Hablan los hechos

Las huellas de la desigualdad en América latina

El flagelo de la desigualdad social se encuentra incrustada en el corazón de la región de América Latina, la cual hace que esta sea calificada como la más desigual del planeta, con con características estructurales. Para lograr mitigar este malestar social y económico de raíz y transitar por la ruta del desarrollo sostenible, es inminente que los países de la región reconozcan la presencia del mismo y apliquen un análisis detenido y objetivo de las múltiples dimensiones que originan esta perturbación social.

Para tener una mitigación más objetiva de la desigualdad se hace necesario el diseño de nuevas políticas estructurales que auspicien una articulación armónica entre las políticas económica, productiva, laboral, social y ambiental. En adicion, ha de importantizarse una orientación de derechos y de una mirada integral para las políticas abocadas a combatir la desigualdad; el fortalecimiento de la institucionalidad y el logro de pactos sociales como fundamentos de políticas sociales de calidad.

Enfrentar la desigualdad implica colocar como relevancia proteger el gasto social y los ingresos tributarios dedicados al desarrollo social, y la necesidad de aumentar la calidad de las cifras que permitan visualizar a las diferentes dimensiones de la desigualdad y avanzar en su comprensión. Por igual, se hace necesario y de urgencia transitar de una cultura del privilegio a una cultura de la igualdad, lo que requiere orientar las políticas hacia un universalismo sensible a las diferencias, lo que obliga a una participación activa del Estado y una colaboración del sector privado.

La mayor dificultad que atraviesan los países de América latina para combatir la situación predominante de la desigualdad social es la baja inversión que estos destinan al sector de la salud. En efecto, el patrón de inversión en salud de la región en las últimas dos décadas es de un 3,8% de su PIB, significando esto menos del 6% recomendado por la Organización Panamericana de la Salud.

Los avances en mejorar el sistema de salud en América latina se expresan con lentitud si se considera que 23 países de la región aumentaron sus inversiones en salud entre 2010 y 2017, sin embargo, el incremento fue inferior al de los cinco años anteriores y donde 2 de cada 10 personas no buscan atención médica debido a barreras geográficas.

En ese contexto vergonzoso, la situación de América Latina, a pesar de haber mejorado en la última década, sigue manteniendo cifras muy preocupantes y perturbadoras a la calidad de vida de la población. En efecto, la región continúa colocada en un nivel cada vez más desigual a escala planetaria ya que el nivel de desigualdad, 52,9%, apenas por debajo del África Subsahariana, 56,5%, situación que está explicada en una alta proporción por el estancamiento registrado en la baja de la pobreza.

América latina acumula décadas de políticas sociales cortoplacista para enfrentar el problema de la desigualdad social y económica por lo que se requieren mayores esfuerzos para apuntalar políticas más efectivas que contribuyan a desarticular el modelo reproductor de la desigualdad. Tal criterio encuentra mayor fundamento si se asume como válido la valoración de la CEPAL que ha sostenido que “la recuperación de la crisis financiera internacional no parece haber sido aprovechada suficientemente para el fortalecimiento de políticas de protección social que disminuyan la vulnerabilidad frente a los ciclos económicos”.

A la Luz de la razón, resulta preocupante que el flagelo de la desigualdad sigue alcanzando niveles muy severos en el continente latinoamericano, pese a los logros sociales verificados en la última década en la región. Por igual, las cifras de la desigualdad evidencian una situación estructural que expresan una larga historia que ha convertido a América Latina por muchos años en una región rodeada de fracasos y desesperanzas, lo que es una razón poderosa e impostergable establecer que uno de los principales retos que enfrenta para combatir la pobreza, sustentar el crecimiento económico sostenible y afirmar la democracia, lo que obliga a diseñar y aplicar políticas económicas de mediano y largo plazo, fruto de un pacto social en esa dirección.

Las huellas de la desigualdad en America latina se consolidaron durante los últimos cuarenta años, cuya identificación responde a cuatro períodos claramente diferenciados que marcan de manera aguda a la región. En tal sentido, durante el periodo 1980-1990, la región fue víctima de la denominada década perdida en la cual la incidencia de la pobreza aumentó de 40.5% a 48.4%, para 1990-1999 se registró una reducción muy moderada de la pobreza: de 48.4% a 43.8%.

Para la primera década del siglo XXI, esto es 2000-2010, en la región se produce un estancamiento en la reducción de la pobreza, aunque en algunos países registraron un crecimiento significativo en la expansión de la pobreza y de la indigencia fruto de profundas crisis económicas que cerraron en forma dramática el ciclo y los modelos de los años noventa. El último período, 2011 hasta la actualidad, se refleja una apreciable reducción de la pobreza, de 43,9% a 28%, y de la indigencia, de 19.3% a 12%, significando esto que en dicho período la región pasó de 225 millones a 167 millones de personas en situación de pobreza, y de 99 millones a 71 millones en situación de indigencia.

A pesar de que se han aplicado políticas orientadas a combatir la pobreza, la desigualdad persiste de manera relevante expresada a través de la concentración de la pobreza en las generaciones más jóvenes, lo cual es una expresión de las persistentes inequidades entre grupos de población en el acceso al bienestar y, por lo tanto, en el ejercicio de sus derechos, particularmente, de sus derechos económicos, sociales y culturales. Pero este fenómeno también resulta indicativo de la oportunidad que no se está aprovechando plenamente en un tiempo de bonanza de invertir y sustentar cambios sensibles en la educación pública, en el desarrollo de capacidades y competencias desde la más temprana infancia y con particular énfasis en las franjas más vulnerables de la población.

En tal contexto resulta una amenaza real de que el 40 % de la población de América Latina podría regresar a la pobreza, lo que se agrava con la expansión de la desigualdad espacial que se ha verificado en los últimos 5 años en la región, lo que tiende a profundizar el fenómeno al agregarse las tensiones políticas lo que tiende a socavar la estabilidad social y política. Resulta éticamente inaceptable que 70 millones de niños y niñas, 4 de cada 10, viven en situación de pobreza en América Latina, de los cuales 28,3 millones de niños y niñas se encuentran en situación de pobreza extrema, convirtiéndose esto en las huellas más aguda de la desigualdad.

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