Opinión

El tema de la deuda pública dominicana será recurrente, hasta tanto deje de ser el soporte principal del equilibrio presupuestario y que los interesados no tomen en cuenta que su monto y obligaciones de corto plazo, en algún momento se constituirán en un problema que proyectará una crisis de deuda en su aspecto más negativo, acaparando la atención en las primeras planas de los diarios nacionales y de los medios digitales de comunicación.

El endeudamiento público no se debe de satanizar ni desdeñar, así como tampoco se puede descartar. En realidad es un adecuado medio y fuente para complementar el insuficiente ahorro nacional, en economías como la dominicana; razón por el que se debe de aprovechar el ahorro externo para las inversiones que se requieren en el país.

La deuda del sector público no financiero, ha estado creciendo continuamente a lo largo del tiempo, tanto si es evaluada desde su monto, el que ha pasado de US$14,818 millones a US$30,376 millones, como desde la perspectiva de su participación dentro del Producto Interno Bruto (PIB), evolucionando de un 27.5 % a un 38.8 %, para los años que van desde el 2010 hasta mayo de 2018, en ambos casos.

En la misma línea del crecimiento de la deuda pública, si al examen le incorporamos los compromisos del servicio de la deuda, tendríamos que se movió de un 22.7 % en el 2013 a un 31.4 % en el 2017, ambos porcentajes respecto a los ingresos públicos totales. Además, al incluir el endeudamiento anual encontramos que pasó de US$2,870 millones en el 2012 a US$3,421 millones a julio de 2018, para atender el déficit financiero del presupuesto y las aplicaciones financieras. Por otro lado, la deuda per cápita se elevó de US$366.0 en el 2000 a US$2,970 a julio de 2018.

Ante una descripción como la mostrada precedentemente del panorama de la deuda pública dominicana, cabe la pregunta: ¿Existen vías para disminuirla y evitar por ese conducto depender en forma progresiva del endeudamiento local e internacional?

En un escenario con ausencia de crisis del manejo de la deuda, como el que aún tiene la economía dominicana, previsiblemente se puede acudir, al menos, a cuatro vías de políticas económicas para afrontar el peso de la deuda pública, haciéndola disminuir, tanto en términos absolutos como relativos, con ventajas para todos.

Como la principal fuente que origina el crecimiento de la deuda pública nacional son los constantes y progresivos déficits financieros del presupuesto de la nación, los que se han expandido de RD$5,051.0 millones en 2005, para un 3.2 % del total de los ingresos corrientes a RD$85,046.8 millones, equivalentes a un 15.8 % también del total de los ingresos corrientes; atacarlos para que el balance fiscal sea equilibrado o menos desbalanceado, sería auspicioso para aportar en la reducción de la deuda pública dominicana.

La vía de un mejor desempeño financiero del presupuesto supone, básicamente, aumentar los ingresos fiscales de vocación permanente, ante una rigidez del gasto público que se sitúa en no menos del 83.0 %, explicados por razones fundamentalmente legales. Por lo que el tema “Ingreso Público” es un desafío, tanto por el lado de la eficiencia de la administración tributaria, como por un régimen de consecuencias más severo para los practican la evasión.

Al margen del manejo del déficit financiero presupuestario, consignado como un lineamiento de política pública y asumiendo la decisión de no contratar nuevos préstamos por un tiempo limitado, -a no ser los que ayuden al manejo financiero del cumplimiento de los compromisos del servicio de la deuda pública de corto plazo, aunque esto represente un costo político en el momento-, serían dos maneras de romper con las fuentes que alimentan el aumento de la deuda, significando vías para su reducción.

Una tercera vía para bajar la deuda pública sería haciendo tesorería bajo la modalidad del refinanciamiento de la deuda, como forma de solventar la deuda vieja por nueva, pero a un menor costo financiero; lo que permitiría una menor carga del servicio de la deuda y una posibilidad de crear espacio fiscal para las autoridades.

La cuarta vía para reducir la deuda pública sería propiciando un crecimiento del PIB, pero como ese objetivo se logra por razones de carácter externo e interno y el primero no depende necesariamente de la economía del país, queda la opción de los esfuerzos internos que puedan desplegarse, como el del aumento de la productividad de la economía; atacando las causales que lo frenan, tales como los altos costos de la electricidad, la ineficiente burocracia estatal, los costos financieros, entre otros.

En la misma línea interna, modificando el modelo de ejecución del gasto público que ha estado penalizando el gasto de capital y favoreciendo el gasto corriente, es la fuente por excelencia para alcanzar un mayor efecto multiplicador del gasto público con calidad sobre la economía.

En una estrategia de desarrollo, menos de papeles o lectura electrónica y mucho más de voluntad en el ejercicio de las decisiones públicas, una combinación de las cuatro vías descritas precedentemente, sería favorable para una reducción más significativa y duradera de la deuda del sector público no financiero; propiciando de esa forma el mejor escenario para el desapalancamiento financiero de la economía nacional y el alcance de una mejor salud de las finanzas públicas.

En el país y en particular los que opinamos sobre el presente tema, debemos estar conscientes que una deuda cada vez más alta, va a representar una trampa que atraparía, retendría y tal vez profundizaría los niveles de rezagos que la economía y sociedad aún tienen, estacionando los problemas económicos en el tiempo, a pesar que él no se detiene, independientemente de la acción o inacción de los involucrados.

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