Opinión

Continuamos la conversación ideada y conducida por la poeta Rosa Silverio con Manuel Llibre y yo.

ROSA: Llibre: anteriormente mencionaste la lectura como ayuda en la búsqueda del estilo propio, y me gustaría ahora retomar eso. ¿Piensan ustedes que la lectura de un escritor debe ser diferente a la de un lector ordinario; selecta, organizada?

LLIBRE: Te pondré un ejemplo que me interesa desarrollar en mi escritura, como fanático absoluto de Soda Stereo. Cerati canta: “Qué otra cosa es un árbol, más que libertad”. Años después, Octavio Paz dijo, refiriéndose a al poeta Paul Reverdy, que “su nombre es libre como un árbol de piedra que reverdece”; porque reverdecer para un árbol considerado muerto, digo yo, es una realidad de rebeldía, de libertad absoluta. Luego leo en un libro de ciencias en que un dasónomo dice que los seres más libres son los árboles, porque no necesitan de ningún otro ser vivo. Ellos se bastan, y manipulan a los otros seres vivos para que les sirvan. Entonces, la idea del árbol y la libertad no es un absoluto, sino un espacio común de pensamiento. Eso debe hacer un artista, un escritor, para construir su obra:

buscar espacios originales de reflexión, pero a la vez estadios de pensamiento común, colectivo.
ROSA: De acuerdo a lo que dices, para un escritor lo esencial debe ser la libertad absoluta, incluso en la lectura.

JUAN FREDDY: Un escritor debe leer de manera desordenada para lograr enfoques distintivos. Decía Whitman que se formó a través de lecturas desordenadas. Ello le dio una personalidad original, con visiones no comunes, con estilo único, gracioso y agradable.

LLIBRE: Al igual que Juan Freddy, pienso que las lecturas ordenadas son más para estudiosos, críticos, porque si leyera de forma ordenada no pudiera escuchar a Cerati y leer a Paz al mismo tiempo.

JUAN FREDDY: En tu primera fase, debes hacer lectura desordenada principalmente de los clásicos, quienes grabarán en tu mente la idea de qué es el verdadero arte. Después a los modernos, porque de estos no sabes cuál permanecerá y cuál será hojita que llevará el viento.

LLIBRE: Está bien leer los clásicos, pero sin indigestarnos.

ROSA: ¿Podemos hablar ahora de libros y autores fundamentales?

LLIBRE: La Ilíada, por ejemplo, es deliciosa, y el Quijote, pero para ciertos clásicos, como Dostoievski, deberían inventar alguna suerte de “peptobismol” literario. Son gente que hay que tragársela, pero de que empacha…

JUAN FREDDY: ¡Jajaja!No preocupes, que Borges no pasaba a Tolstoy. Y Los Miserables, de Hugo, tiene zonas insoportables.

LLIBRE: Hay una vieja idea de que no todos los autores, sin importar su calidad o trascendencia, escriben para ti. Es bueno leer los clásicos, pero uno puede discriminar e inclinarse por obras clásicas que vayan con tus intereses, ya sea para confirmar tus ideas o estudiarlos para contradecirlos
JUAN FREDDY: Claro, la biografía condiciona el acercamiento de escritor y lector. Por ejemplo, Cortázar y Borges escriben literatura libresca; igual tienen similitudes de gustos lecto-escriturales: lo fantástico, mágico, real maravilloso. Sus biografías se parecen: Fueron niños solitarios, viajeros, lectores empedernidos, sin esposas formales, políglotas y otros detalles.

ROSA: Una joven escritora capitaleña estaba con otra escritora de su generación. La segunda le dijo a la primera que ella no escribía como la otra, ni como otros jóvenes que tienen su estilo (urbano, de la cotidianidad, cercano al realismo sucio) y la respuesta de la joven escritora fue: “Es que tú lees clásicos. Deja de leer a los clásicos y lee a los contemporáneos”. ¿Creen que es buena respuesta?
LLIBRE: Para mí es una respuesta de una persona muy desconocedora, por no decir ignorante.

ROSA: Me llaman la atención dos cosas de esa anécdota: 1. Creo que nadie tiene que preocuparse por escribir como otra persona. Cada quien tiene su estilo, determinado por la sensibilidad del escritor y sus propias inquietudes. 2. Apelando a esa libertad de la que ustedes hablaban hace un rato, no creo que haya que decirle a nadie que deje de leer nada, y mucho menos a los clásicos, pues nosotros somos herederos de toda una tradición literaria que no podemos (ni yo quiero) renegar.

LLIBRE: Insisto, no creo que nadie nunca logre superar las escenas de distorsión y decadencia de El Fausto.

JUAN FREDDY: Clarísimo, Rosa. Lo mejor, decía Borges, es que no nos debemos a una sola tradición. Podemos aspirar a todas.

ROSA: Y si los clásicos son clásicos, es por algo, ¿verdad?

JUAN FREDDY: Por algo llevan siglos en el gusto humano.

LLIBRE: Lo urbano, cotidiano, no es nada nuevo; mucha gente no sabe que Kavafis, por ejemplo, poeta egipciogriego, escribió sobre la soledad en las grandes ciudades. Que metas spanglish y jerga a un texto no suma nada. Estoy muy de acuerdo con Don Marcio Veloz Maggiolo (mi cariño y respeto para él, a quien nunca hemos apreciado lo suficiente por todos sus aportes a nuestra escritura). Me dijo en uno de nuestros viajes, que quien no lee no puede escribir bien.

JUAN FREDDY: ¡Cierto! Quien no goza como lector, nunca será buen escritor.

LLIBRE: En principio, lo iconoclasta de la juventud te dice que tal cosa es una chorrada, pero luego descubres lentamente que eso es una verdad.

ROSA: Yo creo que la lectura es fundamental, y los grandes escritores son grandes lectores, disfrutan leyendo.

LLIBRE: Si no lees, crees que estás creando mundos de bellezas inimaginables o de fealdades incomparables, pero casi siempre hay alguien que escribió algo más feo que tú y menos feo también, y quien escribió algo más bello que tú y menos bello también.

JUAN FREDDY: El próximo domingo tendremos otra entrega del diálogo.

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