Hablan los hechos

Boris Johnson: Villano por elección.

La historiografía mundial está llena de personajes heroicos, cuyas proezas e integridad personal se han convertido en el mejor referente para millones de personas, que ante circunstancias adversas de la vida procuran trascender de manera positiva, y dejar una huella perdurable en la humanidad. Pero siempre habrá su excepción, por lo que algunos prefieren ser “villano por elección”.

En el más reciente episodio del Brexit, el desgastante proceso de separación comunitaria entre Reino Unido y la Unión Europea, y que de ser organizado como serie televisiva estaría arribando a su 4ta temporada, en donde el actual Primer Ministro británico, Boris Johnson, se ha mostrado dispuesto a poner fin a la trama a cualquier costo. Tal posibilidad introduce nuevas interrogantes, abriendo aún más la caja de Pandora desatada a mediados del 2016 por el entonces Primer Ministro David Cameron, quien terminó siendo víctima del proceso al igual que su sucesora, Theresa May.

El actual contexto, sin embargo, se originó en el primer trimestre de este año, cuando las autoridades europeas acordaron extender más allá del 29 de marzo el plazo para la salida del Reino Unido, a raíz de que la entonces Primera Ministra no logró que el acuerdo arribado fuera aprobado por el Parlamento. Desde entonces se manejaron varias fechas de posposición (12 de abril, 22 de mayo, 30 de junio) para consumar la partición, sin que ninguna tuviera efecto.

Fue en medio de ese creciente ambiente de polarización e incertidumbre a lo interno del gobierno británico, que May se vio forzada a anunciar su dimisión al carecer de respaldo entre los demás parlamentarios, lo que afectó su autoridad para liderar la nación en el proceso de separación. La renuncia, que se hizo efectiva a principios de junio, dio paso a un nuevo proceso de elección que procuraba buscar un nuevo mandatario, cuyo mayor reto consistiría en completar la tortuosa misión.

En efecto, el Reino Unido puso en marcha un peculiar sistema de elección, donde apenas unos cientos de miles de personas tenían el poder de elegir al nuevo Premier que dirigiría los destinos de unos 60 millones de ciudadanos. Dicha medida consiste en varias rondas de elección, donde los candidatos son votados de manera exclusiva por los miembros conservadores del Parlamento (por ser mayoría y tener potestad de formar gobierno), quedando en competencia los dos con la mayor cantidad de apoyo tras el proceso de eliminación.
Llegado a este punto, se permite que todos los miembros del Partido Conservador (160,000) elijan al nuevo Primer Ministro. A pesar de parecer a toda vista un proceso poco representativo y por consiguiente ilegitimo, lo cierto es que dicho recurso ha sido muy común a lo largo de las últimas cuatro décadas, donde 4 de los últimos 8 mandatarios han sido electos por su Partido por la vulnerabilidad del sistema de gobierno británico.

Boris Johnson, conocido personaje de la política británica por su cómica, impredecible y controversial personalidad, resultó electo como nuevo Primer Ministro. Con ello completa una nutrida trayectoria profesional, que le ha llevado desde ser periodista e historiador de carrera, hasta convertirse en parlamentario, alcalde de Londres, Ministro de Exteriores y ahora mandatario de la nación.

Polémico por naturaleza (llegó a asegurar que en Papúa Nueva Guinea existía el canibalismo tribal), Boris fue uno de los mayores promotores del Brexit durante los debates previo al referendo del 2016, incurriendo en campañas de desinformación, que alegaban injustificadamente que el Reino Unido pagaba semanalmente unos US$435 millones a la Unión Europea. Para mediados del año pasado renunció como ministro de Exteriores, haciendo público su desacuerdo con la flexibilidad de Theresa May en las negociaciones para la ruptura con la Unión Europea.

Lo anterior explica el que, ante la posibilidad de su elección, Johnson prometiera llevar a cabo la salida con o sin acuerdo, teniendo ahora como fecha límite el 31 de octubre. La disyuntiva en este caso, es que sin un acuerdo se diluye toda posibilidad de prórroga, abriendo la posibilidad de un retiro forzoso, mejor conocido como “Brexit duro”, que tendría consecuencias impredecibles.

Con efectividad al 1ro. de noviembre, un Brexit duro dejaría en un abrir y cerrar de ojos a millones de británicos sin los beneficios de Unión Aduanera, Mercado Único, afiliaciones interestatales, Corte Europea de Justicia, Europol, entre otros. A su vez, implicaría la agudización de la actual incertidumbre que genera la frontera entre Irlanda de Norte y la República de Irlanda, donde la necesaria, pero poco apoyada propuesta de May de evitar puestos fronterizos una vez materializado el Brexit quedaría sin efecto, lacerando los “Acuerdos de Viernes Santo” que permitieron acabar con décadas de guerra en la zona.

Visto esto, pareciera ser que la aparente firmeza de Johnson pudiera estar procurando generar tensiones a lo interno de la Unión Europea, para ganar nuevas concesiones a favor de Reino Unido, lo que fue descartado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

Por su lado, Johnson mostró una astucia en política interna al solicitar a la reina de Inglaterra la suspensión del Parlamento, desde el 10 de septiembre hasta el 13 de octubre, dejándole a la oposición poco margen de tiempo para lograr frenar sus planes.

La medida, que cuenta con precedentes, evita que se celebren debates y votaciones, lo que en el actual contexto causó malestar social, generando protestas populares ante lo que perciben como una táctica dilatoria, para evitar de un modo “antidemocrático” que sus intenciones sean frenadas. Dada las características constitucionales inglesas, donde el gobierno se basa en una monarquía parlamentaria, la reina en su limitado rol representativo no tenía otra opción que aceptar la solicitud de Johnson, la cual es calificada por los opositores como “un ultraje constitucional y una amenaza para nuestra democracia”.

Ante la reanudación de los trabajos en el Parlamento tras las vacaciones de verano, los líderes opositores se disponen a contraatacar con una estrategia relámpago. Haciendo uso de la “Orden Permanente 24” los parlamentarios opositores con la ayuda del presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, buscarán torpedear las intenciones de una salida sin acuerdo, haciéndose con el control de la Agenda Parlamentaria, con el fin de ganar tiempo y solicitar una prórroga a la Unión Europea.

Igualmente, jueces de Edimburgo, Londres y Belfast analizarán en la semana la legalidad de la medida adoptada por Johnson, dada la sensible situación que atraviesa la nación. De no prosperar ninguna de las anteriores, algunos han puesto sobre la mesa la “opción nuclear”, consistente en una moción de censura que podría dar al traste con el mandato de Boris Johnson. Ya veremos.

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