Hablan los hechos

Desde que se reconoció la presencia e influencia de la globalización, se comenzó la discrepancia acerca de como este fenómeno afectaba la circulación de capitales y el trato del conocimiento a través de las fronteras. A favor de la globalización surgieron argumentos como que los mercados de libre circulación de capitales garantizarían que el dinero fuera a donde iba a ser más productivo, aunque muchas veces esto no necesariamente se traduce en más producción ni en una aceleración en el crecimiento del PIB.

Como se sabe, la evolución de las corrientes de capital privado en las últimas cuatro décadas evidencian que a partir de 1970 se puso a disposición de muchos países en desarrollo un volumen considerable de fondos y, posteriormente, en el decenio siguiente, se produjo una severa y generalizada escasez de financiamiento, sobre todo para los países latinoamericanos. Tambien en el decenio de 1990, el financiamiento volvió a América Latina, pero cargado de volatilidad, lo que implicó una gran reducción, con una salida generalizada de los flujos de cartera a fines de 1994 y comienzos de 1995.

En todos estas hechos, los movimientos del financiamiento externo fueron inducidos, en gran parte, por factores de la oferta, en el cual tuvieron un fuerte impacto sobre las economías nacionales en ambos extremos del ciclo, con el contagio del exceso de optimismo, primero, de un pesimismo exagerado, más tarde. Pero se tiene que a escala global, los factores puramente financieros han estado evolucionando a una velocidad mucho más acelerada que el comercio internacional y la globalización de la producción.

Hay que poner de relieve que durante los decenios de 1970 y 1980, muchos países comenzaron a liberalizar sus sectores financieros y a relajar o eliminar sus restricciones sobre el uso de monedas extranjeras. Este fenómeno, junto con las innovaciones revolucionarias, en materia de informática y telecomunicaciones, así como en el uso de técnicas financieras cada vez más sofisticadas, contribuyó al notable auge de los flujos internacionales de capitales

En esa dinámica, el auge financiero se desarrolló en un contexto de regulación y supervisión inútiles o inexistentes, y en el cual, además, las reglamentaciones tenían un sesgo pro cíclico. Como consecuencia del mayor volumen de financiamiento externo disponible se generó una demanda mayor por acceder a él, debido a políticas internas procíclicas o pasivas y donde los países receptores que adoptaron tales políticas registraban así una creciente revaluación cambiaria, con mayores déficit en cuenta corriente, financiados en alto grado, con afluencias volátiles de capital, que tendían a volverse cada vez más vulnerables frente acreedores externos.

En el caso de la región de America latina, esta entró una zona de vulnerabilidad, en que la economía se tornó cada vez más sensible a los acontecimientos políticos o económicos adversos y quedó sometida a las ligerezas de de unos pocos analistas de Londres, Frankfurt y Nueva York. Esto es, las economías quedaron a merced de los ocasionalmente caprichosos mercados de capitales que respondían al fenómeno de la globalización y a los enfoques del fundamentalismo neoliberal.

En la actualidad, las economías nacionales se descomponen y se rearticulan en un sistema de transacciones y de procesos que operan directamente a nivel internacional y la creación de riqueza de los países depende de empresas cada vez más integradas en sistemas globales de grandes compañías que operan según una lógica que puede ser diferente a los intereses de los países. Se trata de que la modernización de la economía ya no es función exclusivamente de la industria nacional, y el capital nacional ya no es la única forma de organización de la actividad económica, y lo que sea que hoy podamos llamar capital nacional se integra crecientemente a esa lógica global, incrementándose de esta manera la vulnerabilidad en tiempos de globalización.

La liberalización del comercio y de los movimientos de capital, la privatización de sectores y empresas que eran propiedad Estatal y la desregulación en distintos ámbitos, incluyendo el laboral, fueron reformas necesarias para permitir la extensión y profundización del proceso de globalización. Es así como el proceso de adaptación de las economías nacionales y del sistema de flujos internacionales a los requerimientos de la globalización, ha implicado profundos cambios orientados a aumentar la competitividad de las empresas.

El proceso de reestructuración global se produce en forma desigual y en el cual se observan disparidades regionales, entre sectores socioeconómicos y de género, con diferentes consecuencias muchas de las cuales han implicado deterioro de la calidad de vida de las personas. En algunos países ha dado lugar a un rápido crecimiento, pero en otros ha llevado a la recesión, por lo que algunas regiones han quedado al margen de la economía global, como se puede apreciar en el número de países clasificados en extrema pobreza, según la ONU, que subieron de 25, en 1971, a 68 en la actualidad, países que no han logrado beneficiarse como otros de la liberalización del comercio.

Una mirada al panorama mundial y nacional es considerada necesaria en la medida que no podemos sustraer a los jóvenes de una realidad económica y política que los lleva a sufrir los más fuertes embates de la violencia, el desempleo, la pobreza, la marginación y la exclusión social. Al pensar en las características de un modelo de apertura económica como son flexibilidad y competencia en el mercado de bienes y servicios, sugiere una gran flexibilidad laboral y una gran capacidad del Estado para promover oportunidades para los jóvenes en el marco de un ordenamiento político, económico e institucional acorde con los derechos sociales y económicos que otorga la Carta Magna frente a la vulnerabilidad

Se trata de que el Estado Social de Derecho suponga la instalación de una democracia participativa, pero a este supuesto se antepone un modelo cleptocratico anclado en la corrupción, debilidad institucional y la exclusión social, que hace parecer imposible la consolidación de la democracia política. Pero es que la globalización y el modelo de desarrollo de apertura económica han provocado que la vulnerabilidad y la exclusión aumenten, lo que conduce a que las posibilidades de trabajo disminuyan y al ser éste uno de los factores que produce la exclusión económica, se desencadenen nuevos factores de exclusión.

En la actualidad presenciamos a un mundo que está cambiando muy rápidamente y de una manera tan compleja que es difícil discernir cuales son los cambios más significativos y los que tendrán mayor influencia en la sociedad del mañana, acompañado de una explosión demográfica en expansión, que no podrá ser sustentada según los modos y niveles actuales de consumo de los recursos naturales.

En adición, el 95% de la población se concentra en los países en desarrollo, tipificando al siglo XXI con adelantos técnicos y descubrimientos científicos extraordinarios de tal nivel que no estamos preparados para recibir, haciendo el mismo muy vulnerable con grandes arsenales nucleares lo que obliga a la construcción de una nueva arca similar a la de Noé

Pero es que el mundo asiste a una transformación que abarca todos los ámbitos de la vida, lo que se ha denominado el tránsito de la sociedad industrial moderna a la sociedad post-moderna, suministradora de servicios. Pero resulta que la fuerza propulsora de la mayoría de estos nuevos esquema de producción se encuentra en el ritmo acelerado del progreso tecnológico, sobre todo en los campos de la electrónica, las comunicaciones y el transporte

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