Opinión

Las Escuela de Padres nacen en nuestra república en el año 1998, mediante Orden Departamental No.11´98, durante el primer gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, con la finalidad de involucrar a los padres de familia en los aspectos relevantes del proceso enseñanza-aprendizaje de sus hijos. En ese orden, estos organismos capacitarían a los padres de familia, comunitarios cercanos y tutores, para colocarlos en condiciones de colaborar en forma crítica y constructiva con los procesos que desarrolla la escuela en donde están inscritos sus hijos.

Estas escuelas en conjunto, son un proyecto cualitativo que debe impactar en la vida escolar y comunitaria, en forma directa y activa, a través de reflexionar la praxis escolar y familiar, tienen el objeto de formar, capacitar y adoctrinar a padres, madres, familiares y tutores como actores del sistema escolar. Formar, capacitar y adoctrinar en materia educativa y en materia social, siempre centrando su accionar, en la mejora de los procesos escolares.

Los propósitos fundamentales de estos organismos del sistema, son entre otros, trabajar la promoción de una formación capaz de transformar la realidad escolar por vía de las familias y las escuelas en el ámbito de los valores universales, sociales e instrumentales y desde ahí, lograr en forma paulatina que en las aulas se desarrolle una educación adecuada y pertinente para sus hijos. También, estos organismos buscan lograr en forma mancomunada escuela-familia, una efectiva prevención frente a los principales problemas que aquejan a la niñez, a la adolescencia y a la juventud en edad escolar.

Una de las razones principales de la existencia de estas escuelas de padres, se encuentra en motivar permanentemente a los padres a participar en las actividades educativas formales y no formales, las que han de promoverse con el propósito de lograr una educación de calidad.

Asimismo es importante que estas entidades cumplan con la necesaria función de capacitar a su matrícula en los aspectos educativos y formativos. Todo ello, con el propósito de que los padres se involucren de manera eficiente en el desarrollo curricular, en lo referente a la disciplina escolar, al mantenimiento de la planta física y a la gestión de recursos materiales y financieros de la escuela.

Es necesario tomar en cuenta la importancia de organizar estas escuelas de padres en cada Centro Educativo, porque la implementación de estos espacios en los centros educativos es imperativo para el éxito escolar. No está demás recordar, que estas entidades están colocadas como una de las responsabilidades del Equipo de Gestión de las escuelas, según se establece en el art. V de la Orden Departamental No. 11’98.

Debemos abogar desde afuera del sistema, para que se rompa con la tradición de que esta tarea organizativa sea delegada por el director o el equipo de gestión, al área de orientación y psicología de los respectivos centros educativos. Ese debe ser un trabajo directo de la dirección escolar, por las implicaciones que tiene dicho organismo, en cuanto a los objetivos cualitativos de la escuela.

En el artículo IV de dicha orden, queda establecido, que las direcciones distritales son las instancias técnico-operativas con la responsabilidad de organizar en los centros educativos de su jurisdicción las Escuelas de Padres y sucede lo mismo, la tarea es asumida por los equipos Técnicos Distritales de Orientación y Psicología y los de la Dirección de Participación Comunitaria. La Dirección de Participación Comunitaria y la Dirección de Orientación y Psicología, son las instancias, que el Viceministerio de Servicios Técnicos Pedagógicos del MINERD, ha definido como responsables de coordinar y definir de manera conjunta, las líneas de intervención que se desarrollarán en estos espacios. La pregunta que nos hacemos es: ¿Por qué no se ha logrado la implementación objetiva de las Escuelas de Padres?

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