Cultura

Las búsquedas etno-gastronómicas y existenciales de RECUERDOS, AMORES Y FIDEOS (RAMEN TEH)

Existe en nuestros países un dicho muy viejo «El amor entra por la cocina», y esta aseveración salida de lo más profundo de la sabiduría popular se conecta perfectamente con Recuerdos, Amores y Fideos del singapurense Eric Khoo. Por supuesto, el realizador toca otros temas vitales para complejizar su receta fílmica.

La fuerte presencia de los chinos en Singapur produce un sabroso maridaje entre las comidas propias de su lugar de emigración y del país en que se han asentado. Los platos sufren una transformación cuando incorporan ingredientes del lugar o adaptándolos a los vaivenes climatológicos que difieren de los del sitio de origen.



Khoo no rehúye apoyarse en la historia y los conflictos políticos pasados para darle una cierta profundidad a ciertas actitudes emocionales que aparentan ser arbitrarias. Si al factor de las diferencias étnicas se le agregan los hechos históricos, tenemos el caldo de cultivo para un drama cercano a las obras shakesperianas.

Recuerdos, Amores y Fideos (Ramen Teh) nos habla de Masato, un joven chef de Ramen que quiere saber más de sus padres fallecidos, dejando Japón para embarcarse en un viaje culinario hacia Singapur y encontrar la explicación sobre el pasado de su familia. Durante su recorrido, Masato descubrirá los secretos de sus ancestros, suculentas recetas y mucho más.

El director de este drama culinario es Eric Khoo, con el guion de Tan Fong Chen y Wong Kim Hoh. Los intérpretes son Tsuyoshi Ihara, Seiko Matsuda, Takumi Saito, Jeannette Aw, Tetsuya Bessho, Mark Lee y Beatrice Chien, la duración es de 89 minutos y fue coproducida entre Singapur, Japón y Francia.

Viaje al fondo de la cocina familiar

Al fallecer su padre Kazuo (Tsuyoshi Ihara), dueño de un restaurant de Ramen, el joven cocinero Masato(Takumi Saito) su hijo , descubre los diarios de su madre Mei Lian (Jeannette Aw), también fallecida un tiempo antes, que contienen recetas y un mensaje que no puede leer porque desconoce el mandarín, el idioma de ella.

La película pudo convertirse en una fábula amable sobre la gastronomía, si el director no la sitúa en el medio de un conflicto familiar, pues su madre es china y su padre japonés. Debemos recordar la ocupación de Singapur en la Segunda Guerra Mundial y los desmanes del ejército imperial contra los chinos de este país.

El encuentro casual, Mei Lian y Kazuo, se propicia por medio del Bak Kut Teh, una sopa china que se sirve en Malasia, Singapur, Taiwan, Indonesia y Tailandia. Consiste en costillas de cerdo cocido en un complejo caldo de hierbas y especias, adobada con hongos y guarniciones varias.

Lo que unió el Bak Kut Teh, lo desunió el pasado de las rencillas históricas entre chinos y japoneses en Singapur. La relación de Mei Lian y Kazuo prosperó, pero ellos cargaron con el muro de silencio y separación que decretó la matrona, Madam Lee (Beatrice Chien).

Masato, en Singapur, tiene múltiples misiones. Encontrarse con una parte de sus raíces, desenredar el nudo del conflicto familiar y descubrir el secreto para abordar el plato que hizo a su padre enamorarse de su madre. Pero ninguna de estas problemáticas tiene una fácil solución.

Caldos chinos para el alma

La película no destaca por tener grandes actuaciones ni tampoco una atmosfera que la eleve a grandes alturas, por este tono en sordina que emplea el director y que la hacen parecer más ligera de lo que realmente es. La intensidad del conflicto reclamaba una enérgica interacción de los personajes, además de un ambiente más cargado y menos amable.

Recuerdos, Amores y Fideos (Ramen Teh) de Eric Khoo, es una celebración de la mezcla de razas y de sabores culinarios sin separarlos de los conflictos históricos o familiares, en un Singapur que sirve como telón de fondo para que su autor nos haga ver la compleja diversidad étnica de este país y del continente asiático.

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