Opinión

La preocupación aumenta cada día entre agentes financieros locales e internacionales, banqueros, organismos multilaterales y agencias calificadoras sobre el panorama económico global y cómo repercutirá en las economías emergentes la escalada de la guerra comercial entre China y Estados y que hoy toca la monetaria.

La inquietud está en que cómo una economía que disputa la supremacía a una establecida está poniendo a temblar los mercados en el mundo y el comportamiento de esas economías.

Algunos economistas argumentan que no hay en marcha una guerra total, dado que ni China ni Estados Unidos están ingresando al mercado formalmente para comprar o vender su propia moneda, el método tradicional de manipular su valor.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha acusado a la Reserva Federal (FED) de su país de ser responsable de que el dólar esté actualmente «muy fuerte» al mantener altos los tipos de interés.
Asegura que un dólar fuerte hace difícil que los «grandes fabricantes» de Estados Unidos puedan competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo.

Los comentarios del presidente estadounidense se producen en un momento en el que los economistas temen una guerra de divisas, impulsada por la decisión de China de devaluar el yuan a nivel más bajo en 11 años. Para comprar ahora un dólar hay que
invertir siete yuanes. Ante ello, los mercados de valores de todo el mundo respondieron con bajas generalizadas y el precio del oro —una inversión segura— ha alcanzado su punto más bajo en seis años. Esa situación comenzó a impactar en las economías, específicamente en las latinoamericanas, lo que ha llevado una ralentización.

Despues de que EE.UU. calificó al país asiático como «manipulador de divisas», los mercados están intentando adivinar cuáles serán los siguientes pasos.

En tanto, una guerra de divisas se refiere al movimiento deliberado de un país para manipular el precio de su moneda con el objetivo de adaptarlo a su política económica.

Algunos países devalúan su moneda para hacer que sus exportaciones sean más competitivas, estimulando sus economías domésticas y para atraer inversiones.

En el caso de China, en el pasado las autoridades evitaron que su moneda se debilitara comprando grandes cantidades de yuanes, política que parece haber cambiado, cuando China pareció abandonar ese enfoque, por el cual algunos economistas argumentaban que se estaba manteniendo al yuan en niveles artificialmente altos.

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