Opinión

Haitianizandonos

Profundamente decepcionado por la incapacidad e irresponsabilidad de las autoridades edilicias o municipales de esta ciudad de Santo Domingo, primada de América como ha sido bautizada, a lo que debemos sumar que fue calificada una vez, hace más de 60 años, no por dominicanos, servidores o no de la dictadura de Rafael Trujillo Molina, como una de las ciudades, o tal vez la más limpia de Hispanoamérica, se haya convertido hoy, paso a paso y día a día, en una réplica o imitación de la capital de la llamada República de Haití, que conocemos con el nombre de Puerto Príncipe.

Qué pena o qué vergüenza nos da, a quien muchas personas califican como “montecristeño”, que nos hace sentir orgulloso también, aunque vinimos al mundo en el antiguo “Hospital Internacional”, ubicado en la avenida México esquina Rosa Duarte donde está hoy un colegio evangélico, pero que en 1936 era un moderno centro médico, donado por la Iglesia Evangélica al pueblo dominicano en septiembre de 1930, cuando nos azotó el ciclón de San Zenón.

¡Haitianizándonos!, frente a la indiferencia e irresponsabilidad de las autoridades del Ayuntamiento de esta legendaria ciudad de Santo Domingo. Por todas las calles de todos los barrios que la conforman, en diferentes esquinas, venta de frutas y comida, manejadas por haitianas y haitianos y las calles, una inmensa mayoría, por la que transitan en triciclos y carretillas, vendedores de cocos, guineos, mangos y naranjas.

No existe autoridad, ni municipal y menos de la Policía, institución creada bajo el criterio de que es “una autoridad civil uniformada, para imponer el orden y mantener el respeto a todos los ciudadanos del país”, pero en el caso de las haitianas y haitianos del que hemos hablado, que deben ser sometidas al orden y respeto de esta ciudad, en la realidad son totalmente indiferentes.

El autor de esta columna escribió un libro, que va por su tercera edición en menos de cinco años, que lleva el título de “Haití y la República Dominicana: Un origen y dos destinos”; y debemos sentirnos complacidos y orgullosos, porque nuestro libro ha tenido esa demanda y por los elogios que hemos recibido, sobre todo de extranjeros, particularmente de España.

En ese libro hemos recogido la verdadera historia del pueblo haitiano, calificativo que no se corresponde con la verdad, porque Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América, con la responsabilidad que tenía como escritor y ensayista afirmó, hace mucho tiempo, que Haití no era un Estado y en consecuencia no era una República; que Haití era realmente “Un conglomerado humano”.

Estamos en el mes de agosto, en el que conmemoramos y celebramos a partir del día 16, el inicio en Capotillo del levantamiento que se convertiría en “Guerra de la Restauración”, que en la realidad histórica es la gran epopeya del pueblo dominicano en la cual demostró, en una verdad incuestionable, que ha sido desde la génesis de su nacimiento “Un actor solitario de su historia”; verdad que motivó a Fidel Castro Ruz, personaje inmortal de la historia contemporánea universal, llamarlo “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

Es muy doloroso también, para quien escribe esta columna, fundador, militante y dirigente del Partido de la Liberación Dominicana, que fue concebido, creado, fundado y dirigido por Juan Bosch para servirle a nuestro pueblo. Y el maestro concibió esa idea, teniendo presente como antecedente el levantamiento revolucionario militar y popular, iniciado el 24 de abril de 1965. ¡Que no conviertan a Santo Domingo en el Puerto Príncipe Moderno!.

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