Opinión

La política: llave maestra estatal

Tras varias décadas agotadas en el rol docente de postgrado universitario nos hemos visto precisados a acudir a las definiciones con el fin de establecer un referente común para la discusión de uno que otro tema social de relevancia. En ese tenor ubicamos dos palabras clave: Estado y política.

Hemos escogido la Enciclopedia de la Política, del maestro Rodrigo Borja, para disecar el espinoso tema de la política en la conducción del aparato estatal. ¿Qué es el Estado? Borja lo ve como una categoría histórica que reúne un gran poder sobre un territorio determinado,”…con un orden jurídico unitario, una competente jerarquía de funcionarios públicos, un ejército permanente, un sistema impositivo bien reglamentado y un régimen político en que los medios reales de gobierno y administración, que hasta ese momento fueron de propiedad de innumerables señores feudales, se transfirieron a favor de los monarcas absolutos, primero, y de los gobiernos representativos más tarde, a partir del triunfo de las ideas democráticas que esparció por el mundo la Revolución francesa…

El Estado tiene cuatro elementos constitutivos: el pueblo, que es su elemento humano; el territorio, que es su entorno físico, el poder político, que es la facultad de mando sobre la sociedad; y la soberanía, que es su capacidad de auto obligarse y auto determinarse sin sufrir interferencias exteriores”.

El pasado presidente y jurista ecuatoriano define la politiquería de la manera siguiente: “Es la degeneración de la política. Es la pequeña y mezquina política. Si ésta tiene una misión noble de consagración al interés nacional y de servicio a los demás, la politiquería es el aprovechamiento egoísta del poder o de la posición pública para fines de simple vanidad o enriquecimiento La politiquería carece de grandeza, de proyección histórica, de perspectivas ideológicas. Se desenvuelve en medio de la maquinación ruin, la vulgaridad, el mimetismo, el transfugio, la ausencia de ideas, y la carencia de ideales. Allí agota su acción el politiquero”.

Bueno sería invitar al intelectual suramericano a vacacionar a nuestra candente y huracanada región caribeña. Ello le permitirá reeditar su Enciclopedia para ampliar y actualizar sus definiciones sobre Estado y política. Que nos analice las ideas de Juan Pablo Duarte acerca de la política; las concepciones morales y cívicas del maestro antillano continental Eugenio María de Hostos y las de nuestro guía inolvidable Juan Emilio Bosch Gaviño.

“Servir al partido para servir al pueblo”, nostálgico lema de un pasado que no vuelve; “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”, otro pensamiento externo asumido como consigna de sacrificio cristiano a favor de los demás. Completar la obra del patricio, meta guardada en el armario lleno de polvo y telaraña en la vieja Casa Nacional.

Recordar es vivir, dice el poeta, en tanto que Miguel de Cervantes en su Don Quijote escribía: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero…”. ¿Cuántos Quijotes hemos sobrevivido? ¿Quiénes todavía montamos nuestros Rocinantes sin bochornos, ni apuros? ¡Sabrá Dios, porque uno nunca sabe nada!, como dice el bolero que me refresca un apreciado vecino amante del género musical.
Retomaremos el camino y la definición de Estado “…con el poder político, que es la facultad de mando sobre la sociedad; y la soberanía, que es su capacidad de auto obligarse y auto determinarse sin sufrir interferencias exteriores”.

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