Opinión

En las diferentes manifestaciones del liderazgo desarrolladas en el escenario actual de la nación dominicana, muy pocas enfatizan el modelo del liderazgo organizacional. Ese líder que en su misión, intenta colocar en orden las cosas, para contribuir desde su accionar, en la construcción de un clima social capaz de satisfacer y motivar a los ciudadanos, levantando el ánimo hacia una actitud de acompañar los procesos desde el espacio mismo del trabajo que hace. Ese líder visionario que procura desde la escuela, el sindicato, el partido político, la iglesia o su propio hogar, esa necesaria armonía y coherencia con el todo social. Y por la confianza que desarrolla entre sus seguidores, los ciudadanos se disponen a creer en él, aunque cuestionen algunos aspectos de su accionar.

En el espectro político actual, son escasos los líderes políticos que busquen, con ojos de análisis y mucho menos con ganas de aplicar los fundamentos del liderazgo organizacional en los procesos de desarrollo de la descentralización del sistema político, económico y social de los distintos lugares orgánicos del organigrama institucional del Estado. Simplemente no les ha interesado ese análisis y desde esa óptica, solo podemos especular sus razones, pero lo que si podemos afirmar es que la descentralización es esencial en la construcción y desarrollo del sistema político denominado democracia.

Al estudiar el escenario político actual, tenemos como base teórica a la historia del desarrollo socioeconómico de la nación. Si tenemos como objeto, tomar en cuenta las actitudes históricas, frente a la democracia. Entonces, debemos echar una mirada a sus aportes al sistema democrático y al bienestar nacional, porque es desde el pasado, que podremos entender con mayor claridad el presente y sus necesidades de transparencia, rendición de cuentas y legitimización de las acciones estatales y principalmente, de los gobiernos de la última década del Siglo pasado y las casi cumplidas dos décadas del presente Siglo. ¿Qué han procurado por el adecentamiento de la cosa pública?

El liderazgo ha sido durante largo tiempo una preocupación central del análisis político, y ha sido así, por el afán de identificar a los que mandan y describir las características correspondientes al concepto. En este punto, es bueno afirmar, que este no es un fenómeno nuevo, porque ha existido allende la historia, tampoco lo el estudio del fenómeno, porque sobre las circunstancias del líder se han escrito muchas teorías. Al llegar a este punto, es preciso afirmar, que analizar el liderazgo desde la óptica de sus características, viene dado por importantes procesos históricos, tales como la aparición de la sociedad de masas, la llegada de los partidos al escenario sociopolítico, y por supuesto, a la lucha por el poder.

Si cometemos el error de reducir la política a lo que es más visible para la mayoría de los ciudadanos, entonces ella se limitaría en la actualidad solo a aquellos dirigentes que quedan en la memoria colectiva al desaparecer todo el ecosistema donde ellos desarrollaron sus actuaciones. Podría afirmarse entonces, que los líderes se convierten, junto con los fenómenos que van produciendo en su accionar, en el asunto más general, de mayor recordación y reconocimiento -sobre lo positivo y lo negativo- en la vida pública de los países.

Se podría decir, que el liderazgo que se desarrolla en las sociedades se traduce en reconocimiento e importancia adquiridas por ellos, como entes públicos, dándoles importancia como individuos que aportan a la vida sociopolítica y por ende van contribuyendo al desarrollo político de sus naciones o todo lo contrario. A algunos, este reconocimiento les llega, aun sin haber ocupado puesto público alguno. Esto no significa que el desempeño de puestos en instituciones, aportando a ellas y colocando en orden sus ejecutorias, a través de procedimientos adecuados, deje de aportar beneficio personal al líder y a la institucionalidad.

Durante toda la vida republicana, nuestro liderazgo político ha sido altamente cuestionado y pocas veces la academia lo ha tratado con rigor científico, sino que ha dejado que se diluciden las posturas sin importarle más que la conveniencia del momento, para sus aspiraciones particulares. Pero la sociedad necesita que el liderazgo político, como atractivo para la investigación, se trate a través de diversos análisis académicos-científicos, como una forma de aportar a los procesos históricos, una filosofía capaz de lograr una mejor formación ciudadana. Para que a la postre, esa formación ciudadana, ayude a mejorar las condiciones de vida de la parte poblacional más pobre de nuestra nación.

Explicar o definir el fenómeno del liderazgo político es muy complejo y difícil de exponer, sin caer en subjetividades. Por esa razón existe una gama amplia de autores que aportan desde sus ópticas particulares, su propia explicación, definiendo comportamientos puntuales y generales en sus respectivas naciones e incluso regiones continentales. Se han hecho esfuerzos para aportar soluciones conceptuales y calificativas, que pueden ser catalogadas de precisas, en donde se enumeran manifestaciones concretas para construir ideas sobre el liderazgo político. A pesar de los esfuerzos de los expertos en la materia, no se ha conseguido concluir en forma definitiva, con unas características que definan al liderazgo político de forma aceptable para todos los estudiosos del tema.

Trabajar para definir el liderazgo actual requiere romper paradigmas a los que se han acostumbrado y sobre el propio análisis tradicional, en un proceso disruptivo, en donde se debe distinguir entre las imágenes clásicas del liderazgo y todos los aportes modernos que se han suscitado desde la génesis del Siglo XX. Esto así, debido al amasijo de acontecimientos en donde los procesos históricos fueron construyendo el pensamiento político. No podemos dejar de observar y destacar actuaciones que desnudaron habilidades, destrezas, inteligencia y sobre todo, competencias en actores destacados en innumerables episodios de la vida cotidiana, que es la que escribe la historia.

Volviendo a los conceptos, observamos a Platón y su forma de describir a los monarcas griegos y cómo construye desde su óptica una figura filosófica sobre éstos, y orienta la definición sobre un liderazgo que viene dado por el misterio de la divinidad. Para ver, cómo desde la Roma imperial nos aportan las virtudes de algunos caudillos militares trascendentes. Para desde ahí arribar a un Nicolás Maquiavelo en la construcción de la figura de aquel Príncipe, al cual le ayudaba a través de capacidades muy especiales, como para colocarse y consolidarse en el poder del Estado. Y en el camino de las conclusiones previas, no podemos olvidarnos de John Locke y Tomas Hobbes como referentes de gran significado en el camino de las contribuciones en la construcción de las nociones sobre liderazgo que se han ido construyendo durante los procesos situaciones que se han desarrollado hasta hoy.

No podemos pasar por alto, que en la construcción del concepto de líder político, el movimiento liberal tiene grandes contribuciones. Al nacer de las luchas contra las monarquías absolutistas y teniendo como símbolo a la revolución francesa, sumando el antecedente ingles que dio al traste con la formación de instituciones liberales en esa gran nación, configuró múltiples definiciones acerca del liderazgo. A todo esto se le suma la independencia de los Estados Unidos y de todo el continente americano, en donde surgen figuras carismáticas y pragmáticas de grandes dotes directivas, las que han servido de modelos a generaciones de líderes.

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