predominante es que la tendencia actual se mantenga e incluso se intensifique, lo que podría incrementar el número total de insolvencias a escala británica por el orden de un 8% en el 2018, superior al 6% en 2017. Pero resulta que lo peor es que ese efecto sobre el crecimiento y las insolvencias se extenderá a otros países europeos, cuyos efectos negativos aumenten a lo largo del resto del presente año 2018 a medida que las negociaciones se intensifiquen, especialmente si se mantiene la incertidumbre sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo.

En términos de vínculos económicos y financieros con el Reino Unido, Irlanda, países bajos y Bélgica son los países más vulnerables. A estos países les siguen Francia, Alemania y España lo que en la práctica se traduce en una aceleración del crecimiento de las insolvencias en los mismos con repercusiones a escala global.

La idea de Theresa May lo que pretende así es rebajar el posible impacto económico que pueda tener el divorcio de Bruselas y, a la vez, sus consecuencias encadenada de problemas como una crisis sistémica en la economía de la zona.

Atrapada en un callejón sin salida, la primera Ministra Theresa May ha sido incapaz de gestionar el Brexit y ha recurrido a su deseo de negociar una salida de la Unión Europea blanda, que pasaría por la creación de una zona de libre comercio entre el Reino Unido y los Veintisiete países de la Unión Europea, con regímenes aduaneros interrelacionados. La idea de Theresa May lo que pretende así es rebajar el posible impacto económico que pueda tener el divorcio de Bruselas y, a la vez, sus consecuencias encadenada de problemas como una crisis sistémica en la economía de la zona.

Todo esto parece que genera choque con la agenda de la Administración Trump, firme partidaria de un Brexit duro, porque quiere que Londres tenga las manos completamente libres para negociar un futuro tratado comercial bilateral orientado a hacer la máxima competencia al bloque comunitario. No obstante, la situación es de tal envergadura que May necesita asegurarse que Londres mantendrá su estatus de aliado privilegiado de Washington cuando abandone la UE, aunque es consciente de que Trump es un socio muy poco confiable, el cual ya ha demostrado que antepone su creencia proteccionista y aislacionista a los acuerdos con los socios históricos de EEUU.

Todo esto parece que genera choque con la agenda de la Administración Trump, firme partidaria de un Brexit duro, porque quiere que Londres tenga las manos completamente libres para negociar un futuro tratado comercial bilateral orientado a hacer la máxima competencia al bloque comunitario.

A dos años de la celebración del referéndum sobre el Brexit, los irresponsables que lo promovieron y lo gestionan han sido incapaces de suavizar la excesiva polarización sociopolítica que aún divide el país. Los pontífices del siglo XXI fueron aquellos políticos demagogos que sembraron entre el pueblo engaños como que el Brexit permitiría dedicar 350 millones de libras extras a la semana a la sanidad pública, muy necesitada de fondos y la realidad es que la libra vale mucho menos, la conversión de Euro a Libra Esterlina es de 1 EUR = 0,86 GBP y para mantener abierta la frontera entre las dos Irlandas, el Reino Unido se encamina hacia un Brexit blando que se parece al acuerdo entre la UE y Noruega.

También los precios registran una escala acelerada de aumento y si la libra continua su devaluación sostenida y, por tanto, los productos importados fueran más caros de conseguir, entonces se espera que se produzcan una subida considerable que lanzaría a la población a protestas continua que afectarían la estabilidad económica y política en el corto plazo. Las consecuencias de la salida de la Unión Europea han generado todo tipo de interrogantes acerca del futuro de Europa, pues teniendo en cuenta que, en promedio, a la UE le cuesta sólo £4,87 libras al mes a cada ciudadano en activo, entonces, cada vez más la calidad de vida sufre un deterioro apreciable.

A dos años de la celebración del referéndum sobre el Brexit, los irresponsables que lo promovieron y lo gestionan han sido incapaces de suavizar la excesiva polarización sociopolítica que aún divide el país.

Pero lo cierto es que si Reino Unido se va de la Unión Europea, y del mercado único, las consecuencias dependerán del acuerdo al que llegue con los países miembros de la UE. Pues las consecuencias que tendrá la salida del Reino Unido para Europa es que ningún país de la Unión Europea se ha mostrado públicamente favorable al Brexit y otra vía por la que el Brexit podría afectar negativamente a la UE es la incertidumbre.

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