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Cancel Miranda recuerda ataque a Congreso hace 65 años

El ataque de un comando de cuatro nacionalistas puertorriqueños al Congreso de Estados Unidos hace hoy 65 años, fue un acto de dignidad, aseguró el exprisionero político Rafael Cancel Miranda, uno de sus protagonistas.

La acción, encabezada por Lolita Lebrón, tuvo el propósito de denunciar al mundo la farsa del Estado Libre Asociado (ELA), impuesto por Washington en 1952, que sacó un año después a Puerto Rico de la lista de países coloniales de las Naciones Unidas.

“Se trató de un buen acto para la lucha y para la dignidad de nuestro pueblo; un acto de dignidad ante la humillación a nuestro pueblo, pues quisieron engañar al mundo de que el ELA era soberano”, afirmó Cancel Miranda, quien destaca el reconocimiento constante del pueblo en la calle.

El combatiente nacionalista, que pasó 25 años encarcelado al igual que los otros integrantes del comando, que incluyó además a Irving Flores y a Andrés Figueroa Cordero, destacó cómo ahora Estados Unidos, “65 años después, nos tira en la cara que somos una colonia y Washington nos imponen una junta fiscal dictatorial”.

Cancel Miranda ratifica su orgullo al exponer la vida por su patria porque sabía, al igual que sus compañeros, que podía morir en la acción, tal como expresó Lolita Lebrón después de realizar los disparos con armas semiatomáticas hacia el hemiciclo de la Cámara de Representantes en Washington, donde resultaron heridos cinco congresistas.

Con 88 años de edad, voz enérgica y gran fortaleza física, el exprisionero político, quien antes de los hechos había sido encarcelado por dos años al negarse a cumplir el servicio militar obligatorio en las fuerzas armadas de Estados Unidos, narró que varios días antes del ataque fue a Washington para saber cómo llegar al Capitolio.

“No era un viaje placentero, sino de deber, de dignidad”, expresó al recordar que su compañero Irving Flores se encontraba en Nueva York después de participar en la insurrección nacionalista del 30 de octubre de 1950, cuando se proclamó en Jayuya la República de Puerto Rico, aplastada por la Guardia Nacional, que incluso bombardeó a la población civil en el centro de la isla.

El exprisionero político confesó que, como tantas veces le pasa, prefiere abrazar a la gente, “pero si nos masacran, como ocurrió en Ponce el 21 de marzo de 1937, donde mis padres fueron sobrevivientes, o antes, en 1935, en la Masacre de Río Piedras, donde los gringos ordenaron disparar contra los nacionalistas puertorriqueños, tenemos que responder”.

Aseguró de sus compañeros que “me honra que caminé con ellos ese camino hacia allá. Haber conocido a Andrés Figueroa Cordero, a Lolita Lebrón a Irving Flores, que participó en la Revolución Nacionalista. Lolita es como un altar patrio, para mí esa es mi familia en todo sentido”.

La indiferencia que muchos parecen mostrar ante la crisis que experimenta Puerto Rico, Cancel Miranda la atribuye “al mismo sistema colonial, eso ha sucedido en todas las colonias del mundo; una ínfima minoría de las 13 colonias luchó contra los colonizadores ingleses, y la población evadía (a los luchadores) como si tuvieran lepra”.

Por esta razón, no le extraña que muchos puertorriqueños estén atrapados “en el coloniaje, porque el colonialismo atrapa las mentes; hay unos que se creen más gringos que los gringos pese a las humillaciones. A mí me salvó que nací en un hogar nacionalista”.

“Es importante que haya puertorriqueños que todavía luchan porque seamos libres”, expuso el héroe del nacionalismo puertorriqueño.

Sostuvo que en las condiciones actuales, mientras perdure la dominación imperialista, todos los métodos de lucha son legítimos para el pueblo puertorriqueño.

Cancel Miranda, quien salió de prisión el 12 de septiembre de 1979 al igual que a sus compañeros Lolita Lebrón, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero, además de Oscar Collazo, preso desde el 1 de noviembre de 1950 por el ataque a la Casa Blair junto a Griselio Torregrosa, que cayó en la acción, nunca ha aceptado la ciudadanía estadounidense, por lo que está imposibilitado de viajar al extranjero desde que se impuso como condición poseer pasaporte.

El entonces presidente estadounidense James E. Carter conmutó las condenas a los nacionalistas después de amplias campañas nacionales e internacionales, y negociaciones secretas.

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