Políticas

Mensaje político debe ganarse, no comprarse

La decisión de la red social Twitter de prohibir la difusión de publicidad política en su plataforma generó respuestas partidistas en Estados Unidos, donde los demócratas elogiaron la medida y los republicanos la criticaron.

El presidente ejecutivo de la compañía, Jack Dorsey, anunció el 30 de octubre en una serie de tuits que el venidero 15 de noviembre dará a conocer sus reglas finales sobre este tema, las cuales entrarán en vigor el 22 de ese mes.

‘Hemos tomado la decisión de detener toda la publicidad política en Twitter a nivel mundial. Un mensaje político gana alcance cuando las personas deciden seguir una cuenta o retuitear. Pagar por el alcance elimina esa decisión, forzando mensajes políticos altamente optimizados y dirigidos a las personas’, escribió Dorsey.

Creemos que esta decisión no debe verse comprometida por el dinero, apuntó el ejecutivo, quien sostuvo que la postura de Twitter en lo adelante será que ‘el alcance del mensaje político debe ganarse, no comprarse’.

Tal determinación se dio a conocer cuando muchas voces alertan sobre el nivel de información falsa o engañosa en las redes sociales, y cuando Facebook, una plataforma que promueve un volumen mucho mayor de publicidad digital, está envuelta en una gran polémica sobre sus propias reglas con relación a los anuncios políticos.

La controversia comenzó después de que esa red social rechazó eliminar un anuncio de la campaña de reelección del presidente Donald Trump dirigido a atacar al ex vicemandatario y candidato demócrata a la Casa Blanca Joe Biden, sobre el cual varias figuras notaron que contenía acusaciones infundadas.

El material difundido por el equipo del mandatario republicano afirmó que Biden ‘prometió a Ucrania mil millones de dólares si despedía al fiscal que investigaba la compañía de su hijo’, una afirmación desmentida por dos socios de verificación de hechos de Facebook, pero que a pesar de eso se mantuvo en la plataforma.

Como respuesta, esa empresa indicó que los anuncios de los políticos no eran elegibles para la revisión por parte de terceros, lo cual generó críticas contra la red social ya envuelta en diversos cuestionamientos por sus prácticas publicitarias y de privacidad.

A raíz de eso, la senadora y también aspirante demócrata a la Casa Blanca Elizabeth Warren dijo que Facebook es una ‘máquina de desinformación con fines de lucro’, y cientos de empleados de la compañía le enviaron una carta a su fundador, Mark Zuckerberg, para pedirle que reconsidere cómo la red social trata los anuncios políticos.

Dados esos antecedentes, no fue de extrañar que muchas figuras de la fuerza azul se apresuraran a celebrar la decisión de Twitter y algunas, incluso, volvieran a arremeter contra Facebook por su negativa a dar un paso similar.

El alcalde de South Bend, Indiana, Pete Buttigieg, otro de los demócratas que aspira a la presidencia del país, calificó la medida de Twitter como ‘un paso audaz’ que refleja un ‘sentido de responsabilidad’.

‘Creo que otras plataformas en línea harían bien en aceptar su responsabilidad por la verdad o cuestionar si deberían estar en el negocio’, añadió en declaraciones a reporteros en Peterborough, New Hampshire.

Esta es una buena determinación. La tecnología, y especialmente las redes sociales, tienen una poderosa responsabilidad de preservar la integridad de nuestras elecciones. No permitir la desinformación pagada es una de las decisiones éticas más básicas que una empresa puede tomar, señaló al respecto la congresista Alexandria Ocasio-Cortez.

‘Apreciamos que Twitter reconozca que no deben permitir que aparezcan calumnias desmentidas, como las de la campaña de Trump, en anuncios en su plataforma’, dijo el portavoz del equipo electoral de Biden, Bill Russo, en un comunicado.

Si bien el vocero consideró desafortunado que la única opción disponible para enfrentar ese problema sea el retiro total de la publicidad política, sostuvo que ‘cuando se trata de elegir entre dólares publicitarios y la integridad de nuestra democracia, es alentador que, por una vez, los ingresos no ganaron’.

El gobernador de Montana, Steve Bullock, otro aspirante a la Casa Blanca, sugirió que Facebook debería seguir el ejemplo de Twitter, algo que también manifestó la excandidata presidencial demócrata Hillary Clinton.

Del lado contrario, el gerente de campaña de Trump, Brad Parscale, criticó a Twitter por alejarse ‘de cientos de millones de dólares de ingresos potenciales, una decisión muy tonta para sus accionistas’.

Parscale acusó a la empresa tecnológica de un nuevo intento de ‘silenciar a los conservadores, ya que Twitter sabe que el presidente Trump tiene el programa en línea más sofisticado jamás conocido’.

Con esa afirmación, se hizo eco de los reclamos hechos otras veces por el propio mandatario y otras figuras republicanas que acusan a las plataformas tecnológicas de parcialización en su contra, aun cuando hacen un uso extenso de esos medios.

Matt Shupe, un estratega de la fuerza roja, tildó el anuncio de Twitter de ‘increíblemente tonto’, al manifestar que no hay razón para eliminar toda la publicidad política solo para detener ‘el número relativamente pequeño de anuncios falsos o engañosos’.

Además de estas reacciones partidistas, grupos de derechos civiles y analistas apuntaron que la medida no va lo suficientemente lejos, porque restringir los anuncios en realidad podría hacer poco para frenar la propagación de información errónea.

Los anuncios pagados son solo una pequeña parte de un problema insidioso: el discurso de odio, el racismo, la supremacía blanca y el contenido que incita a la violencia siguen siendo generalizados en línea, y especialmente en Twitter, expresó Jessica González, cofundadora de Change the Terms, una coalición de organizaciones de derechos civiles, políticas tecnológicas y protección al consumidor.

Para la activista, prohibir toda publicidad política ayuda a evitar que el odio pagado por los políticos y la desinformación se propaguen en Twitter, pero ignora el ánimo racial en el centro del problema, el cual debe abordarse teniendo en cuenta los derechos civiles para tener un impacto duradero.

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