Hablan los hechos

Argentina en el horno

Tras la llegada de Mauricio Macri a la presidencia de Argentina en el 2015 se abrieron grandes expectativas dentro y fuera de ese país ya que este había prometido transformar las condiciones materiales de la población e impulsar a la economía hacia un desarrollo sostenible. Sin embargo, las acciones de la administración Macri se sustentó en la ortodoxia económica neoliberal, la agenda electoral y la retaliación a su antecesora, esquema que ha caracterizado el actual gobierno, lanzando a ese país ante los pies del FMI y a expandir el endeudamiento público sin precedentes.

Tocar las puertas del FMI fue interpretado por la ciudadanía como una señal de alarma sobre la grave situación de la economía, cuyos efectos inmediatos fue grietar la confianza popular del presidente Macri. La crisis de confianza que explotó en Argentina fue de tal magnitud que el Banco central promovió subida sucesiva de tasas de interés e intervenciones en el mercado financiero Argentina que no lograron frenar el alza descontrolada del dólar estadounidense frente al peso, lo que obligó al gobierno tomar drásticas para evitar tanto el pánico bancario, así como el hundimiento del peso.

Las medidas en cuestión empeoraron la situación de la economía Argentina ya que las mismas provocaron una subida de los tipos de interés hasta el 40%, se vendió reservas internacionales por encima de lo prudente y se anunció un programa fiscal de mayor austeridad. La esperanza de la ciudadanía de que la economía se estabilizara fue decepcionada y sus sueños se arruinaron al enterrarse que el país sudamericano entraba a la condicionalidad del FMI por la fría suma de $57, 000 millones de dólares, un récord sin precedentes.

La precipitación del deterioro económico ocurrió a la velocidad de la luz solar; el tipo de cambio pasó de 21 pesos argentino por un dólar a 41, en menos de un mes se colocó 63, pero al gobierno intentar contener la caída de la moneda local, lo que ocurrió fue un incremento de las tasas de interés de hasta 70% y la economía colapsó. El impacto inmediato fue que el consumo se detuvo y crecieron la pobreza y el desempleo, en tanto que, miles de pequeñas empresas cerraron sus operaciones.

Argentina ha entrado en el horno con una elevada inflación crónica, marcada por ocasionales episodios de hiperinflación y de deflación, y una moneda extremadamente débil, siendo esta la divisa que más se devaluó frente al dólar en 2018, al perder la mitad de su valor, desde su creación, en 1881, lo que supone más o menos una billonésima parte del que tenía 140 años atrás.

En el 2017 Macri iniciaba su segundo año del mandato y Argentina ya mostraba un cuadro macroeconómico alarmante: sus déficits fiscal, comercial y por cuenta corriente estaban entre los más elevados del mundo y el peso, en fluctuación, no dejaba de devaluarse mientras aumentaba la deuda externa. La catástrofe llegó en abril de 2018, aunque desde enero el Gobierno era consciente de que la economía iba a derrumbarse ya que la corrida cambiaria en abril y otra en agosto trituró el peso y dispararon la inflación a niveles insoportables.

Durante el periodo 2015-2018, en pleno gobierno de Macri, Argentina había sido el mayor emisor mundial de deuda, en el ranking de deuda, en términos absolutos y había acumulado créditos por casi 143,000 millones de dólares. Al recurrir al FMI con el mayor préstamo de su historia: 57.000 millones de dólares, Argentina cayó en un derrumbe económico. En efecto, bajo las condiciones impuestas por el FMI, hubo que imponer unos recortes brutales que condujeron a la enésima recesión, que la encaminaba a la contra lógica económica, la caída de la actividad no frenó la inflación ya que ocurrió lo contrario.

Es relevante el hecho de que Macri recibió en diciembre de 2015 una economía con una relación deuda/ PIB que oscilaba entre el 41% y el 45% del PIB, la cual la ha llevado hasta el 97%, al considerar el préstamo del FMI. Sin lugar a dudas, esto es muy desfavorable al plantear una perspectiva de crecimiento, lo cual es preocupante si se pondera que las condiciones del préstamo del FMI implica que en el 2021 deben devolverse $3,800 millones de dólares; en 2022, $18,500; en 2023, $23.000 millones, y en 2024, $10,100 millones.

Con los pagos de los años 2022 y 2023 se puede inferir que las perspectivas de crecimiento económico son desbastadoras, máxime cuando se observa que Argentina tiene una economía cuyo PIB anual apenas supera los 600,000 millones de dólares y con un 32% de la población urbana bajo el umbral de la pobreza. En adicion, la inflación acumulada durante el gobierno de Macri que supera el 260% y el peso se ha devaluado un 360% frente al dólar en tanto, el poder adquisitivo de los salarios ha bajado casi un 20%, lo que ha construido un cuadro macroeconómico sombrío.

La respuesta a la situación macroeconómica por parte de la población ha sido una contundente derrota a las intenciones de Macri de presentarse en unas elecciones primarias para las elecciones de Octubre 2019. En efecto, Macri fue castigado con el voto popular con un diferencial de 15% frente a la formula de la oposición, esto es 47% frente a 32%.

Al igual que muchos gobernantes de la región que se resisten ante su derrota, Mauricio Macri ha reaccionado con irritación por la derrota sufrida y de inmediato improvisó un paquete de medidas populistas consistentes, básicamente, en repartir dinero a los argentinos, aplazar deudas fiscales y congelar el precio de la gasolina. Pero resulta que Macri está muy consciente que su gestión, especialmente la económica, ha sido ampliamente desautorizada y que en el tiempo que le resta como gobernante será sin márgenes para maniobrar, o más bien, un auténtico pato cojo, invocando a la terminología empleada en EE.UU.

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