Opinión

La Escuela de Padres y Madres, deben funcionar en cada centro educativo, dirigidas por un comité operativo. Esto al menos figura en el papel que dio origen a su formación.

Las escuelas de padres podrían ser un instrumento ideal para trabajar el cambio de actitud de la presente generación de padres, para que sirvan de génesis a la nueva ciudadanía, la que se pretende pueblan nuestra geografía y conviva en armonía sobre nuestro territorio, en un futuro próximo.

Las Escuelas de Padres fueron creadas mediante la Orden Departamental No. 11-98 y nacieron desde la idea del Doctor Víctor Hugo Delancer, un extraordinario estratega de la participación comunitaria y un ideólogo de la instrumentación democrática en nuestra sociedad.

Estos organismo formativos de adultos, son vías idóneas para la necesaria transformación que necesita la sociedad, porque es en la familia donde debe iniciar el proceso de cambio ciudadano.

Estas escuelas como instrumentos de cambio, deben convertirse en parte del camino que debemos caminar en la construcción de la nueva sociedad que necesita la nación y de la que estamos hablando en estos párrafos.

Las Escuelas de Padres, como instrumentos cualitativos de la relación escuela-familia y escuela-comunidad, deberían ser herramientas de carácter formativo y enfáticos sobre la crianza de los hijos.

Es en la familia en donde los niños aprenden modales y viven junto a los actores familiares de principalía, el conjunto de valores que caracterizan las conductas futuras de los adolescentes y jóvenes.

Esta labor misionera, junto a la participación en los procesos escolares, deben posibilitar el fortalecimiento de las Asociaciones de Padres, Madres, Tutores y Amigos, (APMAES), para que pasen a jugar papeles protagónicos en los cambios sociales del país.

Estos cambios no van a llegar a cristalizarse sin la alianza tripartita escuela-padres-alumnos, porque ellos garantizan integridad, conocimiento y ciudadanía para la sociedad a mediano plazo.

Estas escuelas aparecen en el parnaso histórico y social de la nación, enarbolando la idea, de que mediante la sensibilización y formación de los padres sobre sus derechos y deberes sociales, asuman de una vez y para siempre, su papel como actores importantes en el desarrollo de las escuelas.

Con estos criterios, se busca que los padres de familia puedan ayudar a sus hijos como estudiantes, a convertirse en ciudadanos diferentes a los que hemos tenido en las últimas tres décadas, con respecto al compromiso social y a las responsabilidades ciudadanas.

Se observa un deterioro progresivo en la calidad ciudadana, en donde se han perdido las formas de los comportamientos cívicos que llenaban de orgullo a nuestra gente y en cambio se exhiben conductas inapropiadas que dañan el buen nombre de nuestra nacionalidad.

Estas escuelas de padres podrían ayudar en el camino de aspirar un porvenir de prosperidad, decoro y dignidad individual y colectiva. Ese debería ser un legado para nuestros nietos.

A propósito de lo que acabamos de decir, el ideal al que se aspira, a través de la procura del desarrollo de las Escuelas de Padres encierra una visión de integración que abarca a los maestros y a las maestras, a las familias y a la comunidad en sentido general.

Esa integración fortalecerá la lucha de la ciudadanía, por una sociedad con mayores posibilidades de integración e integridad.

Todo esto con el propósito de alcanzar las metas necesarias para que la nación alcance el umbral de una convivencia capaz de vivir valores humanos que trascienden lo material, en donde nada humano falte, pero que nada solamente humano sea suficiente.

No podemos olvidar, que el propósito de la creación de estas Escuelas, es abrir espacios reflexivos y de acción, que posibiliten espacios formativos para padres y madres, en donde las familias alcancen nuevos aprendizajes acerca de cómo criar a sus hijos e hijas, conforme al contexto social, en un proceso cualitativo viable para el éxito en sus vidas particulares y así, enriquecer su entorno comunitario.

En ese proceso de aprendizaje para una mejor familia, los padres podrían desarrollar competencias que les permitan ser mejores padres y madres y estar más comprometidos con el desarrollo de su comunidad, del centro educativo y de sus propios hijos.

Aunque parezca que abunda, es importante recalcar, que las Escuelas de Padres, nacen para apoyar las actividades escolares y de la comunidad, para que contribuyan al desarrollo de hábitos, valores y actitudes en beneficio de la mejora de los aprendizajes de sus hijos como estudiantes.También para procurar el cumplimiento a cabalidad del calendario escolar.

Una de las cuestiones claves que deben asumir los padres, es garantizar con sus actuaciones, que se cumpla con las horas de docencia aprobadas en cada año escolar y que se encuentra explícito en su calendario.

Es tiempo de empujar para que la escuela sea atractiva a los alumnos, porque en ella aprenden, se ejercitan, se forman, se capacitan y aprenden en la práctica, la importancia de las artes y de los deportes.

Las Escuelas de Padres ayudarán en la promoción de una comunicación efectiva y unas relaciones interpersonales de convivencia, entre los padres, madres, tutores, docentes, alumnos, y el personal de apoyo administrativo.

Este propósito se convierte en una vía efectiva, para garantizar el cumplimiento de los objetivos y metas planteados en la escuela.

De igual forma, estos organismos de formación dinámica, deben promover y participar en forma activa y comprometida en las actividades de carácter formativo- que propicien un mayor apoyo de los padres, madres y tutores, en las actividades de sus hijos.

Uno de los propósitos en la creación de estas entidades formativa, es promover y participar en actividades culturales, deportivas y recreativas, como una forma de crecimiento personal y vinculación social.

En ese mismo orden, cuando se pensaron estas entidades formativas, se pensó, en que ellas deberían buscar vías factibles, para fomentar y dar seguimiento a las actividades planificadas por la escuela.

Estas escuelas tienen el poder para propiciar procesos de trabajo formativos en familia, como formas para ayudar desde el hogar, en la multiplicación de los beneficios de los aprendizajes de sus hijos.

Por último, y esto lo añado como herramienta necesaria, estas escuelas deben ser transparente en sus actividades y rendir cuentas, como una garantía de gobernanza, en el desarrollo de la vida escolar.

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