Opinión

Este martes ( 3 septiembre) se cumplen 89 años de haber sufrido Santo Domingo, capital de la República Dominicana, primera ciudad de América fundada por Bartolomé Colón, hermano de Cristóbal Colón, los rigores de San Zenón el cual tiene la fama de ser el quinto huracán más letal o violento, registrado en la historia conocida por el hombre del Océano Atlántico. Recogen los informes de aquella época que fue un huracán de categoría 4, pequeño pero intenso, que aproximadamente mató 8 mil personas, cuando cruzó por la República Dominicana.

El interés del autor en recordar este episodio, es por la seguridad que tenemos que la inmensa mayoría de los maestros de primaria y secundaria que hablan de la historia de nuestro pueblo, no tienen la menor idea de aquel momento trágico que se vivió en el país.

Los vientos más fuertes de San Zenón, tenían una velocidad aproximada de 155mp/h equivalentes a 250km/h, destruyendo casi totalmente la ciudad capital en la que la inmensa mayoría de sus edificaciones, viviendas, construcciones comerciales, calles no asfaltadas, centros de salud y educativos, que estaban localizados en un área muy pequeña, fueron afectadas, porque la ciudad se extendía solamente a lo que es hoy la calle Palo Hincado de Sur a Norte, y haciendo esquina donde está instalado el Cuartel de Bomberos y a todo lo largo de la Avenida Mella hasta el Rio Ozama; recogen algunos que el 80% de las casas o domicilios familiares eran de madera, con el techo de zinc, porque a excepción de las construcciones coloniales, solamente en la calle El Conde existían 5 o 6 edificios con más de 5 pisos de altura, entre los cuales se distinguía el Edificio Diez y el edificio Baquero, que habían sido construidos en las primeras décadas del siglo XX.

El 16 de agosto de ese mismo año en 1930, se había juramentado como Presidente de la República el general Rafael Trujillo Molina, y esa tragedia de tanta magnitud, sirvió mucho para dar a conocer a esta figura, que la aprovechó, con correcto sentido político, para demostrar sus características de ser un funcionario valiente, enérgico, con una excelente autoridad y una percepción política correcta, de que el futuro del país quedaba en sus manos.

Trujillo desplegó la mayoría del ejército que tenía su asiento en la ciudad capital, dentro de un plazo de las 24 horas posteriores al paso del huracán; y de esa situación tiene el autor de esta columna la información de un actor y testigo presencial de aquella tragedia; y esa persona es nuestro padre, Euclides Gutiérrez Abreu, que ostentaba el rango de segundo teniente del Ejército Nacional, con apenas 20 años de edad, que lo hacían el oficial más joven de la institución a la que pertenecía.

Los vientos derribaron todas las comunicaciones dentro de la ciudad y al día siguiente del paso de San Zenón, la falta de alimentos se convirtió en un problema y comenzaron a producirse grandes cantidades de robos y disturbios.

El presidente de la República organizó diez pequeñas brigadas de 10 soldados que tenían instrucciones personales de Trujillo, de que todos aquellos que fueran encontrados con un cuchillo, alicate o destornillador en sus manos, mujer u hombre, fueran fusilados en el acto; porque usaba el alicate para sacarle los dientes de oro a las víctimas, el cuchillo y destornillador para cortarle los dedos a los que tenían anillos puestos: fueron fusilados según el testimonio de nuestro padre, 20 mujeres y 100 hombres. Continuaremos …

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