Hablan los hechos

GRECIA: A 10 años del colapso

Hace aproximadamente una década, tras haber superado una aguda crisis económica y social heredada de una gestión gubernamental para el olvido, la economía de nuestro país se encontraba en pleno apogeo, un logro que nos permitió desde entonces disfrutar de un vertiginoso proceso de transformación y estabilidad que nos ha posicionado como una de las economías más pujantes de la región.

Esto, sin embargo, ocurría en medio de un contexto internacional adverso, que arrastró al colapso a numerosas economías a nivel mundial, hipotecando a su vez el futuro de millones de personas, que vieron cómo se desvanecían sus sueños de bonanza y bienestar social. Tal es el caso de Grecia, que haciendo honor a un capítulo legendario de su antigua mitología, parece haber caído víctima del laberinto del Minotauro, sin soluciones a la vista y con el temor de nunca poder escapar.

En efecto, nos encontramos en víspera del final de una década, que para muchos griegos podría considerarse periodo histórico perdido, mientras para el resto una cruda lección que les ha costado aprender. Nos referimos al estallido de la crisis de la deuda soberana de Grecia, un hoyo negro financiero, cuyos efectos prometen prolongarse aún más en el tiempo.

La burbuja que precedió a ésta debacle económica, se originó incluso antes de que las autoridades helenas adoptaran el euro como moneda común en el 2001, a base de un exponencial aumento del gasto público de más del 50%, entre 1999 y 2007, el cual financiaba mayormente con préstamos provenientes de naciones europeas. A su vez, la baja tasa de recaudación llevó a que los compromisos externos llegaran a unos alarmantes US$358,000 millones (incluyendo préstamos no declarados), que no solo superaban el 60% del PIB permitido por la Unión Europea, sino que llegó al 177%.

Es en ese contexto, que mientras la bola de nieve parecía alcanzar su punto crítico, el nuevo gobierno que estrenaba Grecia con Papandréu al frente por el Movimiento Socialista Panhelenico (Pasok) vio estallar la crisis económica mundial, lo que limitó sus fuentes de financiamiento y obligó al ejecutivo a revelar la verdadera magnitud de su déficit. Tal noticia hizo que los inversores externos pusieran su atención en Grecia, convirtiéndose desde entonces en un laboratorio de las más restrictivas fórmulas de rescate económico de los últimos tiempos, encaminada por los principales acreedores y admitida por una coalición entre los dos principales partidos, Pasok y Nueva Democracia.
A cambio, Grecia recibió varias rondas de financiamiento por la Comisión Europea, Banco Central Europeo y el FMI (conocidos como la Troika), comenzando por US$120,000 millones en el 2010, que ascendieron rápidamente a US$240,000 millones cuando fue evidente que el monto inicial no alcanzaría para honrar deudas.

Fruto de esos acuerdos, se impusieron drásticas medidas de austeridad, sendos recortes en los sueldos públicos, el gasto social y pensiones, que conjugado con mayores impuestos cual generó una movilización de la ciudadanía, al tiempo que brindaba insumo al discurso alternativo de nuevas formaciones políticas populistas de izquierda y derecha. En esencia, la pérdida de legitimidad de los dos partidos tradicionales da lugar al ascenso de Alexis Tsipras de Syriza, que llega en el 2015 buscando renegociar a toda costa las condiciones de los empréstitos.

Para cumplir con su promesa de un alivio para la población griega, Tsipras convocó a un referéndum para legitimar una posición nacional contra las restricciones impuestas por la Unión Europea, lo cual planteó la posibilidad de un “Grexit”, que por suerte nunca se produjo. Sucede que el ejecutivo griego finalmente cedió a las condiciones de la Troika, en un franco pragmatismo, que aun siendo incoherente con su programa electoral, ha contribuido a retomar la normalidad política a pesar de que para los ciudadanos la situación no ha cambiado a mejor.

En efecto, a la fecha la economía griega se ha contraído un 25% desde el estallido de la crisis, con una tasa de desempleo más alta entre los miembros de la Unión que ronda el 26% (60% entre los jóvenes). Todo esto ha acentuado la desigualdad social y ha condenado a millones de personas a la pobreza, mientras también han tenido que lidiar con el flujo sin precedentes de migrantes, que provenientes de África y Oriente Medio que huyen de la guerra en sus países en busca de refugio.

La crisis desencadenada por la oleada de migrantes alentó el discurso xenófobo de Amanecer Dorado, una formación política de extrema derecha. También ha sido un reto las tensiones internacionales con la República de Macedonia, que hasta finales del año pasado mantenían una clara diferencia sobre el uso del nombre de este país.

Sucede que Grecia había vetado el ingreso de Macedonia a la Unión Europea y la OTAN hasta tanto cambiara su nombre, que coincidía con la antigua Macedonia griega cuyo reino regenteó hace 2,000 años Alejandro Magno. En esencia, las diferencias guardaban un trasfondo geopolítico, que buscaba evitar que la ahora exrepública yugoslava se planteara a futuro algún interés territorial sobre la región griega, lo que se evitó cuando se acordó el nuevo nombre de Macedonia del Norte.

En términos generales, a 10 años del inicio de todo este torbellino los griegos parecen haberse resignado a su realidad enmarcada entre la austeridad, la indignación, fuga de cerebros y compromisos externos pendientes. Fue apenas el pasado año cuando se pudo aplicar el último grupo de medidas impositivas, sugeridas dentro del paquete de rescate que alcanzó los US$330,000 millones, una suma que posiblemente tarde varios lustros en saldarse.

Al día de hoy solo cuatro naciones han corrido peor suerte que Grecia durante este lapso de tiempo, cuyas economías se han contraído de manera más pronunciada (Libia 64%, Yemen 63%, Venezuela 41.5% y Guinea Ecuatorial 27.2%). Contrario a estas últimas economías, las cuestionadas medidas aplicadas en Grecia han permitido a la fecha una leve recuperación, que sin embargo no impidió que las últimas elecciones dieran al traste con el gobierno de Siriza.

En lo adelante toca al nuevo ejecutivo de la mano de Kyriakos Mitsotatis asumir los desafíos, para lo cual promete grandes reformas y liberación económica, a pesar de que fue su formación política una de las señaladas como responsable del colapso. Estará por verse si aprendió la lección.

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