Hablan los hechos

En busca de una alternativa a Trump

Una de las pocas cosas a las que el hombre no ha podido oponerse a pesar de sus adelantos tecnológicos y científicos, es al avance del tiempo. Esto explica el que, en un aparente abrir y cerrar de ojos, nos encontremos nuevamente inmersos en la antesala de una campaña presidencial, que a diferencia de lo vivido en el 2016, de haber sorpresas esta sería el que los demócratas consigan revertir la derrota sufrida a manos de Trump.

Dado lo anterior, no es de sorprender que a lo interno del Partido Demócrata desde ya se esté dando forma a una nueva cruzada, cuyo objetivo principal es anticiparse a la ya desvelada estrategia y desfile de recursos que acarrea la campaña republicana. En efecto, tras el shock que produjo la derrota de Hillary Clinton, a costa de filtraciones de correo y una colosal campaña mediática, donde el equipo de Donald Trump movilizó a través de Facebook más de 1 millón de dólares diarios en la manipulación de la intención de votos, es de suponer que en esta ocasión los esfuerzos estén dirigidos a reducir cualquier margen de error.

Conscientes de la oportunidad única que se les presenta, los demócratas se encuentran enfrascados en unas concurridas primarias que prometen ser determinantes, dada la desesperada búsqueda de un rival que logre evitar que el actual inquilino sea reelecto por cuatro años más. Ahora bien, con aproximadamente una treintena de precandidatos, mas allá del objetivo común, el reto durante esta etapa pasa por armonizar las diferencias entre las posturas conservadoras, centristas y de izquierda que evidencian los candidatos.

El actual escenario guarda especial similitud con lo vivido en las pasadas elecciones legislativas, donde a pesar del avance que tuvo la corriente más progresista del Partido de la mano de una nueva generación de congresistas, fue el discurso moderado de la veterana Nancy Pelosi el que primó a la hora de lograr importantes victorias para la causa demócrata. La templanza de la veterana llevó a que lejos de dejarse provocar y que se les trazara prioridades, los demócratas se concentraran en tratar asuntos prioritarios como impuestos, sanidad y seguridad.

Un dato interesante es que la última vez que los demócratas tuvieron en oposición, los Estados Unidos estaban en pleno desarrollo de una crisis económica que se haría sentir en todo el mundo, así como enfrascada en dos desgastantes guerras cuyos costos y resultados al día de hoy han sido motivo de toda clase de cuestionamientos. Para aquella ocasión, y con apenas 8 precandidatos, los demócratas se decantaron por una propuesta moderna, inspiradora y moderada, que lejos de fraccionar al país, invocó la necesidad de unir esfuerzos por el bien común.

En esta ocasión las bases del partido parecen estar demandando posturas más progresistas, que contrasten claramente con la actual administración Trump, una realidad que tiende a radicalizar los discursos de ciertos precandidatos, en su afán de atraer el apoyo de los demócratas más militantes. Sin embargo, las experiencias previas nos indican, que una vez superada esta etapa, los precandidatos suelen retomar el centro en aras de conquistar sectores tan disimiles como hispanos, milenials, negros, asiáticos, indecisos, e izquierdistas, que normalmente no votan en primarias.
La indignación ha sido quizás el elemento aglutinador por excelencia de los partidarios demócratas, quienes han elevado el desafío de vencer a Trump al punto de tornarlo como un deber moral e histórico por el país. Esta ha sido justamente la bandera enarbolada por Joe Biden, el candidato favorito según todas las encuestas, y quien ha definido al actual mandatario y su administración como una “amenaza existencial”.

Con un rechazo del 52.6%, según datos de Real Clear Politics, la administración Trump ha buscado a toda costa remontar su aceptación popular por medio de una guerra comercial con China, una “cruzada moral por la democracia” en Latinoamérica, y el recrudecimiento de las políticas migratorias. A pesar de ello, el fantasma de la trama rusa ha seguido ensombreciendo la imagen del gobierno, donde a tres años de su elección, la posibilidad de un juicio político vuelve a emerger tras las conclusiones del fiscal Robert Mueller, quien no descargó de responsabilidad al propio presidente.
En efecto, a pesar de no poder incriminarlo debido a que la legislación estadounidense estipula que “un presidente no puede ser procesado mientras esté en funciones”, Mueller fue enfático al aclarar que esta facultad es atribución del Congreso y que estará en este Poder del Estado la decisión de procesar o no a Trump.

A pesar de la tentación inicial, aparentemente la alta dirección demócrata ha optado por el comedimiento, aunque han aclarado que “todas las posibilidades están sobre la mesa”.

En cuanto a los precandidatos, los más visibles a la fecha son el exvicepresidente Joe Biden; el senador por Vermont Bernie Sanders, quien aboga por combatir el populismo de Trump con más populismo; la senadora de Massachusetts Elizabeth Warren, conocida por su rol protagónico en la creación de la Oficina de Protección Financiera, tras la crisis económica del 2008; Kamala Harris del estado de California; el alcalde de Indiana Pete Buttigieg, quien ha hecho de su perfil milenial y homosexualidad una efectiva carta de presentación entre las nuevas generaciones.

Para el candidato puntero el transcurso de estos primeros meses ha sido tortuoso, convirtiéndose en el blanco preferido de los ataques de los demás precandidatos, quienes han encontrado fisuras en sus toma de decisiones a lo largo de una carrera política de casi medio siglo. Es así como tanto en el 1er. como en el 2do. debate, las críticas sobre su postura conservadora hacia temas como la segregación racial en los 70´s, la defensa al neoliberalismo, el apoyo a la invasión de Irak y su consabido coqueteo con las damas, acapararon gran parte de estos señalamientos.

A pesar de todo ello, el exvicepresidente ha conseguido mantenerse a flote, evidenciando ser la figura que cuenta con el peso, carácter y experiencia para plantar frente a Trump, quien en busca de evitar su postulación, recurrentemente lo señala como el más débil y fácil de derrotar. En esencia, Biden representa la última apuesta del liberalismo romántico que por décadas ha primado en Washington, y dado su peso y legado político, su postulación significaría un choque de trenes contra el actual mandatario, en el cual es seguro que se abrirán nuevas cicatrices, pero que de ganar podría conquistar aquellos votantes que coyunturalmente se opusieron a los demócratas en el 2016.

Faltará por ver si a la contienda podrían sumarse nuevas y sorpresivas caras, como Oprah Wingfrey o Michelle Obama, pero si de algo están conscientes los demócratas es que el peor enemigo del actual mandatario es el propio Trump.

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