Opinión

Con permiso de los que siguen mis artículos, antes de continuar con los argumentos sobre el tema que estamos desarrollando, quiero hacer un paréntesis, con el objeto de puntualizar en el caso particular de la República Dominicana y el escenario actual de este mes de octubre del año 2019 y los acontecimientos que dominan hoy la vida de los ciudadanos, en donde tristemente puede afirmarse -sin temor a equivocarnos- que repetimos los episodios históricos de los años ochenta en que bordeamos conflictos de tal algidez, desde el punto de vista del liderazgo y los entendimientos que convirtieron la esperanza nacional cifrada en el PRD, en un fracaso escandaloso. En nuestra nación se hace reiterativo el hecho de que cuando se está en el poder, se olvidan los compromisos que se asumen en aras de hacer de la democracia, el instrumento por excelencia para resolver los problemas acuciantes que perturban la paz de las familias que padecen situaciones de calamidad pública en nuestro territorio.

Los egoísmos -dentro del PLD- nunca habían maltratado ni lastimado tanto su casa común, redil de decenas de miles de militantes y de más de dos millones de miembros.

Los partidos políticos están llamados a ser los instrumentos de los pobladores de las naciones, hacer posible la superación de la pobreza material y espiritual de las naciones, respondiendo al proyecto de paz, solidaridad y justicia social para lo cual fueron fundados. El problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis, haciéndose necesario reinventar salidas, reconstruir y construir liderazgos que marquen caminos, que busquen atender las necesidades de las generaciones actuales incluyendo a todos, sin perjudicar a las generaciones futuras.

Luego de ese necesario desahogo, volvemos al análisis del liderazgo en el escenario actual con una óptica académica, para entonces decir, que estamos definiendo al liderazgo político, desde una perspectiva histórica como elemento clave para entender sus acciones en el contexto en que se desarrollan.
En ese sentido y debido a la importancia del liderazgo político en las acciones particulares y globales -apelando a mi ideología cristiana- busco en la sabiduría eclesial para nutrirme sobre lo que piensa el liderazgo católico, acerca de la importancia del liderazgo en el escenario actual y me encuentro con Jorge Mario Bergoglio en sus tiempos de Cardenal, cuando puntualiza que: “el quehacer político es una forma elevada de caridad, de amor, y por lo tanto, un problema teológico y ético.” Y se lamenta diciendo, que en la actualidad: “se da una paradoja a nivel global, el descrédito de la política y de los políticos en el momento en que más los necesitamos. (…) Por eso es importante rehabilitar lo político y la política en su total amplitud.”

Esa conceptualización sobre el ejercicio de la política, es realmente impactante en el mundo actual, porque afirma de una forma categórica, que la política es una “forma elevada de caridad, de amor” en un escenario en donde la gente común percibe todo lo contrario, y los políticos le damos la razón a través de nuestro comportamiento desde el poder. Pero estas palabras del Papa Francisco, son una verdadera rendija muy especial de esperanza, por donde uno puede alcanzar a ver destellos de luces esperanzadores, para alcanzar vías de redención de aquel oficio -hoy desacreditado- del que nuestro Juan Pablo Duarte exclamó: “es la más excelsa de las ciencias.”

Es bueno recordar, que el liberalismo político reivindica para el individuo su derecho a la libertad y a la igualdad en contraposición con los principios de la monarquía que establecían privilegios transmitidos por herencia de un sector de clase limitada que era la nobleza. De esta manera, la aparición del liberalismo significa una revolución, un cambio radical, al abolir los privilegios de la nobleza y el derecho de la monarquía a transmitir el poder por herencia. El advenimiento del liberalismo político introduce en el gobierno la división de poderes, es decir Ejecutivo, Legislativo y Judicial, el sufragio universal, aunque en los primeros tiempos posteriores a la Revolución Francesa se aplicó el sufragio censitario o limitado, la libertad de elegir y ser elegido en función de gobierno; la libertad de expresarse y de obrar como se quiera con el único límite impuesto por la libertad de los otros.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas