Opinión

Danza de petróleo

Desde mediados del 2015 los países productores y exportadores de petróleo vieron descender sensiblemente sus ingresos en divisas debido a la caída en picada de los precios del crudo en los mercados internacionales, mientras que las economías importadoras de hidrocarburos acumularon buenos ahorros por el pago de una factura petrolera a precio de vaca flaca.

Para los Estados que son importadores (compradores) netos de productos energéticos el afianzamiento de la tendencia decreciente en las cotizaciones del crudo resultó ser una especie de bendición financiera, toda vez que sus respectivas cuentas nacionales vieron disponer de más dinero para ser destinados a inversiones públicas, pago del servicio de la deuda pública y gastos sociales, en lugar de entregar esos recursos a las cuentas bancarias de los exportadores (vendedores) del crudo.

Los países cuyos ingresos en divisas dependen en grado sumo de las ventas de petróleo han vivido en los últimos tres años en situaciones financieras, políticas y sociales muy complicadas. Al disponer de menos dinero para renovar su parque tecnológico energético y la impostergable agenda social se desataron fuertes demandas político-sociales que conspiraron contra la estabilidad institucional del Estado.

¿Cuántos y cuáles países dependientes de la economía petrolera han logrado aprovechar la vigencia del ciclo depresivo en los precios del crudo para hacer un alto en el camino e introducir reformas dentro de sus respectivos modelos económicos para diversificar su base productiva y la oferta exportable de bienes y servicio?

Las reformas precitadas debieron estar en la agenda institucional de los gobiernos que vieron caer en picada sus ingresos en divisas. Entre esos cambios y adecuaciones tanto de su base económica como de su fortaleza institucional se encontraban el mejoramiento en la calidad del gasto público, pasando por un mejor criterio de inversión pública para estimular la participación de la inversión privada en la esfera productiva.

Pero también los países que se estaban beneficiando con la caída en los precios del petróleo (dentro de los cuales se encontraba la República Dominicana) debieron darse cuenta de que la era de las vacas flacas del negocio petrolero no había llegado para quedarse por los siglos de los siglos (per secula seculorum, como decían los antiguos romanos).

Era lógico pensar que el retorno de la tendencia alcista en las cotizaciones del crudo se haría presente a mediano. Pues bien, ese momento ha llegado y el valor de la factura petrolera de los países importadores de energéticos se incrementará notablemente. Porque ahora corresponderá a los países productores y exportadores del crudo recuperar una parte significativa de sus ingresos en divisas dejada de percibir en estos casi tres años de petróleo barato. ¿Cuestión de justicia comercial internacional?

Y si países dependientes de las importaciones de petróleo no llegaron a guardan pan para mayo, creando incluso un fondo de contingencia financiera para compensar en parte el repunte en los precios del crudo agregando más calidad en el gasto público, si las citadas medidas preventivas no fueron adoptadas oportunamente, entonces podríamos estar asistiendo al registro de turbulencias financieras en las cuentas nacionales, con su correspondiente impacto político-social.

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