Comité Político

En innumerables ocasiones el autor de esta columna ha hecho referencia del libro escrito por Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América, titulado “Composición social dominicana”. Don Juan escogió a quien escribe para que lo presentara ante más de 20 profesores de historia dominicana, hace más de 40 años, porque le habíamos dicho que ese libro, obligatoriamente, tenía que ser de lectura básica para los estudiantes universitarios de todo el país, porque él, don Juan, tenía una prosa pedagógica que hacía de fácil compresión todo lo que escribía. Ese libro es realmente más que una descripción, una fotografía de nuestro pueblo; debe haber tenido para hoy más de 40 ediciones y para el autor de esta columna es una fuente permanente de consulta.

Estamos ahora en un proceso electoral en el cual tienen influencia decisiva dos organizaciones: el PLD, que está cerca de 20 años gobernando el país y el PRM, que está en la cuarta o quinta dependencia del PRD que al igual que el PLD, fueron fundados, organizados y dirigidos por Juan Bosch. Y cuando hablamos de proceso electoral, estamos obligados a advertir que los procesos electorales de la República Dominicana tienen matices muy definidas, que los hacen totalmente diferentes a los procesos electorales de otros países.

Sean estos procesos en países hispanoamericanos, Estados Unidos de América, y muy lejos de Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y España; y no tenemos que hablar de África y de Asia. Ahora con las redes sociales, es que son realmente diferentes, porque a través de este medio se ha impuesto con mayor firmeza la astucia, malicia, irrespeto, difamación, calumnias y mentiras.

En este país no existió la esclavitud con las características de otros países del continente y con mayor diferencia que la que existió en Haití y Estados Unidos. Aquí no se conoce el distintivo o calificativo de amo, ama, merced, el señorito, señoría, nana, o aya. Las palabras de distintivos y autoridad son don, doña, patrón y jefe, y de servidumbre son sirvienta, cocinera y lavandera.

La igualdad democrática de los dominicanos no es porque sean ricos, o importantes en términos sociales o políticos. El autor de esta columna ha conocido a hombres inmensamente ricos y poderosos socialmente, a quienes se les ha llamado por sus apodos y los citamos: Pitito García, el hombre más rico de la línea noroeste, desde los años de 1925 a los 1950, más o menos; Popy Bermúdez, de Santiago, Pepín Corripio, de Santo Domingo, dueño del capital económico más grande después de los Vicini, y Felito García, poderoso empresario nativo también de Santiago.

En el proceso electoral nuestro no hay respeto para Leonel Fernández ni Gonzalo Castillo, compañeros de militancia del autor de esta columna, como tampoco hay respeto para Hipólito Mejía y Luis Abinader quienes, aspirantes a la candidatura presidencial del PLD y PRM, siendo irrespetados y burlados en las redes sociales como lo son también de otras organizaciones, a quienes le califican solamente como “alitas cortas”.

En este proceso, quienes están más contentos son los dueños de las telefónicas, por ese uso tan despiadado e incontenible que se les da las 24 horas de cada día y por eso solamente nos corresponde decir, un llamado religioso que aprendimos hace muchos años a partir de febrero de 1973; ¡Vámonos con Dios!

últimas Noticias
Noticias Relacionadas