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El papa Francisco pidió acoger el clamor de los pobres en búsqueda de ayuda, al tiempo de evitar que la avaricia de unos pocos aumente la pobreza de muchos.

En la homilía de la misa con motivo de la III Jornada Mundial de los Pobres, el sumo pontífice tomó como referencia un pasaje bíblico para exaltar el valor de lo que cuenta y no pasará nunca como Dios y hombre, por encima de lo perecedero, y se refirió al alerta de Jesucristo sobre dos tentaciones: la premura y el egoísmo.

En el afán por correr, conquistar todo y rápido, molesta quien se queda rezagado y es calificado como un desperdicio, indicó Francisco, quien lamentó cuantos ancianos, niños no nacidos, personas discapacitadas y pobres son considerados inútiles.

En ese sentido dijo que se va de prisa sin preocuparse de que las distancias aumentan y que la avaricia de pocos acrecienta la pobreza de muchos.

Respecto a lo que llamó «la tentación del yo», el Papa advirtió la veces en que incluso haciendo el bien prevalece la hipocresía del yo al pensar que «hago el bien para ser considerado bravo; dono, pero para recibir algo a cambio; ayudo, pero para ganarme la amistad de aquella persona importante».

Los pobres -precisó- son valiosos a los ojos de Dios porque no hablan el idioma del yo, no se mantienen solos, con sus propias fuerzas, necesitan de quien les tienda una mano y expresó que en lugar de sentir molestia cuando los sentimos tocar a la puerta, «podemos acoger su clamor de ayuda como una llamada a salir de nuestro yo».

El papa Francisco creó la Jornada Mundial de los Pobres en junio de 2017 tras concluir el Jubileo de la Misericordia «para que las comunidades cristianas en todo el mundo se conviertan cada vez más en una señal concreta de la caridad de Cristo para los más necesitados».

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