Hablan los hechos

Colombia: Una economía entre la guerra y la paz

La situación económica, política y social son tres aspectos del funcionamiento de un Estado, los cuales están íntimamente combinados, de tal forma que uno de ellos que funcione mal, incide en los otros de alguna forma especialmente de manera negativa. En relación a la nación colombiana los mismos resultan un poco difíciles de armonizar, máxime porque se trata de una economía que no logra superar su base tradicional de sustentación, la agricultura, y migrar hacia la industria como salto para transformar su estructura productiva generadora de más empleo como mecanismo de oportunidades.

Pero es que la economía colombiana se sustenta, básicamente, en la producción de bienes primarios para la exportación, y en la producción de bienes de consumo para el mercado interno. En tal sentido, una de las actividades económicas más tradicionales es el cultivo de café, siendo uno de los mayores exportadores mundiales de este producto, definiéndola como una economía cafetalera desde principios del siglo XX, lo que la hace ser el tercer productor mundial, aunque su importancia y su producción han disminuido significativamente en los últimos años.

Tambien, la economía colombiana se destaca en la explotación de carbón, la producción y exportación de oro, esmeraldas, zafiros y diamantes. En adicion, está la agricultura, ocupando un lugar importante la floricultura y los cultivos de plátano, tabaco, algodón, yuca, palma africana y en el sector industrial se destacan los textiles, la química y la petroquímica, en tanto, que el petróleo, plata, platino, cobre, níquel, carbón, gas natural y el oro son los principales productos minerales de Colombia.

La gran riqueza marítima de Colombia se evidencia en tener el privilegio de estar rodeada con dos mares y con más de dos mil especies de peces, lo que hace a ese país poseer una inmensa fortuna de peces capaz de satisfacer la demanda interna en un 100 por ciento e incursionar de manera significativa en la oferta exportable. Tambien, es relevante las aguas costeras y en muchos ríos y lagos de Colombia se encuentra una amplia variedad de peces, de los que destacan: trucha, tarpón, pez vela y atún, principalmente en algunas zonas de bosque de las cuencas alta y media de los ríos Magdalena y Cauca.

A la luz de la razón, se observa que la economía Colombiana sustenta su dinamismo en el sector primario, lo cual no favorece una conexión sectorial capaz de impulsar un proceso de industrialización sostenible y una explotación de su potencial turístico avalado por su riqueza natural abundante. La mejor demostración de ese rezago de la economía colombiana se evidencia en que el crecimiento económico registrado en el primer semestre del presente 2019 fue inferior al 3%, con proyección a tener igual comportamiento al cierre de año, con apenas un 2,7%.

Cuando se analiza el potencial económico de Colombia y el crecimiento mediocre del PIB, se busca una explicación de las causales que mantienen esta incomprensión en un país que puede estar al mismo nivel de las principales economías emergente del mundo y estar en primera línea de las economías de América latina. Pero resulta que la explicación más objetiva que se puede interpretar es la baja llegada de inversión extranjera fruto de los conflictos armados que suceden en ese país.

En tal sentido, Colombia ha sido víctima, por más de 50 años, de los conflictos armados, lo que ha causado múltiples muertes violentas de más de 260.000 personas, donde el 81% eran civiles, 36.000 secuestros y 7,000.000 de desplazamientos forzosos, lo que ha generado incertidumbre en la población. Tal situación se ha traducido durante más de medio siglo en profundas desigualdades sociales, altos niveles de pobreza y exclusión, siendo los grupos que más han sufrido las consecuencias de este conflicto los niños y niñas, mujeres y las comunidades indígenas y afrodescendientes, fruto del reclutamiento forzoso de menores, al control de las comunidades por grupos armados y al altísimo índice de violencia sexual y de género.

El malestar económico y social de Colombia se expresa de manera contundente en la dura y penosa realidad de que al cierre del 2018 los niveles de pobreza se habían situado en un 26,9%, significando esto que alrededor de 27 de cada 100 habitantes en Colombia están en esta situación. Esto ha implicado que más de 13 millones de personas en el país son consideradas pobres, de su 45.5 millones de habitantes.

También es alarmante que más de 3,5 millones de colombianos vivan hoy en pobreza extrema o indigentes, fruto de que una franja significativa de la población no percibe un salario que les permita sobrevivir en condiciones dignas. A esto se agrega que la situación de pobreza multidimensional alcanza a una población de 8,3, cuya incidencia afecta a más del 70% de la población.

Las cifras expuestas ponen en evidencia que el conflicto colombiano ha empujado a ese país a una situación muy grave con problemas económicos, sociales, políticos y culturales que obligan a los actores políticos, empresariales, académicos y a la sociedad en su conjunta apostar a la paz de la nación sudamericana. En efecto, se abrieron los espacios de los diálogos y conversaciones que incluyeron a varios países y líderes mundiales, sin embargo, cuando se apostaba a resultados favorables para la anhelada tranquilidad y certidumbre para los colombianos, los desacuerdos, incomprensión y desafectos se han impuesto al interés colectivo declarándose el retorno a los conflictos armados lo que se interpreta como una estocada mortal para una economía que navega entre la guerra y la paz.

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