Hablan los hechos

Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible: Aún estamos a tiempo.

Desde pequeño, solía deleitarme con los relatos de la carrera espacial librada entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética, una rivalidad sin precedentes, que llevó las ambiciones humanas más allá de los confines de la Tierra, llegando a tener como trofeo la superficie lunar. Sin embargo, con el pasar de los años, junto a la cada vez más realista posibilidad de colonizar otros planetas como es el caso de Marte, me he llegado a preguntar: ¿es digno de una especie considerada inteligente, buscar en otros mundos aquellas condiciones de habitabilidad que destruye y desprecia en el suyo?.

En efecto, son la explotación y consiguiente agotamiento de nuestros recursos naturales, la hambruna, mortandad infantil, las guerras y el calentamiento global, algunos de los principales problemas que atraviesa la humanidad, mientras cuantiosos recursos se disponen anualmente para avances en tecnología militar y exploración espacial. Ante dicha realidad, y la necesidad de plantar frente a estos retos, en el año 2000 las Naciones Unidas pusieron en marcha los Objetivos de Desarrollo del Milenio, una estrategia compuesta por 8 metas puntuales que se derivó de la Declaración del Milenio, y que marcó un antes y un después en el ámbito de cooperación internacional.

No obstante, a pesar de los éxitos exhibidos en materia de salud y educación, lo cierto es que los ODM (por sus siglas en español) presentaron algunas limitantes, al estar concentrados operativamente bajo la responsabilidad y supervisión exclusiva de la ONU y gobiernos centrales. Esa experiencia fue tomada de parámetro posteriormente, cuando para mediados del 2012 se comenzó a trazar los lineamientos de una futura agenda y objetivos globales de cara al 2030.

Promulgada en septiembre del 2015 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible ha pasado a ser el proyecto internacional más ambicioso y retador de las últimas décadas, con miras a hacer frente a los desafíos globales del siglo XXI. Su principal objetivo es transformar la manera en que gestionamos nuestras economías y políticas públicas, imprimiendo el sello de sostenibilidad, igualdad e inclusión en cada proceso.

Con un plan de trabajo ajustado a 15 años, los 193 Estados signatarios acordaron en aquella Asamblea General la implementación de 17 objetivos centrales que, acompañados de unas 169 metas específicas, contribuirían de manera positiva al planeta, la paz, las personas, las alianzas y la prosperidad. Para la puesta en marcha de esta agenda internacional, a diferencia de los ODM, se ha procurado involucrar a todos los actores sociales, incluyendo sociedad civil, gobiernos locales y sector privado.

Los objetivos delineados en la Agenda 2030 son: 1- Erradicar la pobreza en todas sus formas en todo el mundo; 2- Poner fin al hambre; 3- Garantizar una vida saludable y promover el bienestar; 4- Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa; 5- Alcanzar la igualdad entre los géneros; 6- Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua; 6- Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua; 7- Asegurar el acceso a energías asequibles; 8- Fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible; 9- Desarrollar infraestructuras resilientes; 10- Reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos; 11- Conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos; 12- Garantizar las pautas de consumo y de producción sostenible; 13- Tomar medidas urgentes para combatir el cambio climático; 14- Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos; 15- Proteger, restaurar y promover la utilización sostenible de los ecosistemas terrestres; 16- Promover sociedades pacíficas e inclusivas; 17- Fortalecer los medios de ejecución y reavivar la alianza mundial para el desarrollo sostenible.

Como bien se evidencia, lo acordado a nivel internacional con estos ODS constituye un proyecto abarcador, que va más allá del alcance tradicional de las ONG´s y organismos internacionales, en su misión de poner a las personas en el centro del debate y las políticas públicas, llegando primero a los más rezagados como antesala del desarrollo sostenible. Es quizás por este último factor, que en los últimos 4 años se ha evidenciado a nivel internacional una asimilación general de estos objetivos, haciendo de los términos resiliencia y desarrollo sostenible un lenguaje común a toda persona con vocación social.

Lo importante de la asimilación y participación colectiva en torno a los ODS, yace en la impostergable necesidad de tomar medidas puntuales, que atenúen los efectos que sobre la humanidad y el planeta han tenido tradicionalmente el accionar de gobiernos y multinacionales. Evidencia de la manera en que ha permeado la discusión en torno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se encuentran en las estrategias que hoy en día trazan las empresas en sus planes de Responsabilidad Social Empresarial, la concienciación social sobre el valor del reciclaje, las campañas contra la violencia de género, el uso de energías alternativas y las políticas de asistencia social.

En nuestro país se han sentado las bases para un seguimiento apropiado de los avances sobre este particular, creándose una Comisión Nacional de los ODS, la cual alineada a la Estrategia Nacional de Desarrollo constituyen el marco de referencia de las políticas sociales y económicas de la nación. No obstante, a pesar de los importantes y tangibles avances, ciertamente queda mucho camino por recorrer en nuestra misión de cumplir con la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

Hay quienes consideran que, dado que cada nación vive su propia realidad, con sus limitantes o ventajas frente a las demás, los ODS pueden terminar convirtiéndose en una aspiración globalmente deseable, pero individualmente inalcanzable para la mayoría. Por realista y tentadora que luzca esa conclusión, lo cierto es que como humanidad no contamos con otra opción que no sea avanzar de manera responsable e interconectada, con miras a un futuro sostenible e incluyente.

Necesitamos continuar las sendas del desarrollo, pero logrando que las demandas de las presentes generaciones no comprometan el mundo que les tocará vivir a las futuras. Bastaría recordar la advertencia que para la posteridad nos legara el exsecretario General de la ONU, Bam Ki-moon, al sentenciar que más allá de las metas acordadas en los ODS “no hay un plan B, porque no existe un planeta B”. Aún estamos a tiempo.

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