Opinión

La edición del periódico español El País, del domingo 21 de julio del presente año, publicó un trabajo de la autoría de Rafa de Miguel,titulado “La sanidad pública: una historia de amor británica, en el que se señala el hecho de que en un país dividido por el Brexit, paralizado políticamente y desencantado con sus dirigentes, los británicos vuelven la mirada hacia la institución que sostiene aun el sentimiento de unidad y orgullo nacional: el Servicio Nacional de Salud, conocido como NHS, por sus siglas en inglés.

El trabajo refiere como en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, en 2012, el desfile de decenas de enfermeras y médicos que empujaban camillas con pacientes conectados a goteros, fue la participación que desató la emoción de los millones de británicos que observaron el espectáculo. El NHS fue creado el 5 de julio de 1948, basado en el criterio de que la atención médica no podía sustentarse en la capacidad de pago de cada individuo, y que no importaba que fuera rico o pobre, mujer o niño, podría utilizar el servicio de manera gratuita, salvo algunas excepciones.

La financiación provendría del pago de impuestos y el presupuesto nacional. O sea, se partía del criterio de que el servicio de salud tenía que ser universal, gratuito y la cobertura de las necesidades médicas tenían que ser independiente de la capacidad de pago de la persona

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Con la creación del NHS se dio un paso transcendental en la construcción del estado de bienestar, lo que devino en un instrumento fundamental de redistribución y factor de primer orden en la lucha contra la desigualdad social en el Reino Unido. El Servicio Nacional de Salud británico fue el primero en el mundo en ofrecer un servicio de salud completo, universal y gratuito. Y algo muy importante, en sus ya 71 años ha sido una institución de consenso de todos los sectores políticos. A ningún político británico se le ocurriría hoy cambiar la naturaleza del NHS.

El NHS es buen ejemplo de que los pueblos se sienten orgullosos de las buenas instituciones y que ensalzan lo que han hecho bien.

Vista la experiencia británica con su NHS podemos aprender de ella y tratar de lograr que el Servicio Nacional de Salud dominicano se convierta en un orgullo nacional, para lo cual tiene que convertirse en un verdadero instrumento de redistribución de la riqueza del país. Para eso hay que disminuir el gasto del bolsillo de las personas que sigue siendo alto. Del total del gasto en salud en República Dominicana, casi el 43% sale de los bolsillos de las personas. Para lograr eso hay que aumentar la cobertura monetaria de la seguridad social, aumentando el gasto en seguridad social vía contribuciones públicas. Hay que acabar con las preocupaciones económicas en tiempos de enfermedad

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