Opinión

El capital humano en República Dominicana

El Capital Humano es un término novedoso en los ámbitos de las ciencias económicas y sociales, entendido como “la cantidad de conocimientos, habilidades y Salud acumulada por cada individuo durante toda su vida”. Este concepto ha sido tomado de base para la elaboración del Índice de Capital Humano (ICH), un nuevo método que viene implementando el Banco Mundial, para medir el crecimiento económico de los países.

En el más reciente informe sobre el índice de Capital Humano, presentado por el Banco Mundial el 11 de octubre del presente año 2018, la República Dominicana ocupa el lugar 101 de 107 países medidos, sin contar a Cuba, Venezuela y Bolivia que no fueron medidos. De conformidad con este estudio, la República Dominicana a penas se haya por encima de Guatemala y Haití, lo que significa de acuerdo a este ranking, que la situación del país no es buena, por lo que constituye un reto para las autoridades de la nación presentes y futuras, trabajar para revertir dicha realidad al menor tiempo posible.

De acuerdo a la forma tradicional de medir el crecimiento económico de los países a partir del Producto Interno Bruto (PIB), la República Dominicana presenta un crecimiento sostenido de la economía durante los últimos veinte (20) años, sin embargo, este crecimiento no se refleja de un todo en la mejora de la calidad de vida de las mayorías de dominicanos, los cuales presentan altos niveles de pobreza, miseria, marginalidad y exclusión social en áreas tan importantes como educación, salud, recreación, deporte, vivienda, agua potable, energía eléctrica, uso del internet, etc.

Los problemas sociales indicados precedentemente, coinciden con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también conocidos como la Agenda 2030, aprobada el 25 de septiembre 2015 por la asamblea de la Organización de las Naciones Unidas, de la cual la República Dominicana es signataria y tiene el compromiso nación de darle respuesta al finalizar el año 2030.

El gobierno dominicano viene realizando grandes esfuerzos con el interés de cumplir con la referida agenda 2030 u ODS, lo que equivale de algún modo esforzarse también por mejorar o elevar el índice de Capital Humano, sin embargo, todo parece indicar que hará falta mayores esfuerzos de parte del gobierno y los sectores de la sociedad que producen riquezas, para poder cumplir con la agenda 2030, y elevar la calidad de nuestro Capital Humano en el periodo en cuestión, ya que como afirma el presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim, los gobiernos de las mayorías de los países, -y el nuestro no es la excepción-, se interesan más en invertir “en Capital Físico: carreteras nuevas, bellos puentes, aeropuertos relucientes y otras obras de infraestructura… , sin embargo, están menos interesados en invertir en capital humano, que es la suma total de la salud, las habilidades, los conocimientos, la experiencia y los hábitos de una población”.

Es un imperativo de la nación dominicana trabajar para elevar el índice de capital humano, ya que este es determinante en el comportamiento del Capital Social, es decir, el conjunto de valores inmateriales, como la responsabilidad Social, solidaridad, patriotismo, asociatividad y ciudadanía, que deben adornar a todo ciudadano que forma parte de un conglomerado humano, variables estas que permiten medir la colaboración social entre los integrantes de cualquier colectivo humano, nación o país. El capital social se haya íntimamente ligado al concepto de participación ciudadana.

Un país con capital social fuerte, elevado, es un país con organizaciones políticas, religiosas, empresariales, sindicales, profesionales, comunitarias, grandes, fuertes y duraderas. En cambio, un país que no cuenta con un capital social, responsable, solidario, gregario y socialmente comprometido con los intereses nacionales, es considerado un país con una ciudadanía débil, pasiva, razón por la cual no avanza ni se desarrolla en la dirección que se espera de conformidad con los parámetros internacionales.

El desarrollo de toda sociedad se haya asociado directamente con la combinación del capital físico, capital social y capital humano, sin embargo, es del capital humano de donde se derivan el capital físico y el capital social. Un individuo con bajo capital humano suele ser apático, indiferente, abúlico, holgazán, poco creativo, poco sociable, sin iniciativas y poca capacidad productiva; condiciones estas que se reflejan de forma negativa en el capital físico y el capital social del conglomerado humano al que pertenece la persona.

Vistas, así las cosas, no es errático relacionar el lejano lugar que ocupa la República Dominicana en el preindicado índice de capital humano publicado por el Banco Mundial, con la proliferación de un conjunto de males que afectan el cuerpo social de la nación, como son: los juegos de azar, los embarazos en adolescentes, el bajo rendimiento y la deserción escolar, los feminicidios, el robo común, el contrabando de drogas y la drogadicción, la prostitución, entre otros, los cuales se hayan vinculados al bajo capital social. Esto afecta también la fortaleza de nuestras instituciones públicas y privadas, políticas, empresariales, sindicales, gremiales, religiosas, familiares y comunitarias.

Esa realidad es la que explica la debilidad institucional que presentan nuestros partidos políticos, las asociaciones empresariales, sindicatos de trabajadores, gremios de profesionales, asociaciones populares, juntas de vecinos y hasta religiosas. Esta misma realidad impacta negativamente en el Estado dominicano haciéndolo cada vez más débil institucionalmente, generándose una especie de circulo vicioso que no deja avanzar la nación dominicana a los niveles que lo vienen haciendo otras con menos condiciones materiales que la nuestra. Si no tenemos un Estado fuerte e institucionalizado, es porque las entidades sociales en las que se sustenta, como es el caso de los partidos políticos, los gremios empresariales, sindicales y de profesionales, son organizaciones institucionalmente débiles; y no tenemos instituciones sociales fuertes, porque el Estado no ejerce su función rectora en la construcción del capital humano que se requiere, para que estas lo sean.

Sigo pensando que es tarea pendiente de los hombres y las mujeres de la nación dominicana del presente, tanto públicos como de la sociedad civil, trabajar día a día por engrandecer la patria y dignificar a sus ciudadanos, procurándoles calidad de vida, como lo concibieran los padres fundadores de la dominicanidad liderados por el insigne Juan Pablo Duarte, para que podamos colocarnos en los rankings mundiales a la altura de las naciones más desarrolladas del mundo, como es el caso del Índice de Capital Humano.

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